sábado, marzo 04, 2006

Plagio, otra vez.

En relación con el proceso por plagio contra Dan Brown y su Código Da Vinci, escribía ayer don Manuel Rodríguez este interesante comentario en ABC:

Literatura y saqueo.

El plagio, en el sentido más amplio y coloquial del término, está en la base de la literatura desde sus mismos orígenes. Apropiarse de la idea ajena y, más radicalmente, de la expresión que utilizaron otros para hacerla pública ha sido y es práctica habitual en nuestra tradición cultural, donde todo -temas, argumentos, motivos, personajes y textos- se acaba reciclando. Y especialmente en nuestros días, cuando la instantaneidad de la información hace muy difícil discernir qué es robo y qué, simplemente, resultado de cortar y pegar creativamente cosas que flotan en el aire de nuestro globalizado Zeitgeist.


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Volvemos al movedizo terreno de la originalidad en el arte en un caso totalmente descabellado ¿proteger una idea y no su expresión? La interpretación del señor Rodríguez parece certera, lo que se pretende es aumentar más las ventas de los dos libros –sobre todo del presuntamente plagiado- y promocionar la película (¿necesitaba más promoción?) Hay apetitos insaciables.

Más interesante, sin salir del mismo terreno, es una suerte de novela-experimento publicada por la editorial Caballo de Troya: El año que tampoco hicimos la revolución escrita por el Colectivo Todoazen. Se trata de una novela económica de misterio que parte, en
palabras de sus autores, de esta interesante premisa: ¿Cómo puede ser que en una sociedad como la española (aun cuando el libro atiende a factores globales) en la que durante el período temporal que abarca la novela – Mayo 2004-Mayo 2005- los beneficios empresariales llegaron al 25% mientras que el incremento de los salarios sólo alcanzó un rácano 3 %, no se haya producido ninguna convulsión social significativa?

Para el desarrollo cose noticias de la sección de economía de los diarios El País, El Mundo y La Vanguardia de tal manera que la novela ya estaba escrita, también hay materiales propios que los autores llaman escolios, pero la parte del león se la llevan las noticias ya publicadas. Es un caso evidente de plagio, en el sentido más ampio y coloquial, con el que los de Todoazen fijan nuestra atención en una de las formas menos obvias de narración de nuestro tiempo: la narración que vehicula la prensa. Un tema muy interesante.

El primer comentario se lo leí, curiosamente, a Manuel Rivero en el ABCD las artes y las letras que decía de ella:
Acabo de leer una «novela» (pongámoslo entre comillas) a contracorriente. No me atrevo a decir que me ha gustado, no es esa la palabra, pero sí que sigue un camino poco transitado entre nosotros desde hace mucho tiempo. Se trata de El año que tampoco hicimos la revolución. Su autor es el Colectivo Todoazen, y la ha publicado Caballo de Troya, la pequeña editorial de Random House que dirige Constantino Bértolo. El «texto» en el que aprecio ecos o reminiscencias de John Dos Passos (Manhattan Transfer), Karl Krauss y de los pseudónimos multiusos Luther Blisset o Wu Ming está formado por la yuxtaposición de capítulos (uno por mes entre mayo de 2004 y mayo de 2005) en los que se transcriben («la novela ya estaba hecha», dicen sus autores) noticias económicas o sociales extraídas de la Prensa, con otros (titulados «escolios») en los que aparecen textos que contrapuntean y confieren sentido a los anteriores. Una «novela» política de nuevo tipo, que su editor recomienda en la contraportada al señor Rodríguez Zapatero. No es un libro entretenido, sino a menudo cabreante y escasamente complaciente. Ésa es su fuerza. Y su novedad.


Si buscamos más comentarios será necesario acudir a los interesantes e interesados medios alternativos de comunicación como La dinamo, Nodo50 o Rebelión.

Un proyecto interesante que nos habla de la patente de narrador que se han atribuido los poderes políticos y económicos. Asumiendo reglas de la ficción construyen la realidad (la van construyendo) a su medida, un claro ejemplo es la probable crisis energética futura que esta llevando a las más importantes empresas a apostar, de nuevo, por la energía nuclear. Siendo malpensados (¿o críticos?) podríamos sospechar que la corrección a la baja del número de víctimas y afectados por la catástrofe de Chernobil, que hace unos meses recogió la
prensa, tiene fines espurios pero… mejor no pensar en ello a cada rato. Esta capacidad e manipulación se fundamenta en el síndrome de Quijano de toda ficción porque, sin duda, la mayor parte de las noticias son, hoy en día tratadas como ficción y con menos honradez que la de Chejov, Chesterton y Aub en los ejemplos que dejé aquí.

2 comentarios:

Constantino Bértolo dixo...

Me gustaría leer textos a de R O.

Sergio B. Landrove dixo...

Pues dada la falta de corpoeidad de R.O. deberá ponerse en contacto con mi heterónimo a través de mi mismo: blandrove@yahoo.es.

Gracias por su lectura y su interés que me llena de alegría.