Amosando publicacións coa etiqueta De lo acaecido y lo ficticio. Amosar todas as publicacións
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luns, marzo 31, 2014

Jacinto Batalla y Valbellido, un autor de referencia

(Un artigo en castellano)


Os amigos da ciberrevista El coloquio de los perros voltan a contar cun meu tento .

Neste caso  acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.

Poden ler o artigo completo pulsando aquí abaixo:



mércores, maio 23, 2012

Morlac, el tebeo de los senderos que se entrecruzan




1. Herbert Quain, Ts'ui Pên y Leif Tande

Los mundos que propone April March (la novela de Herbert Quain) no son regresivos, es la manera de historiarlos (…) Trece capítulos integran la obra. El primero refiere el ambiguo diálogo de unos desconocidos en un andén. El segundo refiere los sucesos de la víspera del primero. El tercero, también retrógrado, refiere los sucesos de otra posible víspera del primero; el cuarto, los de otra. Cada una de esas tres vísperas (que rigurosamente se excluyen) se ramifica en otras tres vísperas de índole muy diversa. La obra total consta, pues, de nueve novelas; cada novela, de tres largos capítulos

(Examen de la obra de Herbert Quain, de Jorge Luis Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan, 1944)


Casi en el acto comprendí El jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica, la frase varios porvenires (no a todos)me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras,; en la del casi inextricable Ts'ui Pên opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan.

(El jardín de los senderos que se bifurcan, de J. L. Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan, 1944)

La idea de Morlac me vino durante una exposición de obras del pintor David Bradbury. Las formas y los colores, la yuxtaposición de los personajes, todo este universo a la vez tan creíble y tan emocionante inició un proceso cognitivo cuya resultante fue la subdivisión simultánea del vínculo del guión y la partición intrínseca de la relación tiempo/espacio de la historia sobre la que trabajaba. Fue entonces cuando el relato se adueñó del destino y se subdividió en innumerables ramificaciones simultáneas. Ahora le toca al lector encontrar el hilo conductor y decidir que avenidas tomar para guiar el personaje hasta el final del relato. ¡Cuidado! Una mala opción puede significar un callejón sin salida del guión... Asi como la muerte del personaje!* (sic)

Prólogo de Leif Tande en Morlac, Diábolo ediciones, 2006

2. Morlac: instrucciones de uso.

En la historieta Morlac la forma tiene mucha importancia. Las páginas del tebeo se dividen en doce viñetas pero no todas son así: las hay con una sola viñeta y solo las páginas 44 y 45 tienen las doce. Pero cuando hay menos de doce viñetas no es porque dos tres o seis viñetas se dividan la página de una manera determinada para narrar lo que sucede (lo habitual en los tebeos) sino que las viñetas están colocadas en un lugar determinado. La página se divide siempre en una red de 3 x 4 viñetas.



La peculiaridad está en la forma de leerse, no ha de irse de arriba a abajo y de izquierda a derecha sino seguir página a página en la viñeta que está colocada en la misma posición. Intentaré explicarme mejor:

La historia empieza en la viñeta 8, es decir, en las cinco primeras páginas (págs. 5,6,7,8 y 9) solo hay una viñeta, la 8. Precisamente en la página 10 es cuando aprendemos a leer la historia pues ya no hay viñeta 8 sino 7 y 9 porque en la página anterior el protagonista se encuentra en una encrucijada en la que puede ir a la izquierda (viñeta 7) o a la derecha (viñeta 9) y según el lector elija la historia avanzará bien por las viñetas 7 o bien por las 9 de las sucesivas páginas. De vez en cuando se van abriendo nuevos caminos a la izquierda, a la derecha, arriba o abajo hasta esas páginas 44 y 45 en que aparecen las 12 viñetas. Podemos elegir el camino, ser más que en otras historias, coautores al interpretar la historia.

3. Elige tu propia aventura.

Además de los referentes más cultos (por Borgeanos) que di arriba el tebeo de Tande no me deja de recordar a aquellos libros de Elige tu propia aventura que tuvieron cierto éxito en los años 80, en los que los lectores podíamos decidir yendo a una u otra página el destino del protagonista (una Rayuela voluntaria).



4. Las viñetas que se entrecruzan.
 
Pero lo más interesante de la historieta de Tande no es tanto que podamos ir variando de alternativas para que la historia del personaje dure más o menos (muchos de los caminos se acaban pronto -no diré las razones- y bastantes llevan hasta el final de la historia o, al menos, hasta la última página) sino que algunas de las acciones del protagonista en un plano producen efectos en otros de los planos de la narración. De tal manera que solo después de leer todas las opciones: empezar las veces que sea necesario (no he contado las historias posibles) se puede comprender todo lo que se dice en el tebeo porque determinados personajes brotan de alguno de los escenarios alternativos que hemos creado -o crearemos- al cambiar de viñeta. Son historias paralelas, desde una perspectiva espacio-temporal “acaecida”**, pero coexistentes desde la realidad** espacio temporal que crea Leif Tande. Si en El jardín de los senderos que se bifurcan: (…) en todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras,; en la del casi inextricable Ts'ui Pên opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan (…) en Morlac esos diversos porvenires además de proliferar y bifurcarse se entrecruzan.En vez de abrirse hacia una dimensión inabarcable se cierran en su propio ombligo, otra forma paradójica del infinito.


* Puede que esta teoría no sea más que una farsa, por más que sea una descripción fiel y eruditísima de la historieta porque el autor crea otra ficción en la autobiografía ultrabohemia que cuela en la solapa.

** Cuando escribía con cierta frecuencia aquí diferenciaba lo acaecido (lo que usualmente se suele llamar “real”) de lo ficticio (lo inventado, en sentido amplio) como los dos elementos de la realidad. Algo más he explicado aquí: De lo acaecido y lo ficticio.



Para saber más:

Morlac y Leif Tande en Diábolo ediciones

sábado, novembro 12, 2011

La 2 noticias de ayer

Aún no sé muy bien el porqué pero ayer vi esto:

La 2 noticias (11.11.2011)

y me gustó.  Además me pilló medio dormido y me lo creí.

(Los comentarios ya los habéis leido en este blog antes en las secciones De lo acaecido y lo ficticio y La práctica de la impostura, a ellas me remito)


El colofón jardielano no hizo sino mejorar el conjunto.

martes, agosto 18, 2009

Más culos además del de Oja. (Retocando)



Y si es inquietante el efecto que el muy acaecido culo de Oja Kodar crea en Picasso y de rebote en el espectador de la película F for Fake, de Orson Welles [cfr. C18: La credibilidad de lo inverosímil, II]; hay otros culos, mucho más reales, que son usados como arma de desconcierto. ¿Por quién? ¿Para qué? Hay días en que es difícil no creer en un gran narrador que nos guía de acuerdo con un plan preconcebido y no me refiero a Dios precisamente.

Hace tiempo escribí aquí [La credibilidad de lo inverosímil, I] de refilón sobre un cibersitio interesante, The art of detouch, en él podemos comprobar como la cirugía estética no es suficiente para alterar la realidad; y lo ficticio tiene que intervenir aún más en lo acaecido borrando arrugas y pliegues, alzando pechos, rebajando cinturas, exterminando lunares...

Como diría un periodista las imágenes hablan por si solas


Fuente de la imagen.


pero no me resisto a meter baza para lamentar el tiempo que perdemos intentando alcanzar utopías imposibles mientras dejamos otras, sólo improbables en el tintero.


Más en:


The art of detouch.

sábado, xaneiro 05, 2008

Cousas do Kulechov, de Susana Rey Crespo.


Reciclo el titulo de uno de los asientos de esta Constelación ( La ficción nuestra de cada día) para nominar unas reflexiones sobre este estupendo cortometraje que pude ver en la pasada edición del festival de cine de Ponferrada (Muchas gracias a sus organizadores por intentar desperezarnos de lo que manda el dinero).

Juan de Dios García ha querido acoger en las páginas de su El coloquio de los perros la crítica, un tanto pedantesca que me suscito la muy interesante pelicula de Susana Rey. Si les apetece pueden leerla pulsando sobre el título



Por cierto después de leer el final convendría recordar que quizá:

El niño que osó decir «El emperador está desnudo», ¡ay!, acaso también estaba pagado por el propio emperador.
[Vendrán más años malos y nos harán peores. Rafael Sánchez Ferlosio.]





Más sobre estas cosas en:

Axencia audiovisual galega: Ficha técnica de Cousas do Kulechov.


C-18:
Los archivos de la Organización del Poder Apócrifo: Quién no es quién y La práctica de la impostura.

De lo acaecido y lo ficticio.

luns, xullo 09, 2007

Del funcionamiento del periodismo.

En algún lugar de la página 45 falta una coma, por voluntad consciente o incosciente del linotipista de turno que dejó de ponerla ese día, a esa hora, en esa máquina; cualquier desequilibrio que este error ocasione al mundo es responsabilidad suya.



(Augusto Monterroso, FE DE ERRATAS Y ADVERTENCIA FINAL, en Movimiento perpetuo).




Hace cosa de un año, tras escribir para la sección Quién no es quién de esta bitácora una biografía del maestro Sabino Ordás, Miguel Ángel González me animó a que la convirtiera en artículo y se comprometió a hacer lo posible para que la publicasen enviándoselo a un amigo suyo, redactor de Diario de León. Así lo hice y el resultado fue En los cien años de Sabino Ordás, artículo que pueden leer pulsando aquí.

Como realmente, cuando llegó al Diario, ya corría el año ciento uno de la vida del maestro de Ardón y los periódicos son rehenes de la “actualidad” el texto no fue publicado aunque me dijeron que era interesante.

El pasado 30 de abril don Sabino volvió a ser carne de noticia tras la aparición de un libro de sus más cimeros discípulos (Aparicio, Mateo y Merino, ya saben) que Ordás prologa con la maestría de siempre. El Diario le dedicó una página de su sección de CULTURA dividida en cuatro partes:

la primera dedicada a la presentación del libro,

la segunda transcribe la reseña editorial del volumen,

la tercera copia parte del prólogo de don Sabino

y la cuarta habla del maestro de Ardón.

La página la firma Emilio Gancedo, el redactor amigo de Miguel Ángel y cuando vi el retrato de don Sabino que acompaña la noticia me dije «Algún efecto tuvo el artículo que le envié» Luego leí el texto que comienza diciendo:

Dicen que tiene ya cien años, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta y en ese punto es un poco como don Victoriano Crémer. El hecho es que Sabino Ordás, el filósofo de Ardón que nació en alta mar a bordo del buque Covadonga, ha reaparecido para firmar el prólogo de esta obra, […]

Mis ojos volvieron atrás ¿Nació en alta mar a bordo del buque Covadonga?

Les ruego que lean mi biografía, ahí en la columna de la derecha,… Supongo que Gancedo buscó algo de documentación sobre el maestro y el buscador electrónico le trajo a esta Constelación y mezcló algunos datos. Sabino Ordás, hasta donde yo sé, no es naonato como un servidor sino que nació en Ardón y no en un barco que regresaba de América. Después sí tuvo que marchar a América y quizá lo hiciera desde Vigo en el trasatlántico que, años después, me vería nacer a mí. Pero eso debiera decirlo él y no yo.




venres, xaneiro 12, 2007

O misterio da estrada de Sintra, una novela al director.

ARCHIVOS DE LA O.P.A.
LA PRÁCTICA DE LA IMPOSTURA.

El 23 de julio de 1870 el Diario de noticias de Lisboa publicaba una nota bajo el título Última hora con el siguiente texto:

A punto de cerrar nuestra edición, hemos recibido un escrito singular. Se trata de una carta sin firma enviada por correo a nuestra redacción. En ella se inicia una narración estupenda acerca de un horrible y misterioso suceso. El interés que despierta y su calidad literaria nos determinan a transcribir íntegro tan interesante documento, cosa que haremos mañana domingo*.

Se presentaba así un experimento literario urdido por José María Eça de Queiroz y José Duarte Ramalho Ortigão que tendría en vilo a los lisboetas durante varios meses. Los escritores decidieron hacer pasar por acaecido un crimen de su invención publicándolo en un periódico. El medio de difusión (la forma como en el caso del astrónomo turco de Le petit prince**) aportaba la credibilidad necesaria para que la historia, al más puro estilo folletinesco, adquiriese realidad a pesar de ser totalmente inverosímil. Un médico (que firma doctor X.), que es el primero en mandar la carta al director del Diario, narra como, volviendo con un amigo a Lisboa por la carretera de Sintra, les secuestran unos enmascarados que les llevan a una extraña mansión en la que les enseñan el cadáver de un hombre. Al rato aparece otro individuo –identificado por sus iniciales: A.M.C.- que se confiesa autor del crimen aunque no sabe aclarar determinados datos evidentes para los “descubridores” del cadáver. La narración se va completando con cartas de otros testigos de la misteriosa historia.


Fragmento de la primera entrega de O misterio da estrada... (Fuente de la imagen)


La trama difundida en el periódico cobra rápida fama en Portugal y además de las cartas de Eça y Ramalho, muchos lectores envían sus testimonios respondiendo a las incitaciones de los autores. Así una de las cartas del doctor X concluye diciendo:

P.S. Un detalle que puede dar alguna pista sobre la calle y el emplazamiento de esta casa: alrededor de medianoche oí pasar a dos personas, una iba tocando la guitarra y otra cantando un fado que decía:

“He escrito carta a Cupido
y en ella le preguntaba
si a un corazón ofendido…”

Del final no me acuerdo. Si alguna de esas dos personas llega a leer esta carta y pudiera acordarse de la calle por donde pasaban y de la fachada delante de la cual cantaron esta copla, creo que supondría una colaboración muy valiosa
*.

Y más adelante se incorpora una (apócrifa) Nota del Diario de noticias que dice:

En el original de la carta que publicábamos ayer había unas cuantas palabras escritas a lápiz en la que no nos fijamos hasta después de hecha la tirada del periódico. Dicen así: “La fotografía del enmascarado (NOTA DE SBL: de ella se habla en la trama de la novela al director) está hecha en casa de Enrique Núñez, en la calle de las llagas, Lisboa. Quizá allí puedan dar algún informe del individuo retratado

En el prólogo de la edición de Nostromo en 1974 dice Carmen Martín Gaite que mucha gente tardó en darse cuenta –y algunos no se la llegaron a dar- de que se trataba de una novela, hasta el punto de que, junto a las cartas apócrifas que se iban publicando y que componen la trama de la narración, se recibieron también otras, de personas de carne y hueso obsesionadas por la lectura, como la de un tal João Viegas Ferraz, quien declaraba haber visto parado cerca de Cacém un coche de caballos que bien pudiera ser el de los enmascarados que asaltaron al doctor X, y haber encontrado tirado en el suelo un objeto de oro que describía por si acaso pudiera pertenecer a alguno de los personajes envueltos en aquel misterio. También hubo gente que, recelosa de posibles emboscadas, dejó de ir a Sintra por aquellas fechas; y se corrió la voz de que el gobernador civil de Lisboa había llegado a enviar al Ayuntamiento de Sintra una orden para que se procediera a las averiguaciones policíacas (…)

El increíble poder de la prensa llevado hasta sus últimas consecuencias: al no señalar expresamente que el relato era ficción pasa por real amparado en que los diarios siempre narran verdades (nadie cree esto pero todos lo aceptamos todos los días) y, los autores, quizá sorprendidos por la repercusión de su experimento, introducen un personaje, que firma con la letra Z. y se dice amigo de A. M. C., que adopta la postura del que duda sobre el acaecimiento de los hechos y en sus argumentaciones introduce elementos para descubrir lo ficticio de la trama:

He venido siguiendo, como todo el mundo en Lisboa, las cartas insertas en su periódico y en las que ese doctor anónimo relata ese caso que ustedes han tenido a bien titular El misterio de la carretera de Sintra. Me sentí interesado en sus vicisitudes y seguí el relato con la curiosidad despreocupada que suele prestarse a un canard amañado con ingenio, a una novela (…) con que la vena fantasiosa de los folletinistas franceses y americanos vienen de cuando en cuando a reclamar la atención europea presentándoles un tema sensacional. La narración de su periódico tenía para mí la original ventaja sobre otras del mismo tipo que he leído de que ocurrieran los sucesos simultáneamente con la lectura, de que los personajes fueran anónimos y de mantener el meollo sustancial del enredo tan secretamente encubierto que ningún lector podría ser capaz de aducir pruebas contra la veracidad de este caso portentosamente novelesco que el autor ha tenido a bien lanzar en medio de la rutina y la prosa de esta sociedad sosa y honesta en que vivimos*.

Z. (conviene recordar que es un personaje de los autores) se toma desde un principio todo como una novela pero la aparición en escena de A.M.C. cuyas iniciales, ocupación y descripción coinciden con las de un amigo suyo le llevan a replantearse su postura y ver el caso como asunto acaecido. Eça y Ramalho desvelando, en parte, la técnica y los trucos usados, dotan de mayor credibilidad aún al todo. Luego continúa Z. que se ve asaetado por la triste obligación de prestar crédito –sea total o parcial- al relato de su periódico; el cebo de verosimilitud está perfectamente trabado.

La trama continúa con las cartas de otros implicados y, en otra carta posterior de Z., los autores de nuevo lanzan pistas envenenadas sobre la ficción de todo:

(…) Ya le advertí, señor director, en mi primera carta que (…) estaba decidido a desentrañar la tenebrosa historia que hace más de una semana viene apareciendo en su periódico. (…) Pero no he sido capaz de lograr mi propósito: pesquisas, interrogatorios, visitas a los sitios, todo ha resultado inútil. La historia se desvanece cada día más, perdiéndose entre una niebla que la enmascara (…) Vista la imposibilidad de descubrir mediante datos reales y por esas calles de Dios la última verdad de este caso, se me ocurrió venir a indagarla dentro de las propias cartas del médico.

Y finalmente concluye:


El misterio de la carretera de Sintra es una invención. No una mera invención literaria, como había supuesto en un principio, no; una patraña criminal que alberga designios concretos.

Z. piensa que todo son ardides, maquinaciones y pistas falsas lanzadas por el doctor X. y los demás asesinos para ocultar su crimen desviando la atención hacia otros. Z. descubre que se puede emplear un periódico para difundir una ficción y hacerla pasar por algo acaecido, es decir lo que hacen Eça y Ramalho con su novela. Como manda la tradición falsaria los autores no dejaron de afirmar la falsedad de la trama, más o menos directamente.

Es una novela al director pues a el del Diario de noticias se dirigen los diferentes capítulos y aprovecha el valor que damos a lo impreso en los periódicos para jugar con lo real (lo acaecido y lo ficticio) de una manera que no se puede hacer en una novela ordinaria. Los propios lectores viven en el “mundo ficticio” que los autores van creando carta a carta en El misterio de la carretera... Se podrían buscar ejemplos semejantes en determinadas “tramas” con las que ocupan nuestra atención los medios de comunicación pero la técnica, en su esencia, es la misma que la ensayada por los dos escritores portugueses en 1870.

NOTAS:


*Traducción de Carmen Martín Gaite. El misterio de la carretera de Sintra. (Editorial Nostromo, 1974)

**Ver aquí, en C-18, la anotación titulada La credibilidad de lo inverosímil (II).


Hay una edición reciente de la misma traducción de la novela de Editorial Acantilado.

domingo, abril 09, 2006

La credibilidad de lo inverosímil. ( y III )

Establecidas las bases sobre las que actuar lógicamente –que según sea la osadía del impostor pueden ser mínimas- basta saberse personaje de ficción y actuar como tal, ni siquiera importa que haya contradicciones pues en la vida real también las hay. Con estas premisas es relativamente fácil que unos juristas aplaudan la necesidad de legalizar la compraventa de votos o algunos empresarios el absurdo “Apéndice para el control del empleado” ( The Yes Men) o que en algunos ensayos aparezcan citados como autores acaecidos determinados heterónimos ( J. M. Martínez Cachero en La novela española entre 1936 y 1980. Historia de una aventura., Castalia, 1985, pag. 43. cita el testimonio de Sabino Ordás para confirmar la existencia de uno de sus -del inacaecido don Sabino- personajes: Claudio Bastida y, más recientemente, M. A. González en sus Quinientas razones… también cita al señor Ordás. Como los creadores de S. O. – Aparicio, Mateo y Merino- lo suelen citar sin mencionar su carácter apócrifo la “falsedad” corre y su “existencia” se va reforzando con las continuas referencias).

Así opinaba también Ebenezer Bogle –un personaje de la Historia universal de la Infamia (1935) de J.L. Borges*- que con el fin de apropiarse de una herencia convence a su amigo Arthur Orton (un palurdo desbordante, de vasto abdomen, rasgos de una infinita vaguedad, cutis que tiraba a pecoso, pelo ensortijado castaño, ojos dormilones y conversación ausente o borrosa) para que se haga pasar por Roger Charles Tichborne (esbelto caballero de aire envainado, con los ojos vivos y la palabra de una precisión ya molesta) no lo hace él mismo porque es negro y quizá hay barrera que ni los más grandes fingidores pueden saltar, Así lo explica el propio narrador del relato: El proyecto era de una insensata ingeniosidad. Busco un fácil ejemplo. Si un impostor en 1914 hubiera pretendido hacerse pasar por el Emperador de Alemania, lo primero que habría falsificado serían los bigotes ascendentes, el brazo muerto, el entrecejo autoritario, la capa gris, el ilustre pecho condecorado y el alto yelmo. Bogle era más sutil: hubiera presentado un káiser lampiño, ajeno de tributos militares y de águilas honrosas y con el brazo izquierdo en un estado de indudable salud. No precisamos la metáfora; (…) Bogle sabía que el facsímil perfecto (…) era de imposible obtención. Sabía también que todas las similitudes logradas no harían otra cosa que destacar ciertas diferencias inevitables. Renunció, pues, a todo parecido. Intuyó que la enorme ineptitud de la pretensión sería una convincente prueba de que no se trataba de un fraude, que nunca hubiera descubierto de ese modo flagrante los rasgos más sencillos de convicción.



*Concretamente de su relato EL IMPOSTOR INVEROSÍMIL TOM CASTRO.

La credibilidad de lo inverosímil. ( II )


Pero no está tan claro que lo fantástico no pueda ser instrumento para el engaño. La argumentación de Lewis se cae por su propio peso si atendemos a los debates entre los defensores de la selección natural y los de la teoría del diseño inteligente. (Entendiendo esta última, incluso, en sus posturas menos extremas y no las siempre más atractivas para hacer mofa de aquellos que creen el Génesis en su literalidad) Lo inverosímil (campo en el que podemos encuadras no sólo al fenómeno ovni y a los esoterismos sino también a la física de partículas y otras muchas verdades científicas que son literalmente “increíbles” para la mayor parte de los mortales) no me parece un auténtico límite para la credibilidad. La frontera está quizá en la lógica interna. Si la narración que va a ser base de la farsa está bien trabada poco importa lo que se diga. Esa lógica interna se puede fundar en elementos tan insignificantes como la apariencia del narrador o su criterio de autoridad:

Este asteroide (el B 612) sólo ha sido visto una vez con el telescopio, en 1909, por un astrónomo turco. El astrónomo hizo, entonces, una gran demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía, Pero nadie le creyó por culpa de su vestido. Las personas mayores son así.
Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muerte a vestirse a la europea, el astrónomo repitió su demostración en 1920., con un traje muy elegante. Y esta vez todo el mundo compartió su opinión.

(Le petit prince (1953) Antoine de Saint-Exupéry. Traducción al castellano Bonifacio del Carril para Ultramar-Emecé.)

También la construcción lógica puede asentarse en la credibilidad del medio a través del que se difunde (no es lo mismo una conferencia que una conversación en un bar) y, cuando se quiere hacer creer algo especialmente fantástico y el engaño se ejecuta ante los ojos del espectador, es necesario acudir a las artes mágicas y distraer la atención con algún otro elemento. Welles nos lo enseñó en F for Fake (Fraude) dejándonos ver como fijamos la atención en estímulos obvios para alejarnos del meollo del asunto:


El culo de Oja Kodar elemento que Welles usa para distraer la atención del público (¡ y hasta de Picasso!) en su soberbia película Fraude.


Se puede rebajar la incredibilidad de una mentira especialmente evidente acudiendo a métodos narrativos muy sencillos pero eficaces; incluir el elemento inverosímil en una enumeración con otros en el que el primero sea el único inexistente y dudoso. Lo deja claro Herman Hesse en su relato Herman Lauscher:

A pesar de ello, ya que yo mismo jugaba con mi inventiva infantil, se originaron en mi interior numerosas dudas. La duda más sincera la tenía contra la realidad de un Orbis pictus, mi libro de láminas preferido, que me acompañó desde que empecé a contemplar libros hasta que, ya un muchacho crecido, ejecutaba en mi vida el papel inverso que juegan Robinson y Gulliver en la vida real. Dudé durante mucho tiempo de que todas aquellas imágenes tuviesen su origen en la naturaleza, temeroso de que fueran meras fantasías pictóricas. Cuando contemplaba las reproducciones de caballeros o edificios u otros objetos históricos, me acordaba con satisfacción de mi astucia: también yo había dibujado a Aquiles y también había perfilando grandes catedrales y cosas parecidas, y las había hecho pasar ante mis camaradas por cosas verdaderas o por fieles reproducciones. Cuando mi padre se enteró de ello, abrió el libro por una de sus últimas páginas y me enseñó la imagen de una de las iglesias de nuestra ciudad, cuadro en que hasta ahora no me había fijado y que reconocí, inmediatamente, con gran consternación por mi parte. Desde aquel momento y durante bastante tiempo me persuadieron las palabras de mi padre haciendo que no albergase dudas.

(Herman Lauscher de H. Hesse. Traducción de Víctor Scholz para Plaza y Janés)

Por el mero hecho de aparecer los grabados en un catálogo en el que se encontraba también una reproducción del templo de su ciudad, Lauscher deduce que los demás también existen. Éste mismo método parece que fue usado por el traductor de Las mil y una noches para incorporar algún relato propio en la compilación y hay quien asegura que también Borges, Bioy y Ocampo colocaron apócrifos en su célebre antología del relato fantástico.

La credibilidad de lo inverosímil. ( I )

Como nadie puede engañarnos sin antes habernos convencido de que dice la verdad, es más fácil que nos engañe una historia que se ajuste a un realismo de contenido al menos superficial o aparente. Por eso podemos decir que el romántico más descarado engaña mucho menos que el realista más superficial, que la literatura ostensiblemente fantástica nunca consigue engañar al lector. Los cuentos de hadas no engañan a los niños. Las historias que sí suelen engañarlos, y mucho, son las historias que oyen en la escuela. La ciencia-ficción no engaña, las revistas femeninas sí. El peligro real acecha en las novelas de aspecto muy sobrio donde todo parece muy probable pero, en realidad, están concebidas para transmitir determinado comentario social, ético, religioso o antirreligioso "sobre la vida". Hablo de engaño porque al menos algunos de esos comentarios tienen que ser falsos.



C. S. Lewis, La experiencia de leer. [Cita tomada de Bienvenidos a la fiesta, la excelente ciberbitácora de Luís Daniel González, que conocí a través de Compostela.]

Para el autor de las Crónicas de Narnia nada fantástico, por inverosímil, puede llegar a engañar; por lo que lo increíble no puede ser instrumento de manipulación. Para Lewis el verdadero peligro se encuentra en lo expresado de forma realista: lo manifestado como verdad y con apariencia de verdad. Cita expresamente las revistas femeninas*, que no sé cómo serían en la época en que escribió su reflexión pero continúan siendo hoy un buen ejemplo de cómo los medios “periodísticos” se usan para la difusión de determinados modelos de pensamiento. La “tesis” ha abandonado la ficción literaria pero no la publicidad ni el periodismo.

* Escribo esto y aparece en el ABCD las artes y las letras un artículo en el que Nilo Casares equipara, en este aspecto, las revistas masculinas a las femeninas: De esto nace una intuición: las chicas de las revistas (lo que los yanquis llaman las pin-ups), no existen; básicamente porque nunca las ves por la calle, y también porque notas por las imágenes que algo no funciona, que son tan bellas como inciertas. Aunque si no te basta con la intuición y quieres comprobar que es así y que las chicas de las revistas son una mentira impuesta para mantener un modelo que sigue ajeno a cada uno de los cuerpos que somos, para desmaquillar las revistas, y seguir con toda la realidad que nos rodea, nada como un poco de desmaquillaje como el que nos facilita The Art of DeTouch (detouch.org).

luns, abril 03, 2006

La ficción nuestra de cada día.

Cuando escribí sobre el interesante proyecto del colectivo Todoazen (El año que tampoco hicimos la revolución. Caballo de Troya. 2005) me llamaron la atención las siguientes afirmaciones de sus miembros:

Nos gusta decir que (el colectivo) es una “célula de investigación”. Está formado por un grupo plural de gentes interesadas en “las narraciones de nuestro tiempo”, entendiendo el término narración en su sentido más amplio: lo que nos cuentan. Incluye la narrativa literaria en su modalidad más tradicional: libros de cuentos, novelas pero especialmente nos interesan otras narraciones menos obvias: la narración que vehicula la publicidad, la prensa, la música moderna, la administración judicial, etc. (…) Con ocasión de unas jornadas sobre la Literatura revolucionaria durante la República en las que participaba (se refieren a Constantino Bértolo, editor del libro) como ponente, nació la idea de “escribir” esa narrativa en la que flotamos, en la que estamos sumergidos y que muchas veces nos pasa inadvertida. Surgió la idea y nos animó a llevarla a cabo y en cierto sentido, ya como editor, nos ayudo a perfilarla.

Rebelión: Entrevista con el Colectivo Todoazen

Con ella hacen referencia a un presentimiento que nos turba, al menos, una vez al día cuando leemos el periódico “¿Será verdad?”. Ayer Javier Marías escribía en El País Semanal (afortunadamente también se puede leer en su ciberbitácora) sobre el particular; sin llegar del todo al fondo del asunto. Se limitaba a señalar lo necesitados que muchos de nosotros estamos de ser noticia (en nuestra sociedad sólo existes si sales en los papeles o en las televisiones) y como el periodismo tal y como está concebido puede ser peligrosa fuente de noticias.

LA ZONA FANTASMA: El defensor de ficciones. 2 de abril de 2006.

También ayer, curiosamente, Ricardo Chao en su Corazón de León desentrañaba una de esas ficciones nuestras de cada día el verdadero origen de la ínclita foto del miliciano abatido firmada por Robert Capa.

Imagino que dentro de no mucho tiempo volveré sobre el tema, si Dios quiere.

sábado, marzo 11, 2006

Fragmentos ( I ): De la realidad a la ficción.

Las noticias no sólo han sido usadas por el colectivo Todoazen para elaborar El año que tampoco hicimos la revolución (Caballo de Troya, 2005), los titulares de los periódicos son un elemento esencial para que avance la acción/ficción en las aventuras del escritor José Ditirambo que Gonzalo Suárez narra en Rocabruno bate a Ditirambo (1966) y La Reina Roja (1981).

Cuando, en la primera de esas novelas, Ditirambo acaba de matar a un policía creyendo que era uno de los asesinos que iban a buscarle y comprende que las cosas se le complican, su acompañante, la hermana de la viuda del oso de Riverdale (esto es otra historia) le dice:

-Es mejor que te vayas –aconsejó. Desconozco las causas pero preveo los efectos. Estas solo y te aniquilarán.
-Pero tú estás conmigo –objeté.
-Si yo estuviera contigo estaríamos dos veces solos –replicó.
-Puede que estemos solos –acepté-, pero no indefensos. Tenemos algo que ellos no tienen. Somos más inteligentes.
-De nada nos servirá la inteligencia, si nos comportamos tontamente.

Cogí el periódico leí:

ABEJAS MORTÍFERAS DE BRASIL.

RIO DE JANEIRO (Estado de Guanabara, Brasil). Amplias zonas del industrioso Estado de Sao Paulo se encuentran con una verdadera plaga de abejas mortíferas, descendientes de una castas que se importó de África para mejorar la apicultura, fuente de riqueza muy importante en esta zona. Esas abejas de origen africano, han causado la muerte de varias personas en el estado de Sao Paulo, y también han perecido cientos de animales domésticos y montaraces abatidos por los aguijones de numerosísimos enjambres.

Descolgué el teléfono y pedí una conferencia con Brasil:

-Soy José Ditirambo y estoy en Toronto –dije. Quiero que se me envíe con urgencia un cajón repleto de abejas mortíferas. Gracias.

Las abejas, claro, resultarán determinantes para salir del embrollo.


En La Reina Roja (1981) la prensa también se inmiscuye en la trama. Así comienza el capítulo el capítulo séptimo:

Abrí el periódico: Una jovencita de dieciséis años, con gafas oscuras y pelo lacio, mató a dos personas e hirió a nueve. Declaró que no le gustaban los lunes. Era viernes. Nadie sabe donde está Fischer. Yo tampoco. Le habían desposeído del título. A mí, de los papeles. El Banco Hispano Americano insertaba un anuncio: nosotros atendemos y tratamos a as mujeres igual que a los hombres. Yo también siempre y cuando no pertenezcan al departamento de publicidad del Banco Hispano Americano.

Yo creo que las citas de los periódicos que Suárez hace en sus obras son auténticas, es decir, fueron publicadas por los diarios del momento de la escritura de sus obras. En detrminados momentos puede llegar a dudarse pero sólo hay que echar un vistazo al periódico del día para saber que incluso las más descabelladas que se ensartan en Rocabruno… (con titulares aún más absurdos que el de las de las abejas mortíferas: SE RESQUEBRAJA EL TIBIDABO, PROCEDENTE DEL ESTE LA HIDROFOBIA SE CIERNE SOBRE EUROPA, UN TROLEBÚS SE PRECIPITA EN EL NILO, EL "GRAN DRAGÓN" DEL KU KLUX KLAN SE HA SUICIDADO, FURIOSO TEMPORAL SOBRE RIO DE JANEIRO, ¿PUEDE CHOCAR CONTRA LA TIERRA EL ATEROIDE ICARO? o NIEVE AMARILLA EN A SIBERIA ORIENTAL. *) son perfectamente comunes y no nos sorprenderían ni en las portadas del diario de mañana.

Sobre esas citas escribió Eugenio Trías que desempeñan una doble función en la obra de Suárez: 1) Una función formal. Constituyen el signo sustitutivo del espacio en blanco. Sirven de espaciamiento –juntura y separación-- de las secuencias (ocurrencias) del relato. 2) Una función material. Son, de hecho, ingredientes del relato… de un relato en el que el siniestro (…) constituye el tema el contenido.

Lo acaecido alimenta a la ficción.


* Esta noticia quizá también inspiró la canción Don´t eat the Yellow Snow del disco Apostrophe (´) de Frank Zappa.