mércores, setembro 07, 2005

The god of the labyrinth de Herbert Quain.

ARCHIVOS DE LA O.P.A.
Catálogo del vacío perfecto (II)

THE GOD OF THE LABYRINTH de Herbert Quain.La primera noticia que tenemos de esta novela nos llega de la mano de Jorge Luis Borges, autor que me temo será citado asiduamente en estas notas. En su libro El jardín de senderos que se bifurcan (1941) que luego incorporó al ya mencionado Ficciones (1944) aparece un relato titulado EXAMEN DE LA OBRA DE HERBERT QUAIN.

The god of the labyrinth (1933), del que desconocemos si hay traducción al castellano, fue el primer libro publicado por Quain. El narrador del cuento de Borges nos confiesa que le «es imposible recuperar los pormenores de la acción; he aquí su plan; tal como ahora lo empobrece (tal como ahora lo purifica) mi olvido. Hay un indescifrable asesinato en las páginas iniciales, una lenta discusión en las intermedias, una solución en las últimas. Ya aclarado el enigma, hay un párrafo largo e introspectivo que contiene esta frase: “Todos creyeron que el encuentro de los jugadores de ajedrez había sido casual” ». Nada más sabemos por Borges.
Años después recibimos nuevas del intrigante relato policial en la novela O ano da morte de Ricardo Reis (1984) de José Saramago; en ella Ricardo Reis regresa a Portugal tras la muerte del poeta Fernando Pessoa. Reis es uno de los heterónimos que sobrevive a su autor si podemos hacer caso a Saramago. De la biblioteca del trasatlántico en el que hace el viaje desde América toma (y no devuelve) un ejemplar del mencionado libro de Quain atraído por su título para saber «qué dios, qué laberinto» pero descubre «una simple novela policíaca, una vulgar historia de asesinato e investigación, el criminal, la víctima (…) el detective… » Saramago nos regala el párrafo inicial de la novela que, junto a la frase antes citada, es lo único que conservamos de la interesante obra de Herbert Quain. La novela comienza así:

«El cuerpo que fue encontrado por el primer jugador de ajedrez, ocupaba, con los brazos abiertos las casillas de los peones del rey y de la reina y las dos siguientes en dirección al adversario, a mano izquierda una casilla blanca a mano derecha una casilla negra… »

El juego de espejos entre Saramago y Borges es muy sugerente: ¿Se trata de un cadáver diminuto, quizá el de una pieza de ajedrez o de un tablero enorme? Por lo poco que sabemos de Quain cualquiera de las dos hipótesis es posible pero sólo el azar quizá nos permita seguir leyendo.

Quién no es quién

QUAIN, HERBERT (¿? ─Roscommon, 1941) Escritor irlandés que según su propia confesión no pertenecía al arte sino a la historia del arte. Es autor de las novelas The god of the labyrinth (1933) y April March (1936) y de la comedia heroica The secret mirror. Probablemente su mejor obra sea la colección de argumentos Statements (1939) de la que, de acuerdo con muy reputadas opiniones, Borges plagió su relato LAS RUINAS CIRCULARES.

2 comentarios:

Anónimo dixo...

Sos un genio! Espectacular lo que escribiste. Borges estaría muy divertido, creo.
un beso
Laura

Anónimo dixo...

Gracias por la crítica desmesurada, mo es más que un artículo sobre la referencia a Herbert Quain que hace Saramago en su novela.

Un abrazo y muchas gracias por leerme.

Sergio Landrove.