En estos últimos días, me he topado con dos interesantes artículos relacionados con esos camelos que tanto me interesan:
Codex Seraphinianus, de David Hidalgo.
Jitanjáforas, de Bungo Bolsón (Alejandro Murguía).
martes, novembro 20, 2007
Más sobre el camelo.
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
20.11.07
0
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Rebusco electrónico.
sábado, xaneiro 13, 2007
Apuntes para una filología del camelo ( VI ).
Hace un tiempo, José Antonio Millán en su Blog del futuro de libro comentaba un nuevo caso de camelo que se queda algo fuera de mi capacidad de entendimiento. Se trata de El libro del cielo creado por el chino Xu Bing, un texto cuyos ideogramas no existen: combinan elementos presentes en caracteres chinos reales, pero carecen de significado. El Libro del Cielo está mudo... Leer el comentario completo de JAM pulsando aquí.
A raíz de un comentario mío a aquella anotación JAM trató el tema de los camelos en su otra bitácora (El candidato melancólico: Gliglícos y Jitanjáforas) y gracias a los comentarios de sus lectores descubro nuevos ejemplos interesantísimos en los que me empiezo a sumergir. Si Dios quiere seguiré con el tema.
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
13.1.07
0
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Un canon accidental
luns, abril 24, 2006
Apuntes para una filología del camelo ( V )
EL MOMECICLO O CAMELONCIO ( y II.).
Aunque Jardiel Poncela no goza el reconocimiento que merece en nuestra historia de la literatura (basta ver las sucintas referencias en los libros de texto) no le faltan discípulos que han transitado las sendas del momeciclo. Uno de ellos es su nieto (sé que el parentesco puede espantar a los lectores pero antes de prejuzgar lean alguna de sus obras en su excelente —y descacharrante- ciberbitácora Humoradas), don Enrique Gallud Jardiel, de su blog tomo el siguiente sinsentido (en el que el espíritu propio del momeciclo se mezcla con una sátira implacable):
Foruncios corviplastos: qué son, cómo se crumean y otras normas de mantenimiento (Artículo técnico para especialistas.)
Y, modestia a un lado, yo mismo ha intentado seguir los pasos de mi admirado EJP fabricando un híbrido de nonsense y lunfardo que los amigos de Le Rosaire de l´Aurore tuvieron a bien publicarme en su número cinco (enero de 2005):
EPITAFIO A JOSÉ BIOBARDI
Quizá la juventud de nuestros lectores sea la causa del desconocimiento que muestran en relación con el epitafio que nuestro colaborador Laureano Halfmöngrison escribió, en su día, para mantener viva la memoria del tanguista José Biobardi al que nuestro director hizo referencia en sus Comentarios Amperpapigios del número de diciembre como cosa conocida por el común de los mortales. Tras no recibir ninguna carta preguntando por el particular y considerando la cuestión como de evidente interés reproducimos a continuación toda una primicia editorial relacionada con el tema, el comentario que don Aquilino Fernández Artelo, insigne etnógrafo berciano discípulo de Dionisio L. Ruipérez, piensa dedicar al mencionado epitafio en su esperadísimo libro que rezamos para que encuentre editor Mil y un epitafios. Homenaje a Laureano Halfmöngrison.
“(…) Un ejemplo claro de esa adaptación a otras concepciones de la muerte, e incluso a otros idiomas, es el conocido epitafio que Halfmöngrison dedicó al tanguista José Biobardi. Asimismo estos versos manifiestan la profunda sensibilidad y receptividad del autor islandés para la esencia de otras culturas, especialmente las mediterráneas. Biobardi fue un conocido cantante de tangos bonaerense que en la década de los veinte compitió en justa lid con Gardel por el cetro del Rey del tango, su querencia por la bohemia y el hampa y su nulo control de sus más bajas pasiones le hicieron ser mucho mejor cantante, autor e intérprete que don Carlos pero menos de fiar para las compañías discográficas y, por lo tanto, menos “comercial” por lo que hoy es desconocido y sólo disfrutado por un selecto grupo de sibaritas. José Biobardi falleció, como no podía ser de otro modo, en una reyerta que tuvo como escenario un modesto lupanar, hoy visitado por muchos de sus seguidores. En su lápida se puede leer:
“Me abocané,
juro amigos,
que torimé jalonado”
Conviene, para mejor entender las virtudes del poema, precisar el sentido de las palabras. El significado del verbo abocanar parece evidente y la consulta a los especialistas confirma la intuición del lector, abocanar es morir. En cuanto a la perífrasis torimar jalonado The Boston Dictionary of Cameloncio, Momeciclo & Lunfardo (Boston University Press, 1979) afirma que significa “Acabar satisfecho. Aprovechar una oportunidad hasta las últimas consecuencias. Saciar plenamente el apetito. V. gr. ¿Qué tal la cena?; Torimé jalonado” El obituarista nórdico lleva el tema del carpe diem, con una precisión increíble, a la vida en los bajos fondos de los compadritos, espacio en el que, como dijimos, murió Biobardi después de apurar el cáliz de la vida hasta las heces.”
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
24.4.06
0
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., José Biobardi, Un canon accidental
Apuntes para una filología del camelo ( IV)
EL MOMECICLO O CAMELONCIO ( I ).
Como se ve en los anteriores ejemplos bajo toda construcción camelística subyace una gran carga de humor (prueben a leer en voz alta la Balada periódica mixta… de José Bastida o las versiones ibéricas del Jabberwocky) El distanciamiento humorístico del lenguaje es el que nos hace ver la incapacidad de los idiomas para cumplir su fin, pero antes de que caer en la aburrida teoría les pondré un ejemplo esclarecedor y divertidísimo.
En la interesante biografía novelada El hombre que mató a Jardiel Poncela (Planeta, 1997) Miguel Martín, discípulo de Enrique Jardiel Poncela, nos desvela los pasos que llevaron a su maestro a desarrollar su peculiar sinsentido.
Jardiel comienza dedicándose a los Aforismos entendidos como definiciones de cosas simples y vulgares que desbordan y distorsionan su contenido académico:
BOTE SALVAVIDAS: Lancha que sirve para que los que iban a ahogarse separados se ahoguen juntos*
El siguiente paso, siempre según don Miguel, fue que EJP decidió salirse del diccionario e inventar palabras sonoras inexistentes o mezclar las correctas hasta hacerlas incomprensibles, eso sí, con un ritmo desconcertante de efecto humorístico inmediato:
ILUSIÓN: Dícese ilusión aquel estado de reparaciones en el que aparecen con frecuencia corpúsculos cinegéticos, los cuales sirven de colofón en la risueña concomitancia.
el antecedente, que no cita el señor Martín, de estos nuevos aforismos podría ser el juego del diccionario del que tantos y tan buenos camelos han nacido.
La evolución por esta vía sólo podría llevar al más puro sinsentido: El paso siguiente es la invención de un léxico vacío, pero de una fonía que lo hace perfectamente creíble. Llamó a esta jerga momeciclo para terminar por referirse a ella como lo que era cameloncio. El momeciclo nace, y si creemos a Jardiel muere, con Las Dulzuras de Escajolia (Momeciclo en tres partes) * en el que el propio autor nos presenta el género:
Por primera vez voy a tener el gusto de brindar a mis lectores un “Momeciclo”, género literario de mi exclusiva invención, en el que se incluyen algunas palabras poco usadas en castellano (…) Espero que esta muestra de Momeciclo, género en que la idiotez, como puede comprobarse, roza varias veces lo genial, sea del agrado de ustedes (…)
Dos fragmentos de Las dulzuras…
Mil palacios de garraceno esplendor forman la capital del reino, y en ellos, como brifio e cosmas, resaltan los mármoles y pórfidos en que fueron construidos. Verlos desnutre; contemplarlos, cachena.
y de la tercera parte es imposible no destacar este diálogo:
-¿Quién sois? –dijo.
-Machuca –repuso el caballero sin nombre.
-¿Espardifais?
-Siempre.
-¿En parfuletes? –insistió el conde.
-De dos filas, señor –repuso el visitante.
(…)
Otro ejemplo de cameloncio es el encuentro entre el momeciclo y el lunfardo que se produce en la comedia Usted tiene ojos de mujer fatal en la que un personaje recita con absoluta seriedad:
Fiscalito del Supremo
que abocanás el boliche
y campeanás el fletiche
no me escrupiés el belemo
no me chalés el milongo
no me enramés el bailongo
de los rulos de gotán.
*Incluido en su miscelánea El libro del convaleciente (1939).
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
24.4.06
6
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Un canon accidental
sábado, abril 22, 2006
Apuntes para una filología del camelo ( III )
EL TRAMPINTÁN ( y II ).
El creador del trampintán, don Juan de la Coba y Gómez (1829-1899) nació en Ourense y la mayor parte de lo que sabemos de él se debe a su propia pluma. Así en una carta a Enrique Labarta*, director de la revista Galicia humorística dice: Yo soy el autor del trampitán, idioma que nadie fue capaz de aprender, y, además, uno de los mejores escritores dramáticos de España, pero tengo muchos enemigos, que bien sabe su primo que me atacan por todas parte, y quisiera que usted los rebatiera en su revista y en el frontispicio de una de sus obras de 1895 se puede leer uno de los muy pocos mejores escritores dramáticos de España, autor de muchas obras literarias cuarenta de las cuales se hayan aprobadas de Real Orden (…) Hay además títulos y diplomas a mi favor, ocultos por infames envidiosos
Carlos Casares dice que la invención del idioma obedece a la búsqueda de rima adecuada y añade J. M. Merino que, evidentemente, no hay palabra más exacta y adecuada que la que el autor elabora a medida en cada ocasión. El trampintán nace pues como una forma de camelo semejante al nonsense de The Jabberwocky (aunque, todo hay que decirlo, mucho menos gracioso) en un poema citado por Casares y Merino:
Don Viltrampo te ofrecía
los valles del verramoto,
todas las viñas del tría,
montes y vegas del troto,
los prados de la julepa,
los ríos del cantinfón,
tantas naves de dulcepa
y llanos del garicón.
Pero pronto Juan de la Coba va más allá y abandona toda referencia castellana o galega para escribir en su camelo, en ese instante alcanza a Lewis Carroll y demás camelistas, con la ópera en un acto La trampintana (que el autor acompaña de su versión castellana). Un fragmento de la obra es suficiente, unido al desarrollo que después hizo Torrente en La saga/fuga… para hacernos una idea:
Bertoldo:
tretos ortase laretá zon.
Paulina:
pe to anofo tofo os quiquitón.
B.:
P.:
(…)
*Enrique Labarta le dedicará después versos satíricos como los siguientes:
Él de todo entiende un poco;
porque es perito, escultor,
vate insigne, agricultor...
¡y hasta hay quien dice que es loco!
(…)
¿A qué hundirse en el arcano
de un idioma incognoscible?
no le basta el castellano?
Más en:
Ventanas: “Trampintán”
La Voz de Galicia: "Casares recupera ó autor do «trampitán»"
Bibliografía:
Leyendas españolas de todos los tiempos. José María Merino.Temas de hoy. 2002.
Vida, obra e miragres de Xan da Coba. Alonso Montero y Casares. Diario 16-Galicia.Grupo Acsa. 1992.
Don Xan da Coba, un poeta co seu tema. Filgueira Valverde. Galaxia. 1998.
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
22.4.06
2
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Un canon accidental
Apuntes para una filología del camelo ( II )
II. EL TRAMPINTÁN ( I )
José Bastida uno de los protagonistas de la (¿cómo calificarla sin ser injusto?) novela La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester escribe versos en un extraño idioma. El primer poema completo en este camelo es la Balada periódica mixta de los amores del tornillo y de la tuerca que dice:
Mátira cóscora látura cal
Torcalirete, Turpolireta
Lámbita múrcula séxjula ram,
Turpolireta frindela mu gay.
Tórcolo mórmoro bléturo mor
Torcalirete, Turpolireta,
Sóculo mótulo vísculo son,
Torcalirete frindela mu yon.
Mátira múrcula séxjula vim
Torcalirete, Turpolireta,
Sóculo mórmoro látura pil.
Turpolireta gascunda mu lir.
“Lápilo glótulo mínulo tel,
Torcalirete, Turpolireta,
Nímulo rájulo tépilo vel”,
Turpalireta vigunda fri ben.
“Tínito péculo glótulo tu
Torcalirete, Turpolireta
Rátulo cáncayo límulo su”
Torcalirete gascunda fri gum.
“Lépilo glótulo mínulo tel,
Torcalirete, Turpolireta,
Nímulo rájulo tépilo vel”,
Turpalireta vigunda fri ben.
“Tínito péculo glótulo iu,
Torcalirete, Turpolireta,
……………………………………
…………………………………....
Torcalirete gascunda fri gun.
En esta balada, como confiesa su autor, se cuentan los amores físicamente imposibles de un tornillo del doce con una tuerca del siete. Es “periódica mixta” porque al empezar la sexta [estrofa], la tuerca, a quien corresponde el uso de la palabra, repite el primer verso de la cuarta, con terquedad femenina, escasez de imaginación y pobreza dialéctica: y, entonces, ese primer verso arrastra los siguientes, y así se inicia el círculo infernal de la repetición indefinida, de modo que el poema carece, propiamente hablando , de conclusión, y el recitador puede seguir repitiendo la estrofas cuarta y quinta hasta cansarse.
A lo largo de la novela aparecen otras obras en este sinsentido algunas, incluso, con su traducción al castellano o, como dice Bastida, con una paráfrasis relativamente aproximada al texto original, como es el caso de aquellos versos que empiezan: To lico rama / por tali rete. / Mix core gata / fox tole mú (…) o el Soneto a las apariciones matutinas de Julia.
Capítulos después el propio Bastida nos explica el origen de su idioma. Después de la victoria del Frente Popular en las elecciones (españolas) de 1936 se le sugirió que escribiese un poema celebrando la victoria de las izquierdas. Cuando se produce el alzamiento militar las nuevas autoridades le recomiendan redactar unos versos para acabar con las sospechas sobre su persona que los primeros habían suscitado. Y José Bastida dice me puse a hacerlo pero en vez de romperme la cabeza (…) cogí el del Frente Popular y lo cambié un poco, y quedó un poema estupendo al Frente Nacional. Al final, a pesar de sus esfuerzos, termina en la cárcel y decide que en lo sucesivo escribirá en un alfabeto con clave pero –continúa JB- lo pensé mejor y como tenía tiempo, inventé un idioma.
“¿Y no le da pena que su poesía no la pueda leer nadie?” “Eso es precisamente lo que busco (…) Lo que digo en mis versos es de mi exclusiva incumbencia. No le importa a nadie y encuentro ofensivo para los demás proponerles su lectura”
Pero el personaje de Bastida como creador de un idioma de la incomunicación, lejos de lo que pudieramos creer, no es una de las fabulosas invenciones de Torrente Ballester; nos lo aclara José María Merino:
el extraño idioma en que escribe José Bastida no es otro que el trampintán, una lengua inventada por un orensano real, don Juan de la Coba y Gómez, que ante sus problemas con la versificación decidió crear las palabras capaces de conseguirla rima, hasta derivar en un idioma ininteligible para quien no fuese el mismo convirtiendo el lenguaje en eun elemento sustancial de incomunicación
[CUATRO NOVELAS ESPAÑOLAS en Ficción continua, Seix Barral, 2004 Artículo originariamente publicado en el número setenta y cinco de Revista de Libros. Marzo 2003.]
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
22.4.06
0
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Un canon accidental
venres, abril 14, 2006
Apuntes para una filología del camelo ( I )
DEL NONSENSE, EL TRAMPINTÁN, EL MOMECICLO Y OTROS CAMELOS.
I. EL SINSENTIDO
«Words, words, words»
El lenguaje nació con fines comunicativos pero la expresión subjetiva de una realidad que siempre se percibe subjetivamente da lugar, inexorablemente, a la mentira. Si a esto unimos que el lenguaje es el medio por el que expresan las mentiras conscientes (que también forman parte de la comunicación) los grandes falsarios: estafadores, políticos y poetas, entre otros, poco debió de tardar el ser humano en darse cuenta de que la lengua era –como los partidos políticos en su ámbito- un mal necesario: no cumple satisfactoriamente su fin pero es lo mejor que hemos inventado. Si bien todos somos conscientes de lo inútil* que resulta cualquier idioma para expresar lo que queremos, preferimos aferrarnos al clavo ardiendo del mal menor antes de rechazarlo por completo. Desde esta premisa aparece la necesidad de desmitificar la eficacia de las lenguas para alcanzar su meta y desde la literatura se reclama lo absurdo e inútil de las palabras para transmitir un sentido.
Ejemplo principal de esa corriente es el nonsense que encuentra su más claro ejemplo en el poema The Jabberwocky que Lewis Carroll incluye en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (CAPÍTULO I):
The Jabberwocky.
`Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe:
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
"Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!"
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought-
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And, as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
"And, has thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!'
He chortled in his joy.
`Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
El carácter del propio sinsentido hace que las traducciones varíen mucho, pueden leer diversas versiones en las lenguas ibéricas en el cibersitio de J.M. Albaigès pulsando aquí.
El sinsentido del poema será aclarado capítulos después (concretamente, en el CAPÍTULO VI) por Humpty Dumpty (Tententieso o Zanco Panco) que cuando comenta con Alicia el poema aprovecha para colocarnos su manida teoría nominalista.
La carga teórica de las Alicias de Carroll es ingente (nunca sabremos si tanto como nos quieren hacer ver sus exegetas) pero no le resta un ápice de su entretenimiento y The Jabberwocky es, fundamentalmente, un divertimento en que Carroll crea palabras fonéticamente verosímiles pero vacías de significado y las ensarta en frases por lo que, al someterlas a las reglas gramaticales de un idioma y ponerlas en relación con otras palabras “usuales”, no podemos evitar que nuestra mente las acabe interpretando instintivamente de alguna manera. Como Alicia, tras escuchar los versos podemos decir: Me parece muy bonito (…) Es como si se me llenara la cabeza de ideas pero al final… ¡no sé qué significan! Lo único que está claro de todo el poema es que alguien ha matado a algo**. Esta actuación instintiva de nuestra mente (que es esencial en la comunicación diaria para suplir errores del emisor o desconocimientos del receptor) ante los sinsentidos la describió como nadie Rafael Sánchez Ferlosio en el siguiente pecio:
Digo la TARA, y no me entiende nadie; digo LA TARA Y LA REJAMA, y ya me entienden muchos; digo por fin LA TARA LA REJAMA EL TOMERO Y EL ROMILLO y veo que me entienden todos. El injusto poder de convicción de los sistemas viene del hecho –por lo demás, epistemológicamente necesario- de que el cerebro humano sea tan inercialmente, tan formalísticamente, analógico y combinatorio.
(Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. R.S.F. Destino, 1993)
* Cuanto mayor sea nuestro conocimiento de un idioma y la destreza con la que lo empleamos menor será su inutilidad, pero existe una ineficacia esencial derivada de la diferente percepción de la realidad que todos (y cada uno) tenemos. Nunca significará lo mismo u apalabra para el emisor y el receptor del mensaje. Es evidente que Sánchez Ferlosio suple las taras del castellano pero ¿entiende alguien más que él mismo sus escritos hasta las últimas consecuencias?
ADDENDA: A través de Bienvenidos a la fiesta (Nota del 11 de abril de 2006) me entero de la existencia de Edward Lear precursor del sinsentido (A book of nonsense, 1845). G. K. Chesterton lo consideraba superior a Carroll pues además de la lógica y el humor del autor de las Alicias, Lear introduce un nuevo elemento, el elemento de lo poético e incluso de lo emocional(Chesterton. DEFENSA DEL ABSURDO en Correr tras el propio sombrero. Editorial El Acantilado, 2005)
Publicado por
Sergio B. Landrove
el
14.4.06
6
comentarios
Sección o secciones: Apuntes para una filología del camelo., Un canon accidental