Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
luns, marzo 31, 2014
Jacinto Batalla y Valbellido, un autor de referencia
Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
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sábado, outubro 20, 2007
Las tres vidas de Horace Beemaster ( y IV). BIBLIOGRAFÍA BÁSICA.
Los archivos de la O.P.A.
Quién no es quién (VI).
Beemaster, Horace Zebulon.
1. OBRA:
The sailing book,
Los diarios de Reginald Dickinson,
Bighead,
El calderero,
La furia del alba,
Los árboles ahogados,
El camino de un sueño y
El mendigo de horas.
2. BIBLIOGRAFÍA:
2.1. INVISIBLE*:
Recovery of Horace Beemaster, de David Fowler.
Novelistic of America, de Bob Norman.
2.2. VISIBLE:
El crítico como enemigo (Reivindicación de Horace Beemaster), de Sabino Ordás en Pueblo literario 12 de agosto de 1978. [También en Las cenizas del Fénix, de Sabino Ordás. J.P. Aparicio; L. Mateo y J.M. Merino. Calambur, 2002]
La confesión, de Juan Pedro Aparicio [Relato incluido en Palabras en la nieve (Un filandón) .Rey Lear, 2007 antes publicado en el número 130 de la revista Lateral]
* ¿Qué es un libro invisible? La respuesta aquí en C18: La biblioteca de Babel.
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Las tres vidas de Horace Beemaster (III).
Quién no es quién (VI).
3.Última noticia de Horace Beemaster.
Juan Pedro Aparicio, discípulo de Sabino Ordás del que sin duda le viene la devoción por la obra de Beemaster, cuenta que en una primera edición, casi sin usar, de El mendigo de horas que compró por la internet en una librería de viejo de Minneapolis encontró una nota manuscrita del propio Horace Beemaster que venía entre las paginas 132 y 133 en la que se puede leer:
A quien pueda concernir:
PD. : Anthony Whilam murió de una cirrosis hepática el 27 de febrero de 1829 a la edad de cuarenta y cuatro años. *
Quizá sólo sea un cebo que Bob Norman dejó para que después de su muerte otro estudioso, quizá el escritor leonés, continuase desprestigiando a Beemaster. O una trampa que Beemaster dejó sabedor de que Norman iba a hacer, tras su muerte, todo lo posible para acabar con su reputación. Pero si se confirma la autoría de la nota y la realidad de los hechos que HB, si es que él es el autor, afirma en ella. ¿Deberán revisar de nuevo los críticos su obra? ¿Será necesario un nuevo Kubackewski que indague sobre Anthony Whilam? ¿Quién era Whilam? De decir verdad el manuscrito, sin duda alguna el más extraordinario cuentacuentos y el fundador de la novela moderna, nada menos.
*Traducción del propio Juan Pedro Aparicio en su cuento La confesión, incluido en Palabras en la nieve (Un filandón). Rey Lear, 2007. Antes publicado en el número 130 de la revista Lateral
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Las tres vidas de Horace Beemaster (II).
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Quién no es quién (VI).
2. Thomas Kubackewski y David Fowler: la recuperación de la memoria.
Tendría que ser un funcionario centroeuropeo apasionado por la obra de Beemaster el que diese el primer paso para arrojar algo de luz sobre el asunto. Desde Baviera, Thomas Kubackewski, un lector empedernido seguidor de las novelas de Beemaster, empezó a encontrar demasiadas contradicciones en las referencias, prólogos y artículos que Bob Norman dedicaba a H. Beemaster. No sin cierta ingenuidad receló que una persona tan despiadada como la que describía Norman pudiera ser autor de una obra tan sublime. E invirtió sus escasos ahorros en mantener correspondencia con todo aquél que hubiera tenido contacto en vida con el maestro de Wisconsin. Una persona le conducía a otra, pues cuando alguien le daba un nombre nuevo inmediatamente le escribía pidiéndole ayuda. Pronto fue la primera autoridad viviente en la vida de HB. Él fue el primero en acusar públicamente a Bob Norman (…) de mentiroso y falsario y a él se debe la reposición de la verdad, según cuenta Fowlder en el Prólogo de su Recovery of Horace Beemaster (1978).
Sembrada la duda por Kubackewski y muerto Norman el resto de los estudiosos se sintieron con fuerza para luchar contra el criterio de autoridad del albacea de HB. Las investigaciones más superficiales revelaban datos que ponían en entredicho las afirmaciones de exégeta oficial. Así aparecieron aquellos escritos en los que Norman decía, refiriéndose a HB:
es un caballero maduro y tranquilo, vestido con sencillez y humildad
descrpición diametralmente opuesta a la que decidió difundir tras su sonado enfado.
Poco a poco, la crítica mundial lo reincorporó al canon. Precisamente en ese momento Gabriel Ponte escribe que el monólogo interior del cazador Altenfender es la pieza más inquietante de la literatura universal y, como escribí antes, Booth, Harris, Eco y Bloom, siguiendo a Ponte, devolvieron a Beemaster el prestigio que Norman le había robado. Aparecen las primeras biografías en que se muestra a Beemaster como un escritor insuperable, un novelista endeudado e insatisfecho, un marido repudiado y bebedor y padre amatísimo y desgraciado. Una víctima más que un verdugo de una vida nada fácil.
En 1978, como colofón de todos estos trabajos, David Fowler publica Recovery of Horace Beemaster que compila todo el material conocido sobre el novelista americano. En este ensayo parte de la mentira construida por Norman para, después de elogiar el apasionado trabajo de Kubackewski para saber la verdad del maestro de Wisconsin, fijar los datos ciertos sobre el genial autor de Los árboles ahogados.
En España la defensa de la obra de Beemaster ha corrido esencialmente a cargo de don Sabino Ordás, amigo personal de Fowler desde que coincidieran en Utah. El maestro de Ardón no pierde ocasión de destacar que la escritura de Beemaster es clara precursora de la de Joyce y se queja de la enorme injusticia de que las obras del americano aún no estén traducidas al castellano.
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Las tres vidas de Horace Beemaster (I).
Quién no es quién (VI).
Beemaster, Horace Zebulon.
(Wisconsin, EUA - Ontario, Canadá)
Hoy la crítica es unánime a la hora de valorar la narrativa de Horace Zebulon Beemaster, el más grande de los escritores americanos del XIX de acuerdo con la opinión del polémico y mediático Harold Bloom, pero no siempre ha sido así y puede que las cosas de nuevo estén a punto de cambiar.
De él se ha dicho que es el escritor más completo de todos los tiempos (Sabino Ordás); la mente más lúcida del siglo (Marvin Harris); un profeta en los usos del silencio ( Wayne C. Booth) o un maestro en la estela del Dante, Cervantes, Shakespeare y Goethe (Umberto Eco) pero para que Beemaster volviese al canon fue necesario el trabajo de Thomas Kubackewski, un funcionario de correos bávaro apasionado lector de Bighead y Los diarios de Reginald Dickinson. Quizá sea mejor contar esta historia desde el principio.
1. Bob Norman versus Horace Beemaster.
Durante décadas la vida y la obra del gran novelista Horace Beemaster estuvieron en manos de Robert (Bob) Norman. Norman (1817-¿?), uno de los más relevantes críticos literarios estadounidenses de la primera mitad del XIX, se dio a conocer tras publicar sendas antologías de novelistas, poetas, escritores sociales y newest poetas of America. En la primera de estas antologías incluyó, como no podía ser de otro modo, a Beemaster lo que hizo que el novelista invitara a su casa al crítico. Durante aquella cita se fraguó su primera amistad. Sus relaciones se complicaron tras abandonar Beemaster por culpa de sus problemas con el alcohol la dirección del Green´s Magazine en la que le sustituyó Norman. La injusta desproporción entre sus sueldos (1100 dólares para el director entrante frente a los 750 del saliente) hizo que el novelista estuviese durante un tiempo distante con su amigo pero, según revela Fowler en Recovery of Horace Beemaster (1978), aquel trato desdeñoso descubrió en Norman una inconmensurable pasión y su odio hacia Beemaster duró lo que duró ya su vida que no se extinguió mucho más tarde que la de éste* Así el crítico llega a decir en el obituario que redactó para New York Times:
El escritor era muy conocido en este país y en Canadá, donde vivía; tenía lectores en Inglaterra y en varias naciones del continente europeo; pero tenía, si los tenía, muy pocos amigos (…) irascible, envidioso, escondía sus horribles pasiones bajo una capa de frío refinamiento, que tomaba la forma del más repelente de los cinismos
Lo curioso es que Beemaster, autodestructivo en vida, quiso seguir siéndolo más allá de la muerte y encomendó en exclusiva a Norman en su testamento recoger, compilar, editar y, en su caso, comentar su obra. El odio de Norman también sobrepasó la muerte de su otrora amigo. Dedicó el resto de su vida a desprestigiarle llegando, como demuestra Fowler en su libro, a falsear la correspondencia entre ambos y a inventarse datos apócrifos que, poco a poco, fue incluyendo en su biografía: la expulsión de Beemaster de la Universidad de Utah, el carácter plagiario de Los diarios de Reginald Dickinson o una homosexualidad nunca aceptada que le llevaron a ser violento con su esposa e hijos. No pudo hurtar el valor de sus novelas pero sí creó una máscara tras la que escondió a sus seguidores de la verdadera personalidad de Horace Beemaster.
*Traducción de Sabino Ordás
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martes, xuño 20, 2006
Noticia reciente de don Sabino Ordás.
(…)
Pregunta : ¿Qué papel desempeñan en la “familia literaria leonesa” Merino, Luis Mateo y Antonio Pereira?

(…)
Más sobre Sabino Ordás en C-18: Sabino Ordás, un centenario preterido I, II, III, IV y V (Obra) .
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mércores, abril 12, 2006
James Denham, un autor único. ( y II )
Quién no es quién (V)
LA NOTA BIOGRÁFICA.
DENHAM, JAMES RYAN. (1911-1943), nacido en Londres y educado en Cambridge, fue uno de los talentos malogrados por la II Guerra Mundial. Perteneciente a una familia acomodada, inició una carrera diplomática que lo llevó a Birmania (1934-1937). Su obra literaria conocida es breve y escasa, y se compone de cinco títulos, todos ellos publicados en ediciones privadas hoy inencontrables, ya que al parecer jugaba esta actividad un mero entretenimiento. Amigo de Malcolm Lowry, con quien había coincidido en la universidad, y del famoso coleccionista de arte Edward James, él mismo llegó a poseer una excelente colección de pintura francesa del XVIII y el XIX.
Su último libro, How to Kill (1943), del que procede su cuento aquí traducido, LORD RENDALL´S SONG, fue el único que intentó publicar en edición comercial, pero ningún editor lo quiso porque se consideró que podría deprimir a los combatientes y a la población, en plena guerra y por la desusada carga erótica de algunos de sus relatos. Con anterioridad, Denham había publicado un libro de versos, Vanishings (1932), otro volumen de cuentos, Knives and Landscapes (1934), una novela corta, The Night-Face (1938), y Gentle Men and Women (1939), una serie de semblanzas de personajes célebres, entre ellos, Chaplin, Cocteau, la bailarina Tilly Losch y el pianista Dinu Lipatti. Denham murió a los treinta y dos años, caído en combate en el Norte de África.
Aunque el presente relato (una mise en abîme de vértigo) se explica perfectamente por sí sólo, puede ser útil saber que la canción popular inglesa Lord Rendall es el diálogo entre el joven Lord Rendall y su madre después de que aquél haya sido envenenado por su novia. A la última pregunta de la madre, ¿Qué le dejarás a tu amor, Rendall, hijo mío?, éste responde: Una soga apara ahorcarla, madre, una soga para ahorcarla. *
*Javier Marías en Cuentos únicos (1989)
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James Denham, un autor único. ( I )
Quién no es quién (V)
En una nota anterior apunté que las compilaciones de relatos son un vehículo fácil para, amparados en la mera labor ensayística (entendida como “no ficticia”) del editor, colar de matute apócrifos. Don Javier Marías usó esta argucia en una colección de relatos titulada Cuentos únicos (Ediciones Siruela, 1989) en la que recogía la obra de gran calidad de autores que, en palabras de Marías, sólo acertaron una vez y esa única vez les dio para pocas páginas, veinticinco, diez, cinco. En el volumen pretende recuperar esa obra memorable que nadie conoce porque se encuentra en medio de tantas (páginas) más desdeñables. Y del gran número de “cuentos únicos” se centra en los cuentos fantásticos, de horror o de fantasmas. Recopila así cuentos de, entre otros, los desconocidos Martin Armstrong, Nurgent Barker, E. F. Benson, Oswell Blakeston, Thomas Burke, Winston Churchill (conocido por otras dedicaciones) John Collier y James Denham. Cada relato va acompañado de una breve biografía de su autor.
Marías no se resistió al juego y, tiempo después, en el prólogo de su libro de relatos Mientras ellas duermen (Anagrama, 1990) reconoce la autoría del relato LA CANCIÓN DE LORD RENDALL que en Cuentos únicos atribuía al tal James Denham. Escribe don Javier que LA CANCIÓN… se publicó en mi antología Cuentos únicos de forma apócrifa, es decir, atribuido al escritor inglés J. D. y supuestamente traducido por mí. Por este motivo incluyo también aquí la nota biográfica que acompañó al cuento que fue de Denham, ya que alguno de los datos en ella aportados forma parte, tácitamente, del propio relato, que en otro modo estaría incompleto.
Visite el muy completo sitio virtual de Javier Marías pulsando aquí.
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12.4.06
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sábado, febreiro 18, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero ( y IV )
Quién no es quién ( IV)
Más que su vida puede interesar su obra cuya parte públicada la integran los siguentes relatos:
-Los También una tribu o etnia. Este relato que escribió junto a su amigo el odontólogo abulense Pedro Gómez Moyano estuvo entre los diez finalistas del Concurso de relatos de viaje y humor SOBERANO (organizado por la conocida marca de bebidas espirituosas) en su edición de 1999 bajo el título, por exigencias de las bases, LOS TAMBIÉN, UN PUEBLO SOBERANO. La compañía productora y comercializadora de drogas legales se quedó con los derechos de explotación del mismo aunque, aún es hoy el día, en que los autores desconocen si ha sido publicado o no.
-Dolor. Publicado en las páginas literarias del diario La Voz de Galicia el 13 de agosto de 2003.
-N´Geko. Demasiado mencionado aquí.
-Una espía en el dormitorio del comandante Castro. El cuento que dio pie a estas notas. El hecho de que este cuento fuera por primera vez publicado en Le Rosaire de l´Aurore hace creer que Rodrigo, con ayuda de sus amigos, es el que edita este pasqín mensual de humor pero, a falta de pruebas, son meras especulaciones.
Quizá no sea una enumeración exhaustiva pero todos los relatos que aquí cito los escribió mi heterónimo Rodrigo Osorio. Los iré publicando en los próximos días para que ustedes los valoren por sí mismos.
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18.2.06
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Rodrigo Osorio Guerrero ( III )
Quién no es quién ( IV)
La tercera referencia publicada que mencioné es la reseña que en el índice onomástico de mi Osorio y compañía (Ediciós da mitocondria, 2005. Edición limitada de veinte ejemplares numerados y firmados por el autor.) le dedica Benito Pantaleón Iparraguirre. El profesor Pantaleón confiesa que sus fuentes son fundamentalmente las dos ya transcritas por mi y alguna charla con Osorio que no se acaba de creer porque, como él mismo dice, tú ya le conoces, no deja nunca de fantasear e inventar, incluso sobre sí mismo. No tengo claro que estudiase medicina, ni siquiera que exista realmente. Si te digo la verdad creo que es un heterónimo tuyo, precisamente por eso lo incluyo en esa antología. Osorio y compañía es una recopilación de los relatos que bajo diferentes seudónimos me ha publicado la prensa, Pantaleón escribe en su prólogo:
Salvo en muy contadas ocasiones no acostumbra Sergio B. Landrove a firmar sus trabajos y se esconde tras una compleja maraña de heterónimos, seudónimos y alias de la que quizá ni él mismo sea capaz de trazar una cartografía. No está claro (menos ahora que reclama* la paternidad de estos diez relatos) que estas máscaras sean consecuencia del pudor y la mayoría de los críticos defienden que son producto de un claro afán de protagonismo.
Como diría Reis, el otro yo de Pessoa, viven en Landrove innúmeros, toda una pequeña sociedad de autores con diferentes estilos aunque bajo todos ellos exista un sustrato común derivado, quizá necesariamente, del hecho de compartir todos un solo cuerpo.
(…)
Tras investigar y recabar datos para el índice onomástico las dudas afloran en el ánimo de este prologuista, ¿Hasta dónde llega la ficción? ¿No será SBL otro personaje? En estos asuntos de falsedades y heterónimos nunca se sabe.
La referencia a Osorio en e índice onomásico reza:
Osorio Guerrero, Rodrigo. (Ponferrada, 1977) Licenciado en derecho por la Universidad de Santiago de Compostela en la que, en el momento de la publicación del relato incorporado a esta antología, estudiaba tercer curso de medicina. En el mes de septiembre de 2005 su cuento N´geko ganó el primer premio de un concurso de relatos organizado por la concejalía de juventud de su ciudad natal.
*No es cierto que yo reclame la paternidad de esos relatos. Pantaleon investigó por su cuenta y me ofreció el resultado de su caza: “Creo que estas cartas al director y estos relatos son tuyos”, me dijo. “Algunos sí y otros no”, repliqué. Dos semanas después volvió a mi casa: “He pasado los relatos por la computadora y dice que estos diez están escritos por la misma mano”; “No seré yo quien desmienta a tu juguetito, pero ¿por qué ha de ser mi mano? ¿no seré yo el personaje?”; “A veces tu juegos me cansan”; “Publícalos en edición no venal y limitada para evitar que nadie reclame derechos por si alguno no fuera realmente mío” De esta conversación mi amigo Benito deduce que afirmo la autoría de los diez microrrelatos.
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venres, febreiro 17, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero ( II )
Quién no es quién ( IV)
Rodrigo Osorio ganó el Premio de Relatos Cima 2005 con una historia sobre el poder de la imaginación.
Estudia una oposición a judicaturas y el pasado mes de septiembre ganó un premio literario. Rodrigo Osorio Guerrero, un joven residente en el ponferradino barrio de Cuatrovientos, ganó el Premio Cima 2005 convocado por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Ponferrada, en la categoría de 16 a 30 años, con la obra titulada N´geko, un relato de seis páginas de extensión sobre el poder de la imaginación así cataloga una historia que, sobre una base futbolística, contrapone las formas de vida del primer y el tercer mundo a través de los sueños de un niño.
La relación entre ficción y realidad (entre lo soñado, lo pensado y lo vivido) es precisamente el denominador común de sus relatos, la fórmula narrativa por la que ahora sacia su afición literaria a la espera de tener más tiempo para poder embarcarse en un proyecto más ambicioso. Suelo escribir cosas cortas. Aunque tengo ideas para alguna cosa más larga todavía no he tenido tiempo de desarrollarla y ahora no me veo capaz de escribir bada demasiado largo, apunta Osorio, quien reconoce que los seis folios a doble espacio fijados por el concurso supera la extensión media del resto de sus relatos.
Califica N´geko como un cuento de final en el que el desenlace del relato descubre algo que le da un sentido nuevo a todo. Es por ello que no prefiere no avanzar más detalles de una historia que utiliza la poderosa imaginación de los niños y su capacidad de abstraerse dejando un motivo de reflexión para el final. Osorio cita a Julio Cortázar y Gonzalo Suárez entre sus escritores de relatos de referencia.
Disciplina y lenguaje.
Sometido a los rigores de preparar una oposición a judicaturas, dice encontrar en la literatura una forma de desconectar de los estudios en los momentos de descanso. Además considera que la disciplina le ha hecho ser más metódico en todas sus actividades (he escrito más a partir de que estoy en las oposiciones) y el peculiar lenguaje del derecho, en lugar de ser un impedimento, también le ha servido en sus quehaceres literarios. Se aprende una forma diferente de escribir. Tiene una lógica especial que te puede enseñar a estructurarte de una manera diferente, señala, recordando el influjo que tuvieron en Miguel Delibes unas clases de Derecho Mercantil.
Resultar vencedor del Premio Cima 2005 (…) representa un empujón para continuar plasmando sus ideas por escrito. El premio es un paso, está bien saber que lo que escribes le gusta a alguien, analiza, a la vez que valora la capacidad de relato para cobrar vida propia y ser susceptible de sugerir diversas interpretaciones entre sus lectores.
César Fernández.
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xoves, febreiro 16, 2006
Rodrigo Osorio Guerrero. ( I )
ARCHIVOS DE LA O.P.A.
Quién no es quién (IV)
Tres son las menciones impresas que conocemos que hacen referencia a Rodrigo Osorio:
-La breve referencia que acompañaba a su relato Dolor publicado en el diario La voz de Galicia el trece de agosto de 2003.
-Una entrevista publicada en Bierzo 7 el 20 de octubre de 2005.
-Y la reseña que Benito Pantaleón Iparraguirre le dedica en Osorio y compañía (Ediciós da mitocondria, 2005), el volumen que recopila los relatos que bajo seudónimo me ha pubicado la prensa.
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luns, febreiro 06, 2006
Sabino Ordás, un centenario preterido. ( y V)
Quién no es quién (III)
LA OBRA DE SABINO ORDÁS.
OBRA INVISIBLE:
La expresión literaria de los pueblos del Astura. Tesis doctoral dirigida por don Ramón Menéndez Pidal.
El leonés como idioma frustrado (1936)
El idioma de la Academia (1945)
Genealogía y rescate de desfamados (1948) Sobre este libro cabe la esperanza de leerlo pues el propio Ordás en el prólogo de Las Cenizas el Fénix (Calambur, 2002) escribe: Y ya puestos, otro deseo mío sería que me fuera al menos concedido el tiempo necesario paa dar por terminada la revisión que he venido haciendo durante todos estos años de Genealogía y…, una de mis obras más queridas.
La literatura española de los españoles fuera de España (1955)
La expresión literaria en castellano desde la colonización ultramarina hasta el franquismo tecnocrático (1973)
El Quijote edición comentada por Sabino Ordás (¿?)
OBRA VISIBLE:
Las cenizas del fénix, colaboraciones en Pueblo Literario. Dos ediciones, la primera en Breviarios de la calle del Pez, Diputación Provincial de León 1985 y la segunda en Editorial Calambur, 2002.
Prólogos:
Los caminos del Esla de Aparicio y Merino. Prólogo a la primera edición (Everest 1980) y a la segunda (Edilesa 1995).
Cuentos de la calle de la Rúa de Aparicio, Díez y Merino. (1989)
León. Un viaje con guías. (La Crónica 16 de León. 1990)
¡Ah, de la vida! de Juan Pedro Aparicio (1991)
Pueblo Cautivo de Eugenio Nora (1997)
Silva leonesa de José María Merino (1998)
Las cenizas del fénix, de Sabino Ordás (2002)
Epílogo:
Sabino Ordás, una poética. Asunción Castro Díez. (Breviarios de la calle del Pez, 2002)
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Sabino Ordás, un centenario preterido. (IV)
Quién no es quién (III)

Sabino Ordás charla con Aparicio y Merino. Crémenes 1994*.
Sobre las colaboraciones de Sabino Ordás en Pueblo Literario ha escrito José María Merino:
Sabino Ordás valoraba la imaginación, la narratividad, la infusión vital de la oralidad, gustaba con eclecticismo de muchas cosas diversas, desde la historia antigua a los comics, por poner dos ejemplos, aborrecía por igual a santones y mercachifles, disfrutaba con la obra de muchos escritores extranjeros y defendía, a la manera de Miguel Torga, que “lo universal es lo local si fronteras”**.
e inmediatamente reconoce la influencia del pensamiento del patriarca de Ardón en su obra:
pero pienso que aquellos artículos de Sabino Ordás, su gusto por el apócrifo –tan incardinado, por otra parte, en la cultura ibérica, más que española-, por la imaginación sin barreras, por el respeto a las buenas historias ha seguido nutriendo un buen sesgo de nuestra obra (se refiere a la de Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y a la suya propia).
También Díez reconoce la influencia de don Sabino en su discurso de ingreso en la Real Academia:
En la figura de Sabino Ordás se cifra el magisterio de quienes, desde la amistad y el compromiso de tantas ilusiones comunes, buscamos un espejo de lucidez, una metáfora compartida que contuviera la ejemplaridad literaria, intelectual y moral, que necesitábamos.
La deuda es reconocida también por Aparicio, buen ejemplo de ello es su microrrelato La confesión, que antes cité, en el que recupera uno de los apócrifos creados por el maestro.
La obra que el recuperado maestro ha publicado con posterioridad a aquellas cenizas del Fénix se limita a un conjunto de prólogos a diferentes obras, fundamentalmente e sus discípulos. El propio don Sabino ironiza con su condición de prologuista en, como no, el prólogo a la segunda edición de Los caminos del Esla (Edilesa, 1995) de Aparicio y Merino:
Siempre me niego y siempre acabo cediendo. De seguir así, ellos tan industriosos y yo tan feble, a no pasar mucho tiempo me presentarán, estoy seguro, otro libro para que asimismo lo prologue, éste el de los prólogos que yo mismo haya hecho de sus libros. Mas, ¿cómo negarme? Si desde que ha fallecido Ricardo Gullón, mi fraternal amigo, sólo ellos y Luis Mateo Díez se detienen en Ardón para pegar la hebra conmigo… (Otra vez. Y ya van… 11 de septiembre de 1994)
La importancia de la obra de Sabino Ordás es indiscutible tanto por sí misma como en cuanto a la influencia en la literatura de sus discípulos que contribuyeron a da un nuevo giro a la literatura española del que tanto hemos y estamos disfrutando. El olvido del centenario de don Sabino por las instituciones aún se puede reparar ¿qué hay de malo en celebrar los ciento un años del nacimiento de uno de los patriarcas de nuestras letras? Quizá haya pecado de abogado del diablo con esta nota y sea el de Ardón el que ha rechazado el reconocimiento público. No lo sé. En todo caso hoy, como cualquier día del año pasado es un buen momento para sumergirse en la rica prosa de Sabino Ordás.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: José sánchez Carralero, Óscar Campillo, J.P. Aparicio, José MAría Merino, Jesús Egido y Sabino Ordás.*
*Fotografías de Jesús Egido en Los caminos del Esla. Edilesa. 1995.
**Noticias de Sabino Ordás. José María Merino. Ínsula. Número 688. Abril 2004.
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domingo, febreiro 05, 2006
Sabino Ordás, un centenario preterido. (III)
Quién no es quién (III)
Ilusionados tras su entrevista con Sabino Ordás, Aparicio, Díez y Merino emprenden el trabajo de convencer a Dámaso Santos, por aquel entonces director de Pueblo Literario, para que permita recuperar en las páginas de su revista el pensamiento libre y la rica prosa del leonés. Tras no pocos esfuerzos Santos convence al de Ardón que publica sus colaboraciones desde el 30 de noviembre de 1977 al 3 de noviembre de 1979 bajo el hermoso y sugerente título de LAS CENIZAS DEL FÉNIX. En 1985 Aparicio, Díez y Merino compilarán los artículos en la colección Breviarios de la calle del Pez editada por la Diputación Provincial de León y, en 2002, la Editorial Calambur ha reeditado Las Cenizas del Fénix precedidos de un estudio de la profesora Asunción Castro y acompañados de reproducciones de la amplía iconografía sobre don Sabino –retratos suyos por Picasso, Dalí, Benjamín Palencia y Álvaro Delgado, entre otros.

Según la profesora Castro la temática de los artículos va desde la nota familiar y chocarrera, pasando por la referencia culta y cosmopolita, la reivindicación de la entidad leonesa, [Lo que ha llevado a algunos detractores del pensamiento de don Sabino a motejarle de leonnoexista más que leonesista. Nota de SBL.] las memorias del exilio, reflexiones literarias, además de todo tipo de asuntos culturales de actualidad inmediata.
No se puede pasar dejar a un lado el enorme espíritu lúdico de Ordás que le lleva a inventarse varios autores apócrifos e incluso sus obras, como su predilecto Horace Beemaster (Aparicio recupera el ¿personaje? en su cuento La confesión) antecedente inmediato de Joyce y al que no pierde ocasión de reivindicar o David Fowler, amigo suyo de los tiempos de Utah y autor de la magnífica, e inexistente, novela The skull of God. Aunque quizá el último artículo de Ordás publicado en Pueblo sea el más ejemplificador de esta vocación lúdica que tanto ha arraigado en sus discípulos, se titula MI AMIGO CLAUDIO BASTIDA (PREMIO HELIODORO DE NOVELA). Varias son los planos de esta farsa, un falso premio que alguien señala como injusto, la defensa que don Sabino hace de su inexistente ganador y la fe que da de su existencia (la del premio y la de Bastida) que otros previamente habían negado. Relata en esta columna, publicada el 3 de noviembre de 1979, como conoció a Bastida en un restaurante de París. Señala Ordás, quien como buen creador de apócrifos siempre deja pistas de sus falsedades, que el tal Bastida es sobrino nieto de un escritor inglés Enoch Soares que el maestro leonés conocía de antes. Asunción Castro en su estudio Sabino Ordás, una poética (Breviarios de la calle del pez. 2001) dice:
Para el que no lo recuerde, Enoch Soares es el personaje que da título a un cuento fantástico del inglés Max Beerbohm.
Don Sabino se coloca irónicamente en el terreno de la ficción para demostrarnos la existencia de su apócrifo Bastida y termina diciendo, antes de un ataque contra el resto de los premios literarios que ya quisiera que estuvieran tan limpios como el Heliodoro:
Que Claudio Bastida no es un apócrifo está muy claro. Claudio Bastida es tan apócrifo como yo mismo. De antiguo, este país ha querido negarles a los escritores el pan y la sal; ahora pretende negarles hasta la existencia.
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sábado, febreiro 04, 2006
Sabino Ordás, un centenario preterido. (II)
Quién no es quién (III)
En México compartió un apartamento con José Bergamín aunque según manifiesta don Sabino nunca se dirigieron la palabra. Junto a Max Aub, que calificaba a Ordás de amigo entrañable de endemoniado carácter, promovió la exposición del pintor Jusep Torres Campalans. El patriarca de Ardón escribió la presentación del programa de aquella ya mítica muestra que descubrió al mundo al amigo de Picasso del que hablaremos aquí otro día. Campalans, siempre generoso, le regaló el retrato que acompaña a estas líneas donde ensaya un remedo de fauvismo poco habitual en su estilo.

Tras su paso al país del norte puso en marcha, y dirigió durante sus primeros años, el PROGRAM IN CREATIVE WRITING de la universidad de Arkansas para después trasladarse a Utah donde ejerció como profesor de español en la universidad de Salt Lake City. Su jubilación coincidió con la muerte de Franco lo que le decidió a regresar a España y lejos de integrarse en los cenáculos literarios capitalinos, a los que dedicó críticas certeras desde Pueblo Literario, volvió a su Ardón natal.
Una casual conversación que tres jóvenes escritores (Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino) mantuvieron en 1976 sobre el exilio leonés con Ricardo Gullón les descubre la figura de Ordás y deciden buscarlo. Sus pesquisa les llevaron a América hasta que una carta desde Utah les hizo girar su vista hacía su León natal. Tras su primer encuentro con el maestro salen entusiasmados con las ideas de don Sabino que, todo hay que decirlo, coincidían mucho con lo que ellos intuían e iban en contra de las que regían el panorama literario español del momento. Piensan que es necesario dar la palabra al maestro para entroncar la nueva narrativa con las raíces de la literatura anterior a la dictadura.
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venres, febreiro 03, 2006
Sabino Ordás, un centenario preterido. (I)
ARCHIVOS DE LA O.P.A.
Quién no es quién (III) 
Don Sabino Ordás nació en Ardón (León) en 1905 por lo tanto acaba de cumplir cien años durante las celebraciones de los quinientos años del hidalgo don Quijote sin que las autoridades estatales, autonómicas ni las provinciales hayan recordado el redondo aniversario del patriarca de nuestras letras que sólo ha sido festejado por sus más próximos. Ni siquiera la excusa de que el de Ardón sea el responsable de una edición comentada de las aventuras del caballero de la triste figura* ha sabido ser usada por nuestros políticos para conmemorar en vida al maestro que no dudarán en llorar cuando nos falte, Dios quiera que sea dentro de muchos años.
Don Sabino cursó el bachillerato en León y se licenció en Filosofía y letras por la Universidad Central. En Madrid formó parte activa del grupo de la Residencia de Estudiantes donde trabó una profunda amistad con, entre otros, Luis Buñuel que mantuvieron a través de una correspondencia delirante hasta la muerte del cineasta. Ordás llegó incluso a participar en el rodaje de la segunda película del calandés (La edad de oro, 1930) como el mismo contó en un artículo publicado en el diario Pueblo:
Y ahora que leo en la prensa madrileña que se acaba de estrenar La Edad de Oro (…) no puedo menos que recordar mi fugaz aparición en sus imágenes, tan locas y tan vitales, con Juanito Esplandiú, Juanito Castañé y Joaquin Roa, todos enlevitados en las escenas de la fiesta que se rodaron en los estudios Billancourt, a donde llegamos a requerimiento de Luis con Pepín Bello, en una loca excursión desde Madrid
(CORRESPONDENCIA. Pueblo Literario. 10 de mayo de 1978)
Después llegó la Guerra Civil en la que luchó en el bando republicano donde se reencontró con viejos conocidos como Buenaventura Durruti con el que ya había coincidido en León siendo ambos niños y monaguillos de la iglesia de Santa Ana como cuenta en su artículo BUENAVENTURA DURRUTI Y LOS ÚLTIMOS LANCIENSES publicado, también, en Pueblo Literario el 3 de noviembre de 1978. La derrota le condujo, como a tantos compatriotas, al exilio que el vivió primero en México y después en los Estados Unidos de América.
*LOS INMORTALES en Cuentos del origen del mono. Juan Pedro Aparicio (Destino, 1989)
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sábado, outubro 15, 2005
Jakob Maria Mierscheid, un diputado apócrifo (y II)
«Algún compañero malintencionado ha enviado en mi nombre una declaración de abandono del partido. Encuentro horrible que ningún periodista me haya llamado. Siempre se me puede encontrar aquí en Morbach y si las líneas están ocupadas siempre están mis palomas mensajeras. Alguien ha querido causarme daños a mí y al partido».
Asimismo relacionaba esta mistificación con una serie de extraños asesinatos de conejos cometidos en su pueblo «que evidentemente tienen el claro fin de intimidarme» .
Antes de las elecciones difundió otro comunicado (salvo en ocasiones excepcionales no concede entrevistas) en el que hacía públicas algunas de las razones por las que Angela Merkel no podía llegar a Canciller, entre las que destacamos estas:
«Ya hemos tenido tres Aries como canciller, dos Capricornio, un Sagitario y un Acuario, pero nunca un cáncer. ¿Pueden imaginarse un Cáncer como canciller? (…) Hemos tenido hasta ahora tres cancilleres católicos y cuatro protestantes. Hasta ahora, a uno católico le ha seguido siempre uno protestante y a un canciller protestante uno católico. A Gerhard Schroeder (protestante) no le puede seguir un protestante (Merkel) (…) Después de Ludwig Erhard comenzó una serie. Los cancilleres que vinieron después siempre gobernaron más tiempo que sus antecesores. Helmut Kohl estuvo 16 años en el cargo. Por eso le queda todavía mucho a Schroeder »
A pesar de que sus pronósticos no se han cumplido y de que su credibilidad, una vez más, se ha visto dañada ha manifestado que confía en permanecer en el Parlamento «al menos una legislatura más».
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Un diputado apócrifo. (I)
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Quién no es quién (II)
MIERSCHEID, JAKOB MARIA
El catorce de julio de 1983 la revista WÖRWATS publica una de sus tesis, en la actualidad conocida como la ley Mierscheid, de acuerdo con la cual:
«El porcentaje de votos de la SPD en las elecciones parlamentarias es siempre igual a la producción de acero de la República Federal Alemana medida en millones de toneladas.»
los resultados de los comicios 1987, 1998 y 2002 han servido para ratificar esta hipótesis y acallar las voces de los que la tacharon de “descabellada”.
Su biografía Jakob Mierscheid, la vida de un diputado (Nomos, 1998. ISBN 3789054844. ), prologada por F. Wollner, destaca su activa participación en la sociedad civil alemana a través del movimiento asociacional. Herr Jakob es miembro de la Asociación de agricultura y montes, de la Asociación de cantantes de los gremios de la madera y el plástico y miembro de honor del Cuerpo voluntario de bomberos de Mobach así como de la Asociación de cría de animales pequeños. Precisamente el tema de la protección de los derechos de conejos y aves de corral es uno de los que principalmente se ocupa en sus comunicados según informa la agencia FIA.
Entre sus últimas intervenciones en la vida pública cabe destacar el homenaje que el parlamento germano le dedicó con ocasión de sus bodas de plata en la casa, ocasión en la que se bautizó con su nombre uno de los puentes situados en el complejo de la cámara baja de Berlín.
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mércores, setembro 07, 2005
The god of the labyrinth, de Herbert Quain.
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