Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
luns, marzo 31, 2014
Jacinto Batalla y Valbellido, un autor de referencia
Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
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sábado, outubro 20, 2007
Las tres vidas de Horace Beemaster ( y IV). BIBLIOGRAFÍA BÁSICA.
Los archivos de la O.P.A.
Quién no es quién (VI).
Beemaster, Horace Zebulon.
1. OBRA:
The sailing book,
Los diarios de Reginald Dickinson,
Bighead,
El calderero,
La furia del alba,
Los árboles ahogados,
El camino de un sueño y
El mendigo de horas.
2. BIBLIOGRAFÍA:
2.1. INVISIBLE*:
Recovery of Horace Beemaster, de David Fowler.
Novelistic of America, de Bob Norman.
2.2. VISIBLE:
El crítico como enemigo (Reivindicación de Horace Beemaster), de Sabino Ordás en Pueblo literario 12 de agosto de 1978. [También en Las cenizas del Fénix, de Sabino Ordás. J.P. Aparicio; L. Mateo y J.M. Merino. Calambur, 2002]
La confesión, de Juan Pedro Aparicio [Relato incluido en Palabras en la nieve (Un filandón) .Rey Lear, 2007 antes publicado en el número 130 de la revista Lateral]
* ¿Qué es un libro invisible? La respuesta aquí en C18: La biblioteca de Babel.
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Las tres vidas de Horace Beemaster (III).
Quién no es quién (VI).
3.Última noticia de Horace Beemaster.
Juan Pedro Aparicio, discípulo de Sabino Ordás del que sin duda le viene la devoción por la obra de Beemaster, cuenta que en una primera edición, casi sin usar, de El mendigo de horas que compró por la internet en una librería de viejo de Minneapolis encontró una nota manuscrita del propio Horace Beemaster que venía entre las paginas 132 y 133 en la que se puede leer:
A quien pueda concernir:
PD. : Anthony Whilam murió de una cirrosis hepática el 27 de febrero de 1829 a la edad de cuarenta y cuatro años. *
Quizá sólo sea un cebo que Bob Norman dejó para que después de su muerte otro estudioso, quizá el escritor leonés, continuase desprestigiando a Beemaster. O una trampa que Beemaster dejó sabedor de que Norman iba a hacer, tras su muerte, todo lo posible para acabar con su reputación. Pero si se confirma la autoría de la nota y la realidad de los hechos que HB, si es que él es el autor, afirma en ella. ¿Deberán revisar de nuevo los críticos su obra? ¿Será necesario un nuevo Kubackewski que indague sobre Anthony Whilam? ¿Quién era Whilam? De decir verdad el manuscrito, sin duda alguna el más extraordinario cuentacuentos y el fundador de la novela moderna, nada menos.
*Traducción del propio Juan Pedro Aparicio en su cuento La confesión, incluido en Palabras en la nieve (Un filandón). Rey Lear, 2007. Antes publicado en el número 130 de la revista Lateral
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Las tres vidas de Horace Beemaster (II).
Los archivos de la O.P.A.
Quién no es quién (VI).
2. Thomas Kubackewski y David Fowler: la recuperación de la memoria.
Tendría que ser un funcionario centroeuropeo apasionado por la obra de Beemaster el que diese el primer paso para arrojar algo de luz sobre el asunto. Desde Baviera, Thomas Kubackewski, un lector empedernido seguidor de las novelas de Beemaster, empezó a encontrar demasiadas contradicciones en las referencias, prólogos y artículos que Bob Norman dedicaba a H. Beemaster. No sin cierta ingenuidad receló que una persona tan despiadada como la que describía Norman pudiera ser autor de una obra tan sublime. E invirtió sus escasos ahorros en mantener correspondencia con todo aquél que hubiera tenido contacto en vida con el maestro de Wisconsin. Una persona le conducía a otra, pues cuando alguien le daba un nombre nuevo inmediatamente le escribía pidiéndole ayuda. Pronto fue la primera autoridad viviente en la vida de HB. Él fue el primero en acusar públicamente a Bob Norman (…) de mentiroso y falsario y a él se debe la reposición de la verdad, según cuenta Fowlder en el Prólogo de su Recovery of Horace Beemaster (1978).
Sembrada la duda por Kubackewski y muerto Norman el resto de los estudiosos se sintieron con fuerza para luchar contra el criterio de autoridad del albacea de HB. Las investigaciones más superficiales revelaban datos que ponían en entredicho las afirmaciones de exégeta oficial. Así aparecieron aquellos escritos en los que Norman decía, refiriéndose a HB:
es un caballero maduro y tranquilo, vestido con sencillez y humildad
descrpición diametralmente opuesta a la que decidió difundir tras su sonado enfado.
Poco a poco, la crítica mundial lo reincorporó al canon. Precisamente en ese momento Gabriel Ponte escribe que el monólogo interior del cazador Altenfender es la pieza más inquietante de la literatura universal y, como escribí antes, Booth, Harris, Eco y Bloom, siguiendo a Ponte, devolvieron a Beemaster el prestigio que Norman le había robado. Aparecen las primeras biografías en que se muestra a Beemaster como un escritor insuperable, un novelista endeudado e insatisfecho, un marido repudiado y bebedor y padre amatísimo y desgraciado. Una víctima más que un verdugo de una vida nada fácil.
En 1978, como colofón de todos estos trabajos, David Fowler publica Recovery of Horace Beemaster que compila todo el material conocido sobre el novelista americano. En este ensayo parte de la mentira construida por Norman para, después de elogiar el apasionado trabajo de Kubackewski para saber la verdad del maestro de Wisconsin, fijar los datos ciertos sobre el genial autor de Los árboles ahogados.
En España la defensa de la obra de Beemaster ha corrido esencialmente a cargo de don Sabino Ordás, amigo personal de Fowler desde que coincidieran en Utah. El maestro de Ardón no pierde ocasión de destacar que la escritura de Beemaster es clara precursora de la de Joyce y se queja de la enorme injusticia de que las obras del americano aún no estén traducidas al castellano.
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Las tres vidas de Horace Beemaster (I).
Quién no es quién (VI).
Beemaster, Horace Zebulon.
(Wisconsin, EUA - Ontario, Canadá)
Hoy la crítica es unánime a la hora de valorar la narrativa de Horace Zebulon Beemaster, el más grande de los escritores americanos del XIX de acuerdo con la opinión del polémico y mediático Harold Bloom, pero no siempre ha sido así y puede que las cosas de nuevo estén a punto de cambiar.
De él se ha dicho que es el escritor más completo de todos los tiempos (Sabino Ordás); la mente más lúcida del siglo (Marvin Harris); un profeta en los usos del silencio ( Wayne C. Booth) o un maestro en la estela del Dante, Cervantes, Shakespeare y Goethe (Umberto Eco) pero para que Beemaster volviese al canon fue necesario el trabajo de Thomas Kubackewski, un funcionario de correos bávaro apasionado lector de Bighead y Los diarios de Reginald Dickinson. Quizá sea mejor contar esta historia desde el principio.
1. Bob Norman versus Horace Beemaster.
Durante décadas la vida y la obra del gran novelista Horace Beemaster estuvieron en manos de Robert (Bob) Norman. Norman (1817-¿?), uno de los más relevantes críticos literarios estadounidenses de la primera mitad del XIX, se dio a conocer tras publicar sendas antologías de novelistas, poetas, escritores sociales y newest poetas of America. En la primera de estas antologías incluyó, como no podía ser de otro modo, a Beemaster lo que hizo que el novelista invitara a su casa al crítico. Durante aquella cita se fraguó su primera amistad. Sus relaciones se complicaron tras abandonar Beemaster por culpa de sus problemas con el alcohol la dirección del Green´s Magazine en la que le sustituyó Norman. La injusta desproporción entre sus sueldos (1100 dólares para el director entrante frente a los 750 del saliente) hizo que el novelista estuviese durante un tiempo distante con su amigo pero, según revela Fowler en Recovery of Horace Beemaster (1978), aquel trato desdeñoso descubrió en Norman una inconmensurable pasión y su odio hacia Beemaster duró lo que duró ya su vida que no se extinguió mucho más tarde que la de éste* Así el crítico llega a decir en el obituario que redactó para New York Times:
El escritor era muy conocido en este país y en Canadá, donde vivía; tenía lectores en Inglaterra y en varias naciones del continente europeo; pero tenía, si los tenía, muy pocos amigos (…) irascible, envidioso, escondía sus horribles pasiones bajo una capa de frío refinamiento, que tomaba la forma del más repelente de los cinismos
Lo curioso es que Beemaster, autodestructivo en vida, quiso seguir siéndolo más allá de la muerte y encomendó en exclusiva a Norman en su testamento recoger, compilar, editar y, en su caso, comentar su obra. El odio de Norman también sobrepasó la muerte de su otrora amigo. Dedicó el resto de su vida a desprestigiarle llegando, como demuestra Fowler en su libro, a falsear la correspondencia entre ambos y a inventarse datos apócrifos que, poco a poco, fue incluyendo en su biografía: la expulsión de Beemaster de la Universidad de Utah, el carácter plagiario de Los diarios de Reginald Dickinson o una homosexualidad nunca aceptada que le llevaron a ser violento con su esposa e hijos. No pudo hurtar el valor de sus novelas pero sí creó una máscara tras la que escondió a sus seguidores de la verdadera personalidad de Horace Beemaster.
*Traducción de Sabino Ordás
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venres, xaneiro 12, 2007
O misterio da estrada de Sintra, una novela al director.
LA PRÁCTICA DE LA IMPOSTURA.
El 23 de julio de 1870 el Diario de noticias de Lisboa publicaba una nota bajo el título Última hora con el siguiente texto:
A punto de cerrar nuestra edición, hemos recibido un escrito singular. Se trata de una carta sin firma enviada por correo a nuestra redacción. En ella se inicia una narración estupenda acerca de un horrible y misterioso suceso. El interés que despierta y su calidad literaria nos determinan a transcribir íntegro tan interesante documento, cosa que haremos mañana domingo*.
Se presentaba así un experimento literario urdido por José María Eça de Queiroz y José Duarte Ramalho Ortigão que tendría en vilo a los lisboetas durante varios meses. Los escritores decidieron hacer pasar por acaecido un crimen de su invención publicándolo en un periódico. El medio de difusión (la forma como en el caso del astrónomo turco de Le petit prince**) aportaba la credibilidad necesaria para que la historia, al más puro estilo folletinesco, adquiriese realidad a pesar de ser totalmente inverosímil. Un médico (que firma doctor X.), que es el primero en mandar la carta al director del Diario, narra como, volviendo con un amigo a Lisboa por la carretera de Sintra, les secuestran unos enmascarados que les llevan a una extraña mansión en la que les enseñan el cadáver de un hombre. Al rato aparece otro individuo –identificado por sus iniciales: A.M.C.- que se confiesa autor del crimen aunque no sabe aclarar determinados datos evidentes para los “descubridores” del cadáver. La narración se va completando con cartas de otros testigos de la misteriosa historia.

Fragmento de la primera entrega de O misterio da estrada... (Fuente de la imagen)
La trama difundida en el periódico cobra rápida fama en Portugal y además de las cartas de Eça y Ramalho, muchos lectores envían sus testimonios respondiendo a las incitaciones de los autores. Así una de las cartas del doctor X concluye diciendo:
P.S. Un detalle que puede dar alguna pista sobre la calle y el emplazamiento de esta casa: alrededor de medianoche oí pasar a dos personas, una iba tocando la guitarra y otra cantando un fado que decía:
“He escrito carta a Cupido
y en ella le preguntaba
si a un corazón ofendido…”
Del final no me acuerdo. Si alguna de esas dos personas llega a leer esta carta y pudiera acordarse de la calle por donde pasaban y de la fachada delante de la cual cantaron esta copla, creo que supondría una colaboración muy valiosa*.
Y más adelante se incorpora una (apócrifa) Nota del Diario de noticias que dice:
En el original de la carta que publicábamos ayer había unas cuantas palabras escritas a lápiz en la que no nos fijamos hasta después de hecha la tirada del periódico. Dicen así: “La fotografía del enmascarado (NOTA DE SBL: de ella se habla en la trama de la novela al director) está hecha en casa de Enrique Núñez, en la calle de las llagas, Lisboa. Quizá allí puedan dar algún informe del individuo retratado”
En el prólogo de la edición de Nostromo en 1974 dice Carmen Martín Gaite que mucha gente tardó en darse cuenta –y algunos no se la llegaron a dar- de que se trataba de una novela, hasta el punto de que, junto a las cartas apócrifas que se iban publicando y que componen la trama de la narración, se recibieron también otras, de personas de carne y hueso obsesionadas por la lectura, como la de un tal João Viegas Ferraz, quien declaraba haber visto parado cerca de Cacém un coche de caballos que bien pudiera ser el de los enmascarados que asaltaron al doctor X, y haber encontrado tirado en el suelo un objeto de oro que describía por si acaso pudiera pertenecer a alguno de los personajes envueltos en aquel misterio. También hubo gente que, recelosa de posibles emboscadas, dejó de ir a Sintra por aquellas fechas; y se corrió la voz de que el gobernador civil de Lisboa había llegado a enviar al Ayuntamiento de Sintra una orden para que se procediera a las averiguaciones policíacas (…)
El increíble poder de la prensa llevado hasta sus últimas consecuencias: al no señalar expresamente que el relato era ficción pasa por real amparado en que los diarios siempre narran verdades (nadie cree esto pero todos lo aceptamos todos los días) y, los autores, quizá sorprendidos por la repercusión de su experimento, introducen un personaje, que firma con la letra Z. y se dice amigo de A. M. C., que adopta la postura del que duda sobre el acaecimiento de los hechos y en sus argumentaciones introduce elementos para descubrir lo ficticio de la trama:
He venido siguiendo, como todo el mundo en Lisboa, las cartas insertas en su periódico y en las que ese doctor anónimo relata ese caso que ustedes han tenido a bien titular El misterio de la carretera de Sintra. Me sentí interesado en sus vicisitudes y seguí el relato con la curiosidad despreocupada que suele prestarse a un canard amañado con ingenio, a una novela (…) con que la vena fantasiosa de los folletinistas franceses y americanos vienen de cuando en cuando a reclamar la atención europea presentándoles un tema sensacional. La narración de su periódico tenía para mí la original ventaja sobre otras del mismo tipo que he leído de que ocurrieran los sucesos simultáneamente con la lectura, de que los personajes fueran anónimos y de mantener el meollo sustancial del enredo tan secretamente encubierto que ningún lector podría ser capaz de aducir pruebas contra la veracidad de este caso portentosamente novelesco que el autor ha tenido a bien lanzar en medio de la rutina y la prosa de esta sociedad sosa y honesta en que vivimos*.
Z. (conviene recordar que es un personaje de los autores) se toma desde un principio todo como una novela pero la aparición en escena de A.M.C. cuyas iniciales, ocupación y descripción coinciden con las de un amigo suyo le llevan a replantearse su postura y ver el caso como asunto acaecido. Eça y Ramalho desvelando, en parte, la técnica y los trucos usados, dotan de mayor credibilidad aún al todo. Luego continúa Z. que se ve asaetado por la triste obligación de prestar crédito –sea total o parcial- al relato de su periódico; el cebo de verosimilitud está perfectamente trabado.
La trama continúa con las cartas de otros implicados y, en otra carta posterior de Z., los autores de nuevo lanzan pistas envenenadas sobre la ficción de todo:
(…) Ya le advertí, señor director, en mi primera carta que (…) estaba decidido a desentrañar la tenebrosa historia que hace más de una semana viene apareciendo en su periódico. (…) Pero no he sido capaz de lograr mi propósito: pesquisas, interrogatorios, visitas a los sitios, todo ha resultado inútil. La historia se desvanece cada día más, perdiéndose entre una niebla que la enmascara (…) Vista la imposibilidad de descubrir mediante datos reales y por esas calles de Dios la última verdad de este caso, se me ocurrió venir a indagarla dentro de las propias cartas del médico.
Y finalmente concluye:
El misterio de la carretera de Sintra es una invención. No una mera invención literaria, como había supuesto en un principio, no; una patraña criminal que alberga designios concretos.
Z. piensa que todo son ardides, maquinaciones y pistas falsas lanzadas por el doctor X. y los demás asesinos para ocultar su crimen desviando la atención hacia otros. Z. descubre que se puede emplear un periódico para difundir una ficción y hacerla pasar por algo acaecido, es decir lo que hacen Eça y Ramalho con su novela. Como manda la tradición falsaria los autores no dejaron de afirmar la falsedad de la trama, más o menos directamente.
Es una novela al director pues a el del Diario de noticias se dirigen los diferentes capítulos y aprovecha el valor que damos a lo impreso en los periódicos para jugar con lo real (lo acaecido y lo ficticio) de una manera que no se puede hacer en una novela ordinaria. Los propios lectores viven en el “mundo ficticio” que los autores van creando carta a carta en El misterio de la carretera... Se podrían buscar ejemplos semejantes en determinadas “tramas” con las que ocupan nuestra atención los medios de comunicación pero la técnica, en su esencia, es la misma que la ensayada por los dos escritores portugueses en 1870.
NOTAS:
*Traducción de Carmen Martín Gaite. El misterio de la carretera de Sintra. (Editorial Nostromo, 1974)
**Ver aquí, en C-18, la anotación titulada La credibilidad de lo inverosímil (II).
Hay una edición reciente de la misma traducción de la novela de Editorial Acantilado.
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sábado, decembro 30, 2006
Rebusco electrónico.The yes men, la película.
Hace tiempo escribí aquí sobre The yes men. Estos días Rebelión nos acerca al documental (con subtítulos en castellano) sobre su interesante obra.
Para acceder al vídeo pulse aquí.
Más en C-18: The Yes Men I , II y III.
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sábado, outubro 21, 2006
Parnasillo provincial de poetas apócrifos. Algunos poetas apócrifos ( II )
Se presenta el tomo como una antología de escritores provincianos (de la provincia de León) y en el mismo, con el distanciamiento propio de la sátira y como dice don Fulgencio Fernández en el prólogo a la edición facsimilar que en 2000 editó el diario EL MUNDO / LA CRÓNICA DE LEÓN, se hace el retrato de una época, la crítica a un sistema, (se refleja) el descontento con un clima… La época es amplia pues los más veteranos autores nacieron en 1898* y el más joven en 1946, pero les une el escribir poesía durante el Franquismo y con sus biografías e intereses se pinta un fresco, no sabría decir si esperpéntico o real, de la vida durante la dictadura española.
El tono del conjunto parece darlo el Prólogo-exordio del, también apócrifo, don Antimio Rabanal Regalado que es un canto y defensa de la literatura popular (en un sentido próximo al que defiende Agustín García Calvo) frente a los renovadores de la lírica que, siempre siguiendo al señor Rabanal Regalado, se convirtieron en espantadores (de la lírica), tañeron los cencerros de oropel como para que el vecindario se disolviese, fundaron un cenobio y entre oficiantes acólitos se quedaron en su modorra de mutuas admiraciones (…) Y en esta circunstancia (…) como con voluntad de restituir a tantos consecuentes evadidos, al personal que tomó las de villadiego porque los predios poéticos le olían a incienso y mustia cadaverina, llegan, menos dogmáticos de lo que y quisiera pero acentuados por el decoro de una labor maldita y marginada hasta las heces, estos poetas, o poetastros del Parnasillo Provincial (…). Todo lo que de Manifiesto tiene el exordio queda atenuado, de nuevo por medio de la sátira, por el Epílogo didascálico, de don Solutor García de Polvazares que frente a la manía de dar a luz apócrifos repelendos opone una breve recapitulación sobre que se pensó acerca de las cosas bellas, y que vean de cuan poco valor a esa luz aparecen sus mamarrachadas. El epílogo es una enumeración de definiciones de la poesía, desde Sócrates a Campoamor, hilvanadas por la prosa artificial y pimpolluda de don Solutor.
Como muestras del libro, algunos botones excepcionales. La defensa de lo popular está especialmente presente en la invocación a Machado, a través de Froilán Meneses Burón* y también en un romance en el que se cuenta una historia amorosa y de casualidades, quizá real, propia de este género de literatura de cordel.
En la lista de autores del índice destaca, precisamente por su nombre, BAR ASTORGA. W. C. CABALLEROS, la biografía que lo acompaña reza así:
Algunos versificadores anónimos tienen desperdigada su obra en la secreta interioridad de determinadas paredes, como buscando lectores cómplices, indiscriminados, ocasionales, que conecten con esta lírica denostada y tantas veces irreverente en los íntimos momentos de excusado, formalmente poco aptos para acceder a las artes o a las ciencias del espíritu. El tono filosofal, el consejo o el canto meramente indecoroso, con acompañamiento de grafismos fálicos, y la publicidad clínica para el alivio de purgaciones, blenorragias, sífilis u operaciones de fimosis, suelen formar parte de tales paredes un corpus poco edificante, de gracia venérea. A tal marasmo pertenecen las siguientes composiciones, de lo más decoroso dentro de la casi siempre infame “lírica de retrete” de tan amplia tradición en nuestro solar.
Tampoco han faltado los que busquen relaciones de los apócrifos con poetas acaecidos. Hay una llamada bastante evidente, al menos para los residentes en la provincia de León, en el autor VICTORINO CREMA (1898-1975) y, señala el prologuista del facsímil, muchos han visto un trasunto del poeta catalán Pere Gimferer en el más joven (y menos popular) de los apócrifos, DESIDERIO CARRETERO OSORIO (1946)
Por su juego con lo popular me gusta especialmente la obra de EDELMIRO CAPITOL (1923) (…) Natural de Madrid. (…) Reivindica, frente al Madrid centralista, el Madrid de Lavapiés. Para él lo castizo tiene muchas variantes, como inmediatamente se verá. De León asevera que “es de provincias”.
Su poema, que huele a tango y parece tener como única fuente de jerga madrileña a Luces de bohemia, es el siguiente:
MANOLA DE VALLECAS
Manola de Vallecas dio cate a un pibe curda
y el panoli bocón no guipó al guindi gris.
Naturaca el chalao recibió su mancuerna:
cien pápiros verdosos tuvo que remitir.
Manola de Vallecas cogió al chulo de pipi
y sabrosas beatas se embolsó. estaba a pré.
Despintada y pingona, visitada del nuncio,
ojerosa y pringosa, pero mucha mujer.
Por un casual la vio el cicuta vinagre
y la dijo: amos, anda, pareces Mandelón.
Se creía el viejales que era suave la puri,
si te doy un tetazo te mando a Nueva Yor.
El golferas huyó como alma que lleva
y Manola hizo un guiño a Fofito Solís.
Del brazo se lo endilga por la vieja calleja
mientras un petrimete se para y hace pis.
Bien diferente es GABINO GUTIÉRREZ PERANDONES (1924) que con el nombre artístico de “Guti” interpretaba hacia los años sesenta canciones ajadas en París (tabernillas, estaciones de Metro, una vez en una terraza). (…) Se transcriben estas canciones de sus años peripatéticos, cabeceras de un “single" ya imposible. Yo les copio una:
USTED.
Usted,
usted es un poeta doctrinal,
tribal, social.
Usted, oh gran sectario,
sicario, corsario.
Mas yo,
yo soy el vate lácteo y virginal,
ninfal, laudal.
Yo soy protocolario,
vicario, larvario.
Usted,
usted es un bribón,
coplón, rimón.
Usted es moscovita,
chinita, cubita.
Mas yo,
yo soy el elixir,
revelación.
Yo soy aeropagita
ciíta, ciíta.
Usted,
usted
es hiel.
Mas yo,
yo soy
aquél
aquél que cada noche te persigue
el que sonríe cada noche por tu amor.
Estos poetas apócrifos tienen mucho que ver con dos de los incluidos en La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño. Son los que el llama Los fabulosos hermanos Schiaffino (Italo y Argentino) que vinculados con los seguidores ultras de fútbol se editaron, con gran éxito en su ámbito, sus poemas. Tanto los escritores acaecidos leoneses como el chileno definen a través de sus apócrifos la literatura, la verdadera literatura si me apuran, en la que muchos escritores provincianos, secretos u ocasionales no quedan mal parados. No es tema baladí.
*Bien es cierto que hay uno anterior pero parecer ser simplemente lazo de unión con la tradición apócrifa ibérica, búsqueda de antecedentes, de criterio de autor. El más viejo de los recogidos es FROILÁN MENESES BURÓN. (1882) Nieto del poeta cuyo romance “En Zamora hay una torre…” puso en público conocimiento don Antonio Machado, evidentemente en el Cancionero apócrifo. Este poeta no es otro que Froilán Meneses del que Machado simplemente dice Nació en León, en 1826. Murió en 1893 y al que le dedicó estos versos:
Aunque tú no lo confieses,
alguien verá, de seguro,
lo que hay de romance puro,
en tu romance, Meneses.
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xoves, outubro 12, 2006
Algunos poetas apócrifos ( I ): la Antología traducida, de Max Aub
Por esas coincidencias de las lecturas he recalado en dos libros que son clara muestra del vacío perfecto en el ámbito lírico.
Bajaron hacia la ciudad,
la tomaron y asolaron.
Mientras quedaban gemidos
no pararon de matar.
Luego cabalgaron hacia Ur.
El señor iba delante,
le seguían los demás
todavía entre llamas.
El señor iba delante
llevándolas en los ojos.
(ANÓNIMO S. XII o XIII. Fragmento de un poema épico húngaro, descubierto en 1912 en la Biblioteca Municipal de Bucarest)
También abundan los de tema erótico que Aub afronta desde diferentes puntos de vista el despectivo de la “griega” Hegesícora (s. VII a. C) o el más enamorado de Ibn Ben Alí (¿1210?- 1265) de la tribu de los Kelbidas, de Sicilia. La Canción X de un poeta anónimo de Lorca, sin duda alguna de principios del siglo XIV, que reflexiona sobre la originalidad de la escritura, otro de los temas que interesan a Aub en esta antología, dice:
Todos los poetas dicen que son como dos palomas:
¿Qué otra cosa puedo decir si aletean como dos palomas
/en las cuencas de mis manos?
¿Qué no daría por poder inventar otra frase?
¿Qué no daría por dar con otra imagen que fuese la de tantos?
Pero cuando los tengo entre mis manos, sólo se me ocurre, como
/a todos, sentir que parecen dos palomas y decírtelo.
Las referencias,si podemos hacer caso a Pasqual Mas i Usó, encargado de la edición de Visor que es la que leí, son infinitas. Sus notas quizá sean excesivas y, muchas veces, innecesarias (como las que explican quienes son Zeus o Júpiter, o comentan que tal o cuál fragmento de un poema se remiten al conocido pasaje de una obra clásica) pero otras veces nos ilustran de las múltiples lecturas que admiten los textos.
De entre todos , quizá el que más me haya gustado es el siguiente:
VLADIMIRO NABUKOV
(1812-1872)
Nació en Kiev, murió en Berlín. Joven, fue amigo de Tolstoi. Luego se enfadaron. Era rico; murio harto, del corazón.
Sólo los pájaros pueden despegarse
de su sombra.
La sombra siempre es de tierra.
Nuestra imaginación vuela:
somos su sombra, en tierra.
* Como no podía ser de otro modo, entre los poetas antologados (y traducidos) está Max Aub de él Max Aub dice: Nació en París en 1903. Aunque sale su nombre con cierta periodicidad sospechosa en los libros y revistas, no se sabe dónde está. Lo único que consta es que escribió muchas películas mexicanas carentes de interés. Nada tienen que ver con su homónimo Leandro Fernández de Moratín. (...)
Toda una declaración de principios del modo en que Aub concibe la “verdad” literaria.
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martes, xuño 20, 2006
Noticia reciente de don Sabino Ordás.
(…)
Pregunta : ¿Qué papel desempeñan en la “familia literaria leonesa” Merino, Luis Mateo y Antonio Pereira?

(…)
Más sobre Sabino Ordás en C-18: Sabino Ordás, un centenario preterido I, II, III, IV y V (Obra) .
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mércores, abril 12, 2006
James Denham, un autor único. ( y II )
Quién no es quién (V)
LA NOTA BIOGRÁFICA.
DENHAM, JAMES RYAN. (1911-1943), nacido en Londres y educado en Cambridge, fue uno de los talentos malogrados por la II Guerra Mundial. Perteneciente a una familia acomodada, inició una carrera diplomática que lo llevó a Birmania (1934-1937). Su obra literaria conocida es breve y escasa, y se compone de cinco títulos, todos ellos publicados en ediciones privadas hoy inencontrables, ya que al parecer jugaba esta actividad un mero entretenimiento. Amigo de Malcolm Lowry, con quien había coincidido en la universidad, y del famoso coleccionista de arte Edward James, él mismo llegó a poseer una excelente colección de pintura francesa del XVIII y el XIX.
Su último libro, How to Kill (1943), del que procede su cuento aquí traducido, LORD RENDALL´S SONG, fue el único que intentó publicar en edición comercial, pero ningún editor lo quiso porque se consideró que podría deprimir a los combatientes y a la población, en plena guerra y por la desusada carga erótica de algunos de sus relatos. Con anterioridad, Denham había publicado un libro de versos, Vanishings (1932), otro volumen de cuentos, Knives and Landscapes (1934), una novela corta, The Night-Face (1938), y Gentle Men and Women (1939), una serie de semblanzas de personajes célebres, entre ellos, Chaplin, Cocteau, la bailarina Tilly Losch y el pianista Dinu Lipatti. Denham murió a los treinta y dos años, caído en combate en el Norte de África.
Aunque el presente relato (una mise en abîme de vértigo) se explica perfectamente por sí sólo, puede ser útil saber que la canción popular inglesa Lord Rendall es el diálogo entre el joven Lord Rendall y su madre después de que aquél haya sido envenenado por su novia. A la última pregunta de la madre, ¿Qué le dejarás a tu amor, Rendall, hijo mío?, éste responde: Una soga apara ahorcarla, madre, una soga para ahorcarla. *
*Javier Marías en Cuentos únicos (1989)
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James Denham, un autor único. ( I )
Quién no es quién (V)
En una nota anterior apunté que las compilaciones de relatos son un vehículo fácil para, amparados en la mera labor ensayística (entendida como “no ficticia”) del editor, colar de matute apócrifos. Don Javier Marías usó esta argucia en una colección de relatos titulada Cuentos únicos (Ediciones Siruela, 1989) en la que recogía la obra de gran calidad de autores que, en palabras de Marías, sólo acertaron una vez y esa única vez les dio para pocas páginas, veinticinco, diez, cinco. En el volumen pretende recuperar esa obra memorable que nadie conoce porque se encuentra en medio de tantas (páginas) más desdeñables. Y del gran número de “cuentos únicos” se centra en los cuentos fantásticos, de horror o de fantasmas. Recopila así cuentos de, entre otros, los desconocidos Martin Armstrong, Nurgent Barker, E. F. Benson, Oswell Blakeston, Thomas Burke, Winston Churchill (conocido por otras dedicaciones) John Collier y James Denham. Cada relato va acompañado de una breve biografía de su autor.
Marías no se resistió al juego y, tiempo después, en el prólogo de su libro de relatos Mientras ellas duermen (Anagrama, 1990) reconoce la autoría del relato LA CANCIÓN DE LORD RENDALL que en Cuentos únicos atribuía al tal James Denham. Escribe don Javier que LA CANCIÓN… se publicó en mi antología Cuentos únicos de forma apócrifa, es decir, atribuido al escritor inglés J. D. y supuestamente traducido por mí. Por este motivo incluyo también aquí la nota biográfica que acompañó al cuento que fue de Denham, ya que alguno de los datos en ella aportados forma parte, tácitamente, del propio relato, que en otro modo estaría incompleto.
Visite el muy completo sitio virtual de Javier Marías pulsando aquí.
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sábado, abril 01, 2006
The Yes Men ( y III )
La práctica de la impostura ( II )
La noticia de La Vanguardia por la que conocí a The Yes Men se centraba en el lío en que metieron a la química Dow Chemical. El objetivo de los impostores era que el vigésimo aniversario de la catástrofe de Bhopal en la que veinte mil personas murieron y más de medio millón resultaron heridas tras la explosión de una fábrica de pesticidas no pasase inadvertido. Crearon una ciberpágina semejante a la de la empresa química y consiguieron una entrevista con la BBC en la que, en directo, reconocieron su responsabilidad por las muertes y ofrecían indemnizaciones a los perjudicados. Los verdaderos portavoces de la Dow Chemical tuvieron que salir a la palestra para desmentir la noticia que TYM habían creado y, el accidente de la India fue recordado siquiera como contexto para entender la broma de Bichbauer y Bonano, los fundadores de The Yes Men.

Un "responsable" de Dow Chemicals entrevistado en la BBC.
Sé que quizá los más puristas de ustedes no encuentren tanta gracia a esta broma como a la del acorazado que protagonizó Virginia Woolf por su marcado tinte ideológico altermundialista. Woolf y compañía se burlaban de lo establecido en su tiempo y The Yes Men viven en nuestra época seguramente nunca lleguen a escribir ni una sola línea que roze las de la Woolf pero sus montajes ya han merecido la pena.
Su página en internet:
The Yes Men.
Otras referencias:
Rebelión: TYM, superheróes de la antiglobaización. y TYM. La verdadera historia del fin de la O.M.C.
Prólogo a la edición española de TYM en Antimilitaristas.org.
P.S. ¿Es todo verdad? ¿Sólo algunas partes? Yoles cuento en esta sección lo que creo es verdad, las fuentes son las que dejo aquí arriba si alguien desubre que todo no es más que una gran farsa quedará cómo bonito relato.
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The Yes Men (II)
La práctica de la impostura ( II )
Portada inglesa del libro.
Su más relevante actividad (que sirve de subtítulo al libro en su versión castellana) fue la de crear un sitio virtual bajo la dirección gatt.org simulando burdamente (en la evidencia de la impostura esconden estos falsarios su gracia) ser el sitio electrónico de la Organización Mundial del Comercio.


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The Yes Men (I)
La práctica de la impostura ( II )
La primera noticia que tuve de los señores Bichbaum y Bonano (fundadores de The Yes Men) me llegó, como no, a través de un recorte de La Vanguardia que me envió Abril, Seguro que te interesa me había escrito al margen. La noticia, fechada el 11 de abril de 2005, comenzaba así:
HOMBRES QUE SIEMPRE DICEN SÍ.
The Yes Men cierra con sus gamberradas antiglobales el festival THE INFLUENCERS.
JUSTO BARRANCO (BARCELONA) Han avergonzado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a la multinacional Dow Chemical, al ínclito George Bush (…) y, de rebote, incluso a la venerable BBC [Aquí parece que el redactor, bendito corporativismo, quiere excluir al periodismo del objetivo de los impostores antimanipulación. Pero supongo que The Yes Men (TYM) disfrutan tanto poniendo en ridículo a la BBC como a la OMC] Avergonzamiento táctico lo llaman. Los más poderososo, las grandes corporaciones, pueden gobernar el mundo si lo hacen en la trastienda; pero si los sacas a la luz y los pones frente a todos quedan avergonzados”, responde uno de los miembros de TYM (…)

Portada del libro en su versión castellana.
Anteayer me volví a cruzar con ellos en una de las páginas de publicidad de la revista Quimera. La editorial El viejo topo ha editado The Yes Men. La verdadera historia del fin de la OMC, libro en el que relatan sus aventuras. Buceando en las páginas de “información” “alternativa” me entero de que su primera intervención/gamberrada consistió en intercambiar los reproductores de sonido de las muñecas Barbie con los de los G. I. Joe de tal manera que la muñeca decía con voz aguerrida y varonil Los hombres muertos no mienten, mientras que los soldados, con la ñoña voz de la rubia platino retrucaban: Las matemáticas son difíciles. Luego devolvieron los muñecos a las tiendas para sorpresa de algunos consumidores.
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sábado, febreiro 18, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero ( y IV )
Quién no es quién ( IV)
Más que su vida puede interesar su obra cuya parte públicada la integran los siguentes relatos:
-Los También una tribu o etnia. Este relato que escribió junto a su amigo el odontólogo abulense Pedro Gómez Moyano estuvo entre los diez finalistas del Concurso de relatos de viaje y humor SOBERANO (organizado por la conocida marca de bebidas espirituosas) en su edición de 1999 bajo el título, por exigencias de las bases, LOS TAMBIÉN, UN PUEBLO SOBERANO. La compañía productora y comercializadora de drogas legales se quedó con los derechos de explotación del mismo aunque, aún es hoy el día, en que los autores desconocen si ha sido publicado o no.
-Dolor. Publicado en las páginas literarias del diario La Voz de Galicia el 13 de agosto de 2003.
-N´Geko. Demasiado mencionado aquí.
-Una espía en el dormitorio del comandante Castro. El cuento que dio pie a estas notas. El hecho de que este cuento fuera por primera vez publicado en Le Rosaire de l´Aurore hace creer que Rodrigo, con ayuda de sus amigos, es el que edita este pasqín mensual de humor pero, a falta de pruebas, son meras especulaciones.
Quizá no sea una enumeración exhaustiva pero todos los relatos que aquí cito los escribió mi heterónimo Rodrigo Osorio. Los iré publicando en los próximos días para que ustedes los valoren por sí mismos.
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Rodrigo Osorio Guerrero ( III )
Quién no es quién ( IV)
La tercera referencia publicada que mencioné es la reseña que en el índice onomástico de mi Osorio y compañía (Ediciós da mitocondria, 2005. Edición limitada de veinte ejemplares numerados y firmados por el autor.) le dedica Benito Pantaleón Iparraguirre. El profesor Pantaleón confiesa que sus fuentes son fundamentalmente las dos ya transcritas por mi y alguna charla con Osorio que no se acaba de creer porque, como él mismo dice, tú ya le conoces, no deja nunca de fantasear e inventar, incluso sobre sí mismo. No tengo claro que estudiase medicina, ni siquiera que exista realmente. Si te digo la verdad creo que es un heterónimo tuyo, precisamente por eso lo incluyo en esa antología. Osorio y compañía es una recopilación de los relatos que bajo diferentes seudónimos me ha publicado la prensa, Pantaleón escribe en su prólogo:
Salvo en muy contadas ocasiones no acostumbra Sergio B. Landrove a firmar sus trabajos y se esconde tras una compleja maraña de heterónimos, seudónimos y alias de la que quizá ni él mismo sea capaz de trazar una cartografía. No está claro (menos ahora que reclama* la paternidad de estos diez relatos) que estas máscaras sean consecuencia del pudor y la mayoría de los críticos defienden que son producto de un claro afán de protagonismo.
Como diría Reis, el otro yo de Pessoa, viven en Landrove innúmeros, toda una pequeña sociedad de autores con diferentes estilos aunque bajo todos ellos exista un sustrato común derivado, quizá necesariamente, del hecho de compartir todos un solo cuerpo.
(…)
Tras investigar y recabar datos para el índice onomástico las dudas afloran en el ánimo de este prologuista, ¿Hasta dónde llega la ficción? ¿No será SBL otro personaje? En estos asuntos de falsedades y heterónimos nunca se sabe.
La referencia a Osorio en e índice onomásico reza:
Osorio Guerrero, Rodrigo. (Ponferrada, 1977) Licenciado en derecho por la Universidad de Santiago de Compostela en la que, en el momento de la publicación del relato incorporado a esta antología, estudiaba tercer curso de medicina. En el mes de septiembre de 2005 su cuento N´geko ganó el primer premio de un concurso de relatos organizado por la concejalía de juventud de su ciudad natal.
*No es cierto que yo reclame la paternidad de esos relatos. Pantaleon investigó por su cuenta y me ofreció el resultado de su caza: “Creo que estas cartas al director y estos relatos son tuyos”, me dijo. “Algunos sí y otros no”, repliqué. Dos semanas después volvió a mi casa: “He pasado los relatos por la computadora y dice que estos diez están escritos por la misma mano”; “No seré yo quien desmienta a tu juguetito, pero ¿por qué ha de ser mi mano? ¿no seré yo el personaje?”; “A veces tu juegos me cansan”; “Publícalos en edición no venal y limitada para evitar que nadie reclame derechos por si alguno no fuera realmente mío” De esta conversación mi amigo Benito deduce que afirmo la autoría de los diez microrrelatos.
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venres, febreiro 17, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero ( II )
Quién no es quién ( IV)
Rodrigo Osorio ganó el Premio de Relatos Cima 2005 con una historia sobre el poder de la imaginación.
Estudia una oposición a judicaturas y el pasado mes de septiembre ganó un premio literario. Rodrigo Osorio Guerrero, un joven residente en el ponferradino barrio de Cuatrovientos, ganó el Premio Cima 2005 convocado por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Ponferrada, en la categoría de 16 a 30 años, con la obra titulada N´geko, un relato de seis páginas de extensión sobre el poder de la imaginación así cataloga una historia que, sobre una base futbolística, contrapone las formas de vida del primer y el tercer mundo a través de los sueños de un niño.
La relación entre ficción y realidad (entre lo soñado, lo pensado y lo vivido) es precisamente el denominador común de sus relatos, la fórmula narrativa por la que ahora sacia su afición literaria a la espera de tener más tiempo para poder embarcarse en un proyecto más ambicioso. Suelo escribir cosas cortas. Aunque tengo ideas para alguna cosa más larga todavía no he tenido tiempo de desarrollarla y ahora no me veo capaz de escribir bada demasiado largo, apunta Osorio, quien reconoce que los seis folios a doble espacio fijados por el concurso supera la extensión media del resto de sus relatos.
Califica N´geko como un cuento de final en el que el desenlace del relato descubre algo que le da un sentido nuevo a todo. Es por ello que no prefiere no avanzar más detalles de una historia que utiliza la poderosa imaginación de los niños y su capacidad de abstraerse dejando un motivo de reflexión para el final. Osorio cita a Julio Cortázar y Gonzalo Suárez entre sus escritores de relatos de referencia.
Disciplina y lenguaje.
Sometido a los rigores de preparar una oposición a judicaturas, dice encontrar en la literatura una forma de desconectar de los estudios en los momentos de descanso. Además considera que la disciplina le ha hecho ser más metódico en todas sus actividades (he escrito más a partir de que estoy en las oposiciones) y el peculiar lenguaje del derecho, en lugar de ser un impedimento, también le ha servido en sus quehaceres literarios. Se aprende una forma diferente de escribir. Tiene una lógica especial que te puede enseñar a estructurarte de una manera diferente, señala, recordando el influjo que tuvieron en Miguel Delibes unas clases de Derecho Mercantil.
Resultar vencedor del Premio Cima 2005 (…) representa un empujón para continuar plasmando sus ideas por escrito. El premio es un paso, está bien saber que lo que escribes le gusta a alguien, analiza, a la vez que valora la capacidad de relato para cobrar vida propia y ser susceptible de sugerir diversas interpretaciones entre sus lectores.
César Fernández.
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xoves, febreiro 16, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero. ( I )
ARCHIVOS DE LA O.P.A.
Quién no es quién (IV)
Tres son las menciones impresas que conocemos que hacen referencia a Rodrigo Osorio:
-La breve referencia que acompañaba a su relato Dolor publicado en el diario La voz de Galicia el trece de agosto de 2003.
-Una entrevista publicada en Bierzo 7 el 20 de octubre de 2005.
-Y la reseña que Benito Pantaleón Iparraguirre le dedica en Osorio y compañía (Ediciós da mitocondria, 2005), el volumen que recopila los relatos que bajo seudónimo me ha pubicado la prensa.
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luns, febreiro 06, 2006
Sabino Ordás, un centenario preterido. ( y V)
Quién no es quién (III)
LA OBRA DE SABINO ORDÁS.
OBRA INVISIBLE:
La expresión literaria de los pueblos del Astura. Tesis doctoral dirigida por don Ramón Menéndez Pidal.
El leonés como idioma frustrado (1936)
El idioma de la Academia (1945)
Genealogía y rescate de desfamados (1948) Sobre este libro cabe la esperanza de leerlo pues el propio Ordás en el prólogo de Las Cenizas el Fénix (Calambur, 2002) escribe: Y ya puestos, otro deseo mío sería que me fuera al menos concedido el tiempo necesario paa dar por terminada la revisión que he venido haciendo durante todos estos años de Genealogía y…, una de mis obras más queridas.
La literatura española de los españoles fuera de España (1955)
La expresión literaria en castellano desde la colonización ultramarina hasta el franquismo tecnocrático (1973)
El Quijote edición comentada por Sabino Ordás (¿?)
OBRA VISIBLE:
Las cenizas del fénix, colaboraciones en Pueblo Literario. Dos ediciones, la primera en Breviarios de la calle del Pez, Diputación Provincial de León 1985 y la segunda en Editorial Calambur, 2002.
Prólogos:
Los caminos del Esla de Aparicio y Merino. Prólogo a la primera edición (Everest 1980) y a la segunda (Edilesa 1995).
Cuentos de la calle de la Rúa de Aparicio, Díez y Merino. (1989)
León. Un viaje con guías. (La Crónica 16 de León. 1990)
¡Ah, de la vida! de Juan Pedro Aparicio (1991)
Pueblo Cautivo de Eugenio Nora (1997)
Silva leonesa de José María Merino (1998)
Las cenizas del fénix, de Sabino Ordás (2002)
Epílogo:
Sabino Ordás, una poética. Asunción Castro Díez. (Breviarios de la calle del Pez, 2002)
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