Amosando publicacións coa etiqueta C18 en Diario de León. Amosar todas as publicacións
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domingo, xaneiro 20, 2008

Constelación decimoctava en Diario de León ( X ).


Sergio B. Landrove escribe Mañana, un relato que tiene como destinatarios a las víctimas del terrorismo así presenta una llamada en la portada del Filandón (el suplemento cultural Diario de León) de 20 de enero de 2008 uno de mis cuentos que ya pudieron leer en esta Constelación y que ahora se pueden descargar pulsando sobre su título.



No dejo de agradecer a don Alfonso García su generosidad para regalarme lectores.

domingo, xaneiro 13, 2008

Fábulas crípticas en Diario de León.

Filandón, las páginas culturales dominicales de Diario de León, acogen hoy en su sección Textos y pretextos algunas de mis Fábulas crípticas, concretamente estas 18 que ya habían podido leer en esta Constelación: Fábulas crípticas.

FÁBULAS CRÍPTICAS


I

El león, soberano absoluto, rugió estremeciendo hasta el último confín de sus dominios.Las ovejas, todas a una, acataron sumisas: “¡Beeeeeeeee!”El pato ladró.


II

La rana apenas podía creer lo que estaba viendo. Croó con todas sus fuerzas llamando a sus hermanas pero, para cuando ellas llegaron, hacía rato que la mosca se había cansado de bailar claqué.

III

Martín era un gato y, aunque no le gustaba demasiado, acostumbraba a sonreír.

IV

Las hormigas se alejaban cargadas con el cadáver conscientes de que alguien tenía que hacerse cargo y ocultar aquella indignidad.

V

Atraídas por el olor, las moscas buscan un paso en la solidez del roble. Arremeten una y otra vez contra la puerta confiando en que sólo por su ilusión y esfuerzo alcanzarán lo imposible.

VI

Nada hacía disfrutar más a la araña que oír el crujido de las cucarachas bajo los zapatos de los humanos.


VII

Cuando por la noche las hormigas finalizan su jornada laboral las páginas de los libros recuperan su mudez.


VIII

El rinoceronte minucioso tuvo que abandonar su gran pasión: el maquetismo.


IX

Los monos, asustados por su parecido con los hombres, decidieron no afeitarse más.

X

La pantera se creía noche.

XI

La polilla, harta de lana, esperaba el cambio de estación.

XII


Tras la asamblea las serpientes decidieron no querellarse contra el autor del Génesis.

XIII

El pulpo se hizo un lío.

XIV


«¿Un vegetal es un animal?» fue la escueta pregunta que envió el insecto palo a un consultorio radiofónico esperando, al fin, salir de la depresión.


XV

Una vez más se ha denegado a los delfines la condición de súbditos del reino animal. «Demasiado humanos», ha declarado el jefe del negociado que tramitó el expediente.

XVI

El mariachi de armadillos interpretó como colofón de su recital la ranchera que les lanzó a la fama: «Rodar y rodar».


XVII

«Quiquiriquí», cantó el gallo a media noche sin demasiada convicción. Al reclamo de su voz el sol salió y el mundo se puso en marcha. Animado por los buenos resultados empezó a planear la invasión de Polonia.

XVIII

El hamster fugitivo apenas podía creer que sus pies le llevaran tan lejos.



(De nuevo todo mi agradecimiento a don Alfonso García, coordinador del suplemento)

domingo, novembro 25, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León ( IX )

Las páginas culturales de Diario de León, Filandón, han vuelto a acoger hoy un relato que ya pudieron leer en esta Constelación:
Profeta en su tierra.






luns, xullo 09, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León (VIII)









Don Alfonso García, coordinador de Filandón (las páginas dominicales culturales de Diario de León), ha tenido a bien acoger en ellas a otro de mis microcuentos. Desde aquí se lo agradezco.





Es decir:

CONSTELACIÓN DECIMOCTAVA.




SERGIO B. LANDROVE.





Dantesco.


Me enamoré de ella cuando era una niña pero, por favor, no piensen mal porque yo también era un niño. Teníamos los dos nueve años cuando la vi por primera vez y quedé prendado de ella. Jugaba con sus amigas a la comba en la plaza, llevaba un vestido color sangre y en sus ojos brillaba una belleza que me anticipó un sentimiento que sólo años después acerté a llamar Amor. « ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella?», recuerdo que me decía entonces. Al final, gracias a las películas, encontré la respuesta: «Estoy enamorado», concluí. A pesar de que el diagnóstico era irrebatible (sentía, sin la menor duda, las célebres mariposas en el estómago) las dudas no cesaron… «Estoy enamorado, sí. Pero, ¿qué debo hacer?»
Desde aquél día en que la vi volando con su vestido rojo había actuado instintivamente como los enamorados del cine (del cine de entonces, claro): la admiraba en secreto, planeaba encuentros «fortuitos» y siempre vencido por los nervios, me alejaba corriendo cuando estaba a punto ya de hablar con ella. El Amor me había poseído, me sabía sus horarios al dedillo, madrugaba para salir a la calle cinco minutos antes que ella y seguir el ronsel de sus pasos, primero hacia el colegio, después, hacia el instituto. En mi diario, que comencé a llevar en segundo de BUP, escribí de un día aciago: «Ya no soy yo mismo. Hoy me he cruzado con ella y sus amigas en el pasillo y, aunque iba hablando con Fabián, me quedé mudo, paralizado. Un repentino temblor atacó la parte izquierda de mi pecho y tuve que apoyarme en la pared para no caer al suelo…» Evidentemente mis reacciones no pasaban desapercibidas para nadie y menos para ella y sus amigas, aquel día, después de mi desfallecimiento las chicas se alejaron «riéndose a carcajadas de mí»
La fortuna quiso que ambos, tras el bachillerato, nos quedásemos en la ciudad: yo estudiando derecho; ella, trabajando en la librería de sus padres. Hasta que un día, antes de que, al fin, reuniera fuerzas para confesarle lo que ambos sabíamos desde hacía tanto tiempo, la atropelló un coche. Su muerte, que sucedió ya hace diez años, transformó mi vida de feliz en gregaria de una ciudad gris que quedó para siempre viuda, despojadas todas sus esquinas de la magia que ella les había regalado al habitarlas.





Nota del autor: Dante Alighireri (1261-1321) además del Canto Primero (Infierno) de su Comedia, que tiempo después Boccaccio calificó de “Divina”, escribió otros dos cantos, en los que describe el purgatorio y el cielo, y también La vida nueva, libro en el que recoge los sonetos que le inspiró su frustrado amor por Beatrice lo que permite ampliar el campo semántico de «lo dantesco».









domingo, xuño 10, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León ( VII )

El Diario de León en Filandón [sus páginas culturales sin cibersitio, ya saben] acoge hoy otro de mis microcuentos. De nuevo todo mi agradecimiento a don Alfonso García por dar publicidad a mis ocurrencias.












domingo, maio 27, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León (VI)

CUENTOS.

Hoy, en el suplemento Filandón (siguen sin cibersitio) de Diario de León Alfonso García tiene a bien acoger otro de mis microcuentos.

Puede saber más sobre las verdades de la mentira de este relato pulsando aquí.


PEQUEÑOS TESOROS.





A la memoria de Isaura Mouriño.




Todos los días, a eso de las ocho, bajaba por la Avenida revisando los contenedores “Están llenos de tesoros –me dijo cuando reuní valor y hablé con ella─ la gente tira cosas nuevecitas”. Comenzaba por el basurero que está junto a la frutería: allí, en cajas de cartón, le dejan lo que tiene mal aspecto, lo que nadie compra. Ella examinaba lentamente las lechugas, los tomates, los pimientos y seleccionaba lo que aún eran aprovechable. “Con estos plátanos pasados me hago una papilla excepcional”
Siempre pensé que su casa sería como un enorme trastero lleno de cajas, ruedas, somieres, televisores... Con el palo de una vieja escoba sujetó la tapa de otro contenedor y dirigió su linterna (“la encontré tirada y aún funciona”) al interior, sacó varias revistas “entretienen igual las retrasadas”. Leía mucho y de todo: periódicos, libros, pornografía, tebeos y fascículos inverosímiles. Los contenedores son una enorme biblioteca, “más aún desde que han puesto esos azules, aunque para sacar revistas de fondo hace falta mucha maña” presumía otro día acariciando orgulosa un gancho que llevaba siempre colgado del cinturón. Desde aquella primera conversación hubo otros encuentros “A mi el reciclaje me ha facilitado las cosas mucho y eso que la gente no termina a acostumbrarse a separar”. Removía el interior de los contenedores con el gancho, levantaba una bolsa y la sostenía en el aire unos segundos, intentando averiguar, por el peso, su contenido. Sacaba alguna y, ya en la acera, la registraba. Así todos los días. “A veces, una se encuentra cosas insospechadas ──afirmó señalando un broche de plata que llevaba en la solapa─ ¿lo tirarían por error? Quizá tuviera prendidos malos recuerdos...” Todos los días el mismo recorrido, empujando la silla de ruedas Avenida arriba primero y después, cuando ya la suele llevar cargada de los pequeños tesoros de cada día, Avenida abajo de vuelta a casa. “Estas cajas de madera de la frutería son muy buenas para hacer fuego en invierno, prenden muy bien” Le dije que tuviera cuidado porque hacer fuego en casa era muy peligroso. Se rió con sus dientes oscuros “No te preocupes, Él cuida de mí”- me replicó señalando al cielo. Yo temía leer en el periódico su muerte como tantas otras: “un caso más del síndrome de Diógenes cada vez más frecuente bla, bla, bla...” hoy, en el trabajo, comentaban la muerte de “esa señora que rebuscaba en los contenedores, ¿sabes quién te digo?” Yo lloré en silencio la pérdida de mi amiga: otro pequeño tesoro.




luns, abril 16, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León (V)

CUENTOS.

El número del 15 de abril de El filandón (las páginas literarias dominicales de Diario de León) vuelve a acoger algunos de mis microcuentos. Como el suplemento sigue sin tener ciberpágina los dejo aquí tal y como fueron publicados. De nuevo gracias a don Alfonso García por permitirme llegar a más lectores.

CONSTELACIÓN DECIMOCTAVA.

SERGIO B. LANDROVE.

Volver.

Al ordenar la mesa de su despacho inconscientemente colocó los bolígrafos como lo hacía cuando terminaba los deberes de la escuela. Miró su gris oficina con otros ojos y, sin despedirse de nadie, salió corriendo. Era viernes y casi podía oler el chocolate que su madre le había preparado en casa para merendar.
***

Protolaboratorio.

“Cuando comprimimos la oscuridad –dijo el Maestro- la nada llega a su mayor densidad, a, podríamos decir, su punto álgido. Es la máxima expresión de la soledad y la tristeza. El reino de la muerte. Un instante después, al que no pocos llaman pomposamente la Eternidad, se produce un fenómeno paradójico: de la absoluta oscuridad brota irrefrenable la luz y la nada se descompone en pequeñas partículas incapaces ya de afectar al conjunto.”

***


Mandarinas.

No pudo quitarse en todo el día el olor de las mandarinas de sus dedos. Ni siquiera después de lavarse tres veces las manos. Tampoco tras arrancarle el corazón, sin más ayuda que la de un cuchillo, a aquel cabrón que tanto mal había hecho a su familia.
***

Duermevela.

Me desvelo en mitad de la noche. Intentando encontrar una postura que me permita conciliar el sueño, meto mi brazo derecho bajo la almohada. Siento la frialdad del metal, sigo palpando y reconozco el objeto, es una pistola. “Estás soñando –me digo- ¿para qué ibas a tener una pistola?” Antes de abrir los ojos la vuelvo a tocar, “no es un sueño”, he reconocido el cañón, la culata y el tambor, “es un revólver”. Con cuidado lo dejo sobre el colchón a la altura de mi pecho. Lentamente abro los ojos y veo que, en realidad, es una espumadera. “Sin duda estoy soñando”, concluyo. Me acomodo y el sueño me vence.
A las ocho suena el despertador. Tras ducharme, vestirme y desayunar saco la pistola de debajo de la almohada y la guardo en el bolsillo de la cazadora. Salgo a la calle. Tengo un trabajo que hacer.
***


Querida Luisa:

Antes de la cena de mañana quería aclararte mi versión de los hechos. Mis padres siempre fueron aficionados al deporte del pedal y las escapadas, los “sprints” y los grandes “col” (que es como se debe denominar correctamente a los puertos de montaña) presidían mis juegos de mayo, junio y julio desde bien pequeño, así que fui dejando a un lado mis juguetes para fijarme en la lucha de los ciclistas, en su incansable esfuerzo bajo, generalmente, un sol de justicia.
Pero siempre me sorprendió la capacidad profética de las personas mayores. El día anterior daban por ganador a uno de los corredores y siempre acertaban. No podía entender porque no aplicaban su infalible clarividencia a otros deportes porque cuando alguien les preguntaba por el resultado de un partido de fútbol y contestaban, por ejemplo, “3-0”, no lo hacían con la misma seguridad con la que, impostando la voz, adelantaban el nombre del ciclista que subiría a lo más alto del podio de las Campos Elíseos. Ciclista que, por cierto, nunca era un velocista de acuerdo con la clasificación cuatripartita de mi madre sobre atletas del pedal, a saber: primero, velocistas o “esprinters”; segundo, escaladores; tercero, contrarrelojistas y cuarto, gregarios o “del montón”. Teóricamente, y por lo poco que yo entendía, las últimas etapas de las grandes vueltas eran “ideales para los sprinters”. Entonces, ¿por qué nunca un velocista había ganado la Vuelta a España? Para mí era todo un misterio, así que decidí (creo recordar que fue durante el segundo Tour que afronté con uso de razón después de comprobar que en Giro y Vuelta de ese año se repetían los certeros pronósticos) prestar un poco más de atención a la última etapa.
En París ganó un velocista. Una sensación de triunfo inundó mi cuerpo, mi breve razón había vencido a las predicciones de mis padres. Pero la luz que el éxito había encendido en mis ojos y la enorme sonrisa de la victoria se apagaron al ver que a lo más alto del podio subía el ciclista al que todos habían encumbrado previamente. Indignado grité: “¡Esto es una estafa! ¿Por qué no premian al que ganó el Tour? ¿Por qué sube al podio ese que hoy llegó perdido en el pelotón?” Evidentemente se rieron de mi ingenuidad y cuando, varios minutos después, lograron contener sus carcajadas, me explicaron el funcionamiento de las grandes vueltas y las diferencias entre “etapa” y “clasificación general”.
Aún me avergüenzan con una versión humillante y falsa que han ido construyendo a lo largo de veinte años de reuniones familiares. Probablemente mañana te la cuenten y no quiero que te hagas una idea falsa de mí por culpa de los que conspiran para acabar con mi imagen.

Mil besos.

domingo, febreiro 04, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León ( IV )

Hoy, en El Filandón (Sin sitio virtual) de Diario de León, tres nuevos microcuentos que ya fueron publicados en esta Constelación.

CONSTELACIÓN DECIMOCTAVA

Sergio B. Landrove.



UN ACTO DE HUMORISMO (MUERTE APÓCRIFA DE E.J.P).

La sociedad ata con extrañas cadenas
T.W.Broise.

Todos los días le veía asomado al balcón. Era uno de sus autores teatrales favoritos. “¡Qué irónico!, ¡Qué golpes de efecto!, ¡Es la caraba!” decía a sus amigos. Llevaba tiempo pensando que podría decirle algo, incitar una anécdota que luego poder contar en el trabajo; quizá, provocar una amistad con “el más grande de los dramaturgos de España”.
Después de mucho meditarlo, aquella mañana se armó de valor y gritó, mirando hacia el balcón del quinto piso: “¡Salta!”
Enrique Jardiel Poncela, que rápidamente comprendió que no podía defraudar a su admirador y no se había levantado demasiado inspirado aquella mañana, simplemente obedeció.



***




TEORÍA Y PRÁCTICA.

No hay más vida que la que disfrutamos aquí y ahora, en este segundo se concentra toda nuestra esencia humana. He sobrevivido al antes. Puedo afirmar que viví escribiendo: «No hay más vida que la que disfrutamos aquí y ahora, en este segundo se concentra toda nuestra esencia humana. He sobrevivido al antes. Puedo afirmar que viví escribiendo: «No hay más vida que la que disfrutamos aquí y ahora, en este segundo se concentra toda nuestra esencia humana. He sobrevivido al antes. Puedo afirmar que viví escribiendo: «No hay más vida que…

(De la existencia -fragmento-, de Franz H. Röedder)



***




PRESCIENCIA*.

Sentada en su sillón leía, para hacer tiempo, una revista. Sin saber muy bien la razón (una foto le llevó a un pensamiento y éste a otros) imaginó un perro, grande y negro, aullando al firmamento. Desde la calle, atravesando la consistencia de los cristales, le llegó un aullido. Miró por la ventana y sonrió ante la casualidad. Continuó ojeando la revista. Un breve artículo reseñaba una obra de teatro que había visto hacía tiempo en otra versión. Recordó a la amiga que le había acompañado a la representación. Sonó el teléfono. « ¡Cuánto tiempo! Precisamente ahora estaba pensando en ti…» La sonrisa se transformó en gesto preocupado. Tuvo miedo y se murió.



***




*En el periódico corrigen el título del relato y publican Presencia ( ), pero “presciencia” fue mi idea original.

mércores, xaneiro 24, 2007

Constelación decimoctava en Diario de León ( III ).

Microeconomía, un microcuento que el pasado domingo, 21 de enero, me publicaron en las páginas culturales de Diario de León.


Constelación decimoctava.

SERGIO B. LANDROVE.

MICROECONOMÍA.

Enero. En las rebajas.
“¡Mira esas botas!” Dijo él frente a un escaparate. “¡Son preciosas y sólo cuestan quince euros! ¿Tendrán mi número?”
“No necesitas botas, tienes suficiente calzado de invierno”
“Para este año sí pero, ¿y para el próximo? Es mejor comprarlas ahora que en Noviembre. ¡Menudo ahorro! Voy a entrar a preguntar.”
Al rato el hombre salía con otra bolsa más colgada de su mano.

Octubre. Cortando leña. BBBBBBBRRRRRUUUUUUUUUUMMMMMMMMMM BBBBRRRRRRUUUUUUUUMMMMMMMMM BBBBBBBBRUUUUMMMMMM

La motosierra apenas permitía escuchar el canto del mirlo que finalmente se fue de aquél claro del bosque vencido por el estruendo de la técnica.

BBBBBBBBBBBBBBRRRRRRRRRUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMMMMM
BBBBBRRRRRRUUUUUUMMMMM BBBRRRUUUMMM

“¡Ay! ¡Mecagoenlosperros!”
Por suerte había llevado el teléfono y la ambulancia llegó en diez minutos. El mirlo sonreía desde una rama.

Noviembre. En todas las farolas de la ciudad colgaba un pequeño cartel de papel amarillo en el que se podía leer:



SE VENDEN BOTAS A ESTRENAR.
PRIMERA MARCA. NÚMERO 42.
TELÉFONO 61941324.

domingo, decembro 17, 2006

Constelación decimoctava en Diario de León ( II )

El Filandón [sin ciberpágina], suplemento dominical de cultura del Diario de León, me publica hoy algunos microcuentos que ya habían visto a la luz en esta bitácora hace, más o menos, un año. Mi más sincero agradecimiento a don Alfonso García coordinador de esas páginas por su desinteresada (espero) hospitalidad.

Constelación decimoctava.



SERGIO B. LANDROVE.



TELEVISIÓN.

El presentador del telediario se esforzaba por concentrarse en el texto de las noticias y no fijar su mirada en el escote. Pero cada vez que alzaba la vista de los folios, sus ojos se posaban en el pecho de la espectadora que al final optó por ponerse un jersey, a pesar del calor.

***

SU GOZO…

-“¡Muy buenas tardes!” –dijo el poeta al entrar en la sala donde iba a dictar la conferencia.
Las ilusiones de algunos de sus más fervientes seguidores se hicieron trizas ante tan usual saludo.
***


FÁBULA.

El homínido...

-¿Cómo que «el homínido»? Un homínido no puede ser protagonista de una fábula. Nos merecemos algo más: un relato que, en definitiva, es una pequeña parte de La Historia.

RELATO.

El homínido, al presentir cual iba a ser su futuro, regresó a las ramas no sin antes arrear una pedrada al erudito que había logrado retrasar miles de años la evolución de la especie.
***


OMNIA VANITAS.


El escritor bisoño después de que alguien le dijera “te estás convirtiendo en un maestro del relato breve” no pudo contener una sonrisa de oreja a oreja. Minutos después leyó una crítica a su obra que la calificaba de “extraordinaria” y “más que recomendable”. La sonrisa le siguió creciendo hasta que las comisuras de los labios se le encontraron en la nuca y su cabeza cayó al suelo cercenada por la vanidad.
***


DE TAL PALO.



Para Abril.



Ante la biblioteca, el protagonista de mi novela que, como tal, se creía señor de la historia, descubrió que era uno más. Un personaje mediocre sujeto a las mismas pasiones que cualquiera y, para colmo, criatura de un escritor endeble y poco original que no era mejor que él mismo. Perdió toda esperanza de mejorar a lo largo de la narración y todo se quedó en microrrelato.

luns, outubro 30, 2006

Constelación decimoctava en Diario de León.

Hace un par de semanas envié una selección de microcuentos a EL FILANDÓN (el suplemento cultural dominical de DIARIO DE LEÓN). Hoy descubro que ayer (domingo 29 de octubre de 2006), sin previo aviso, me publicaron tres bajo la rúbrica común de Constelación decimoctava. Como no se pueden consultar en la versión electrónica del periódico los dejo aquí tal y como fueron publicados.

Constelación decimoctava

SERGIO B. LANDROVE.

ACERCA DEL SER.

No somos nadie. Tautología.
Nunca llegarás a nada. Dogma de fe.
Fui feliz. Añoranza.
¿Qué será, será...? Banda sonora original.


SOMBRA.

El rayo de sol se coló en la habitación por un agujero de la persiana. Comenzó iluminando una diminuta parcela a la altura del techo pero, según avanzaba la mañana, bajó deslizándose por la pared. A mediodía, superadas las volutas de la cabecera, reposó en su almohada. Entonces se revolvió en la cama y el pequeño círculo iluminó su frente, justo en el lugar donde solía besarle al despedirme de él. Su carne comenzó a crepitar. Un grito espantoso acompañó el último estertor del vampiro.

UROBOROS.

El escritor consagrado no pudo soportar ni un segundo más aquel bodrio. Abrió la ventana, arrojó el superventas y se puso a escribir la crítica que le habían encargado. «Infumable y predecible», la tituló.
El libro, una trepidante intriga relacionada con los diarios personales de uno de los ayudantes del constructor de la catedral de León, cayó ante los pies de una anciana que paseaba por la acera aprovechando el sol del mediodía. No sin esfuerzo la mujer se agachó y recogió el tomo: “¡Qué sorpresa! –le dijo- ¿Cómo sabías que estaba pensando en ti?” Había oído hablar tanto del libro que decidió subirlo a su casa para que la acompañase en las tardes de aquel invierno tan frío. En primavera la terminó. Nunca había leído una novela y aquella la había seducido “¿Hasta dónde llegará la ficción?”
Fue a la biblioteca pública y devoró dos tratados de arquitectura gótica y una historia de las herejías medievales. Unos libros le fueron llevando a otros y encontró gusto por la poesía y el teatro. Siempre se la veía con un libro bajo el brazo.
Al invierno siguiente no era capaz de comprender como Amalia, su mejor amiga, era capaz de perder el tiempo leyendo «Lo que es del César», el insustancial bestseller de moda.

Más relatos pulsando aquí.