Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
luns, marzo 31, 2014
Jacinto Batalla y Valbellido, un autor de referencia
Neste caso acordei a miña faciana de cazador de autores inexistentes para presentar as obras (polo momento) completas do apócrifo escritor, Jacinto Batalla, inventado por Rafael Sánchez Ferlosio.
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sábado, novembro 12, 2011
La 2 noticias de ayer
Aún no sé muy bien el porqué pero ayer vi esto:
La 2 noticias (11.11.2011)
y me gustó. Además me pilló medio dormido y me lo creí.
(Los comentarios ya los habéis leido en este blog antes en las secciones De lo acaecido y lo ficticio y La práctica de la impostura, a ellas me remito)
El colofón jardielano no hizo sino mejorar el conjunto.
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domingo, maio 08, 2011
Sánchez Ferlosio y la ficción (I)
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venres, xaneiro 12, 2007
O misterio da estrada de Sintra, una novela al director.
LA PRÁCTICA DE LA IMPOSTURA.
El 23 de julio de 1870 el Diario de noticias de Lisboa publicaba una nota bajo el título Última hora con el siguiente texto:
A punto de cerrar nuestra edición, hemos recibido un escrito singular. Se trata de una carta sin firma enviada por correo a nuestra redacción. En ella se inicia una narración estupenda acerca de un horrible y misterioso suceso. El interés que despierta y su calidad literaria nos determinan a transcribir íntegro tan interesante documento, cosa que haremos mañana domingo*.
Se presentaba así un experimento literario urdido por José María Eça de Queiroz y José Duarte Ramalho Ortigão que tendría en vilo a los lisboetas durante varios meses. Los escritores decidieron hacer pasar por acaecido un crimen de su invención publicándolo en un periódico. El medio de difusión (la forma como en el caso del astrónomo turco de Le petit prince**) aportaba la credibilidad necesaria para que la historia, al más puro estilo folletinesco, adquiriese realidad a pesar de ser totalmente inverosímil. Un médico (que firma doctor X.), que es el primero en mandar la carta al director del Diario, narra como, volviendo con un amigo a Lisboa por la carretera de Sintra, les secuestran unos enmascarados que les llevan a una extraña mansión en la que les enseñan el cadáver de un hombre. Al rato aparece otro individuo –identificado por sus iniciales: A.M.C.- que se confiesa autor del crimen aunque no sabe aclarar determinados datos evidentes para los “descubridores” del cadáver. La narración se va completando con cartas de otros testigos de la misteriosa historia.

Fragmento de la primera entrega de O misterio da estrada... (Fuente de la imagen)
La trama difundida en el periódico cobra rápida fama en Portugal y además de las cartas de Eça y Ramalho, muchos lectores envían sus testimonios respondiendo a las incitaciones de los autores. Así una de las cartas del doctor X concluye diciendo:
P.S. Un detalle que puede dar alguna pista sobre la calle y el emplazamiento de esta casa: alrededor de medianoche oí pasar a dos personas, una iba tocando la guitarra y otra cantando un fado que decía:
“He escrito carta a Cupido
y en ella le preguntaba
si a un corazón ofendido…”
Del final no me acuerdo. Si alguna de esas dos personas llega a leer esta carta y pudiera acordarse de la calle por donde pasaban y de la fachada delante de la cual cantaron esta copla, creo que supondría una colaboración muy valiosa*.
Y más adelante se incorpora una (apócrifa) Nota del Diario de noticias que dice:
En el original de la carta que publicábamos ayer había unas cuantas palabras escritas a lápiz en la que no nos fijamos hasta después de hecha la tirada del periódico. Dicen así: “La fotografía del enmascarado (NOTA DE SBL: de ella se habla en la trama de la novela al director) está hecha en casa de Enrique Núñez, en la calle de las llagas, Lisboa. Quizá allí puedan dar algún informe del individuo retratado”
En el prólogo de la edición de Nostromo en 1974 dice Carmen Martín Gaite que mucha gente tardó en darse cuenta –y algunos no se la llegaron a dar- de que se trataba de una novela, hasta el punto de que, junto a las cartas apócrifas que se iban publicando y que componen la trama de la narración, se recibieron también otras, de personas de carne y hueso obsesionadas por la lectura, como la de un tal João Viegas Ferraz, quien declaraba haber visto parado cerca de Cacém un coche de caballos que bien pudiera ser el de los enmascarados que asaltaron al doctor X, y haber encontrado tirado en el suelo un objeto de oro que describía por si acaso pudiera pertenecer a alguno de los personajes envueltos en aquel misterio. También hubo gente que, recelosa de posibles emboscadas, dejó de ir a Sintra por aquellas fechas; y se corrió la voz de que el gobernador civil de Lisboa había llegado a enviar al Ayuntamiento de Sintra una orden para que se procediera a las averiguaciones policíacas (…)
El increíble poder de la prensa llevado hasta sus últimas consecuencias: al no señalar expresamente que el relato era ficción pasa por real amparado en que los diarios siempre narran verdades (nadie cree esto pero todos lo aceptamos todos los días) y, los autores, quizá sorprendidos por la repercusión de su experimento, introducen un personaje, que firma con la letra Z. y se dice amigo de A. M. C., que adopta la postura del que duda sobre el acaecimiento de los hechos y en sus argumentaciones introduce elementos para descubrir lo ficticio de la trama:
He venido siguiendo, como todo el mundo en Lisboa, las cartas insertas en su periódico y en las que ese doctor anónimo relata ese caso que ustedes han tenido a bien titular El misterio de la carretera de Sintra. Me sentí interesado en sus vicisitudes y seguí el relato con la curiosidad despreocupada que suele prestarse a un canard amañado con ingenio, a una novela (…) con que la vena fantasiosa de los folletinistas franceses y americanos vienen de cuando en cuando a reclamar la atención europea presentándoles un tema sensacional. La narración de su periódico tenía para mí la original ventaja sobre otras del mismo tipo que he leído de que ocurrieran los sucesos simultáneamente con la lectura, de que los personajes fueran anónimos y de mantener el meollo sustancial del enredo tan secretamente encubierto que ningún lector podría ser capaz de aducir pruebas contra la veracidad de este caso portentosamente novelesco que el autor ha tenido a bien lanzar en medio de la rutina y la prosa de esta sociedad sosa y honesta en que vivimos*.
Z. (conviene recordar que es un personaje de los autores) se toma desde un principio todo como una novela pero la aparición en escena de A.M.C. cuyas iniciales, ocupación y descripción coinciden con las de un amigo suyo le llevan a replantearse su postura y ver el caso como asunto acaecido. Eça y Ramalho desvelando, en parte, la técnica y los trucos usados, dotan de mayor credibilidad aún al todo. Luego continúa Z. que se ve asaetado por la triste obligación de prestar crédito –sea total o parcial- al relato de su periódico; el cebo de verosimilitud está perfectamente trabado.
La trama continúa con las cartas de otros implicados y, en otra carta posterior de Z., los autores de nuevo lanzan pistas envenenadas sobre la ficción de todo:
(…) Ya le advertí, señor director, en mi primera carta que (…) estaba decidido a desentrañar la tenebrosa historia que hace más de una semana viene apareciendo en su periódico. (…) Pero no he sido capaz de lograr mi propósito: pesquisas, interrogatorios, visitas a los sitios, todo ha resultado inútil. La historia se desvanece cada día más, perdiéndose entre una niebla que la enmascara (…) Vista la imposibilidad de descubrir mediante datos reales y por esas calles de Dios la última verdad de este caso, se me ocurrió venir a indagarla dentro de las propias cartas del médico.
Y finalmente concluye:
El misterio de la carretera de Sintra es una invención. No una mera invención literaria, como había supuesto en un principio, no; una patraña criminal que alberga designios concretos.
Z. piensa que todo son ardides, maquinaciones y pistas falsas lanzadas por el doctor X. y los demás asesinos para ocultar su crimen desviando la atención hacia otros. Z. descubre que se puede emplear un periódico para difundir una ficción y hacerla pasar por algo acaecido, es decir lo que hacen Eça y Ramalho con su novela. Como manda la tradición falsaria los autores no dejaron de afirmar la falsedad de la trama, más o menos directamente.
Es una novela al director pues a el del Diario de noticias se dirigen los diferentes capítulos y aprovecha el valor que damos a lo impreso en los periódicos para jugar con lo real (lo acaecido y lo ficticio) de una manera que no se puede hacer en una novela ordinaria. Los propios lectores viven en el “mundo ficticio” que los autores van creando carta a carta en El misterio de la carretera... Se podrían buscar ejemplos semejantes en determinadas “tramas” con las que ocupan nuestra atención los medios de comunicación pero la técnica, en su esencia, es la misma que la ensayada por los dos escritores portugueses en 1870.
NOTAS:
*Traducción de Carmen Martín Gaite. El misterio de la carretera de Sintra. (Editorial Nostromo, 1974)
**Ver aquí, en C-18, la anotación titulada La credibilidad de lo inverosímil (II).
Hay una edición reciente de la misma traducción de la novela de Editorial Acantilado.
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sábado, decembro 30, 2006
Rebusco electrónico.The yes men, la película.
Hace tiempo escribí aquí sobre The yes men. Estos días Rebelión nos acerca al documental (con subtítulos en castellano) sobre su interesante obra.
Para acceder al vídeo pulse aquí.
Más en C-18: The Yes Men I , II y III.
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sábado, abril 01, 2006
The Yes Men ( y III )
La práctica de la impostura ( II )
La noticia de La Vanguardia por la que conocí a The Yes Men se centraba en el lío en que metieron a la química Dow Chemical. El objetivo de los impostores era que el vigésimo aniversario de la catástrofe de Bhopal en la que veinte mil personas murieron y más de medio millón resultaron heridas tras la explosión de una fábrica de pesticidas no pasase inadvertido. Crearon una ciberpágina semejante a la de la empresa química y consiguieron una entrevista con la BBC en la que, en directo, reconocieron su responsabilidad por las muertes y ofrecían indemnizaciones a los perjudicados. Los verdaderos portavoces de la Dow Chemical tuvieron que salir a la palestra para desmentir la noticia que TYM habían creado y, el accidente de la India fue recordado siquiera como contexto para entender la broma de Bichbauer y Bonano, los fundadores de The Yes Men.

Un "responsable" de Dow Chemicals entrevistado en la BBC.
Sé que quizá los más puristas de ustedes no encuentren tanta gracia a esta broma como a la del acorazado que protagonizó Virginia Woolf por su marcado tinte ideológico altermundialista. Woolf y compañía se burlaban de lo establecido en su tiempo y The Yes Men viven en nuestra época seguramente nunca lleguen a escribir ni una sola línea que roze las de la Woolf pero sus montajes ya han merecido la pena.
Su página en internet:
The Yes Men.
Otras referencias:
Rebelión: TYM, superheróes de la antiglobaización. y TYM. La verdadera historia del fin de la O.M.C.
Prólogo a la edición española de TYM en Antimilitaristas.org.
P.S. ¿Es todo verdad? ¿Sólo algunas partes? Yoles cuento en esta sección lo que creo es verdad, las fuentes son las que dejo aquí arriba si alguien desubre que todo no es más que una gran farsa quedará cómo bonito relato.
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The Yes Men (II)
La práctica de la impostura ( II )
Portada inglesa del libro.
Su más relevante actividad (que sirve de subtítulo al libro en su versión castellana) fue la de crear un sitio virtual bajo la dirección gatt.org simulando burdamente (en la evidencia de la impostura esconden estos falsarios su gracia) ser el sitio electrónico de la Organización Mundial del Comercio.


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The Yes Men (I)
La práctica de la impostura ( II )
La primera noticia que tuve de los señores Bichbaum y Bonano (fundadores de The Yes Men) me llegó, como no, a través de un recorte de La Vanguardia que me envió Abril, Seguro que te interesa me había escrito al margen. La noticia, fechada el 11 de abril de 2005, comenzaba así:
HOMBRES QUE SIEMPRE DICEN SÍ.
The Yes Men cierra con sus gamberradas antiglobales el festival THE INFLUENCERS.
JUSTO BARRANCO (BARCELONA) Han avergonzado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a la multinacional Dow Chemical, al ínclito George Bush (…) y, de rebote, incluso a la venerable BBC [Aquí parece que el redactor, bendito corporativismo, quiere excluir al periodismo del objetivo de los impostores antimanipulación. Pero supongo que The Yes Men (TYM) disfrutan tanto poniendo en ridículo a la BBC como a la OMC] Avergonzamiento táctico lo llaman. Los más poderososo, las grandes corporaciones, pueden gobernar el mundo si lo hacen en la trastienda; pero si los sacas a la luz y los pones frente a todos quedan avergonzados”, responde uno de los miembros de TYM (…)

Portada del libro en su versión castellana.
Anteayer me volví a cruzar con ellos en una de las páginas de publicidad de la revista Quimera. La editorial El viejo topo ha editado The Yes Men. La verdadera historia del fin de la OMC, libro en el que relatan sus aventuras. Buceando en las páginas de “información” “alternativa” me entero de que su primera intervención/gamberrada consistió en intercambiar los reproductores de sonido de las muñecas Barbie con los de los G. I. Joe de tal manera que la muñeca decía con voz aguerrida y varonil Los hombres muertos no mienten, mientras que los soldados, con la ñoña voz de la rubia platino retrucaban: Las matemáticas son difíciles. Luego devolvieron los muñecos a las tiendas para sorpresa de algunos consumidores.
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martes, xaneiro 24, 2006
La inocentada del acorazado.
La práctica de la impostura I. (Apéndice)

Hace un tiempo les escribí aquí sobre la broma que Horace de Vere Cole junto a un grupo de amigos había gastado a la marina británica el 10 de febrero de 1910. El pasado viernes practicando uno de mis deportes favoritos (el rebusco en librerías) me topé con un volumen titulado La inocentada del acorazado que la editorial Valdemar (se goza sólo leyendo el catálogo) publicó en 1999.
El volumen recoge cuatro textos. Una interesante introducción de Dámaso López García que nos pone en antecedentes de la inocentada y el significado que puede darse a la misma dentro del pensamiento y el obrar del grupo de Bloomsbury y especialmente de Virginia Woolf que, a la postre, fue la más famosa de los partícipes de a mascarada aunque por aquel entonces aún se apellidase Stephen. A este texto le sigue la breve introducción que Quentin Bell escribió para la edición británica de 1983 del siguiente, el propiamente titulado La inocentada del… , que es la descripción que uno de los bromistas (Adrian Stephen, hermano de Virginia) hizo de la anécdota con ocasión de la muerte de Vere Cole. Por Adrian, que en las primeras líneas promete sinceridad, descubro que realmente ellos no emplearon la expresión bunga bunga que luego se generalizó gracias a la prensa y a las revistas musicales:
La inocentada se divulgó, a toda plana, en el Daily Mirror, otro periódico publicó otra entrevista. Creo que se trataba de uno de los ayudantes de Clarksons, que decía saber mucho más de lo que en realidad sabía, y en concreto afirmó que habíamos empleado la expresión “bunga bunga”
Sobre el idioma había escrito antes:
El Almirante me daba esa información, y me pidió que lo tradujera al Emperador. Durante un momento e quedé parado, no sabía qué hacer. “Mucho me temo que esto es difícil de traducir al abisino, señor –dije-, pero probaré a ver”. “Entaqui, mahai, kustufani”, empecé (…) hoy es el día que no sé si se trataban de palabras suajilis de la gramática que habíamos leído, o más bien acababa de inventármelas, pero sé que desde entonces no las he inventado. (…) Como no soy capaz de inventar una algarabía me di cuenta de que me enfrentaba a nuevas dificultades. Debería ser capaz de decir algo que no fuera demasiado entrecortado, ni muy inverosímil. Tras una pausa reanudé el discurso: “Tahli bussor ahbat tahl aesque miss. Erræma, fleet use…”, etcétera.
Adrian Stephen decidió deformar los fragmentos de Virgilio y Homero que le habían obligado a aprender de memoria. Este texto, de acuerdo con don Dámaso López, que es también el traductor, corresponde el Libro IV, verso 437 de la Eneida: “Talibus orabat, talisque misserrima fletus.”
Cierra el libro un relato de Virginia Woolf (La sociedad, 1921) en el que incluye una referencia a la broma del acorazado. Un relato curioso en el que una sociedad de mujeres deciden poner en tela de juicio –teórico- la civilización construida por los varones para decidir si merece la pena continuar trayendo niños al mundo. Un relato, en mi opinión, más que feminista, humanista pero ya me dirán lo que opinan ustedes.
Más en: Mistificación a bordo I y II.
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luns, novembro 07, 2005
Mistificación a bordo. (y II)
ARCHIVOS DE LA O.P.A.
La práctica de la impostura (I)

Virginia Stephen, Duncan Grant, Adrian Stephen, Anthony Buxton, Guy Ridley y Horace de Vere Cole preparados para la representación.
Horas antes, en la casa de los Stephen (Fiztroy Square, 14), los jóvenes lo habían preparado todo y, como Cole financiaba el sainete, no escatimaron gastos, así para los disfraces y el maquillaje contaron con la ayuda de importantes sastres y maquilladores teatrales. Pero la puesta en escena fue cosa de los amigos: Cole y Stephen prepararon el idioma gracias a un diccionario de Swajili que tenían y acordaron que, cuando no se les ocurriera que decir, ensartarían, convenientemente desordenadas, citas en griego clásico y latín. Parece que fue Virginia Stephen la que sugirió que, como última opción, acudirían a la expresión «bunga-bunga» para pedir ayuda a otro de los conjurados si se veían incapaces de salir de algún atolladero. Tomaron el expreso de la mañana hacia Weymouth y otro amigo de Cole se encargó de enviar el telegrama que anunciaba la llegada de lo nobles africanos.
En la estación de destino les esperaba un oficial del estado mayor que les condujo al muelle donde embarcaron en una lancha de vapor que los trasladó a su objetivo. Toda la tripulación convenientemente formada los esperaba en la cubierta del buque. Uno de los oficiales del Dreadnought era primo de los Stephen y el riesgo de ser reconocidos debió de ser uno de los incentivos para llevar a cabo la representación. El Príncipe Makalen rechazó las salvas de ordenanza «para evitar a la tripulación el trabajo de limpiar los cañones» y, alegando «motivos religiosos», los falsos abisinios se ausentaron de la comida, realmente temían que se les despegasen los bigotes postizos. En la cubierta la llovizna ya estuvo a punto de acabar con la barba de uno de los nobles acompañantes del Príncipe pero Herr George Kauffmann sugirió cortésmente al almirante que sería más adecuado que la visita continuase por el interior del Dreadnought dado que los africanos no estaban acostumbrados a aquellas bajas temperaturas.
Antes de terminar la visita los nobles realizaron sus preceptivas oraciones en cubierta postrándose hacia la Meca.
Cole no pudo resistirse y contó la farsa a la prensa que publicó la foto que ilustra esta nota, en el parlamento se debatió sobre la seguridad de los buques de la marina británica y nada más que salía de su casa un grupo de chicos seguían al almirante May al grito de «Bunga-bunga, bunga-bunga».
Fuentes: Revista Historia y Vida número 171, julio de 1982, Wikipedia o pulsando aquí.
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7.11.05
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Mistificación a bordo. (I)
La práctica de la impostura (I)
El siete de febrero de 1910 desde una oficina postal londinense se envió el siguiente telegrama a Sir William May, almirante del H.M.S. Dreadnought, el buque insignia de la marina inglesa:
«Príncipe Makalen de Abisinia y séquito llegan hoy a Weymouth a las 4:20 STOP Desean visitar Dreadnought STOP Ruego prepare recepción STOP Lamento avisar con poco tiempo STOP Olvidé telegrafiar antes STOP Les acompaña intérprete STOP Hardinge, Departamento Asuntos Exteriores.»
No había demasiado tiempo para preparar la llegada de los nobles abisinios así que nadie se tomó la molestia de contrastar un telegrama firmado por el subsecretario de asuntos exteriores.
A esa misma hora una extraña comitiva se dirigía desde Londres en tren hacia Weymouth en cuyo puerto estaba amarrado el Dreadnought. El séquito del príncipe Makalen (en realidad, Anthony Buxton que llegaría a ser un conocido naturalista) lo integraban cinco hombres más: Duncan Grant, Virginia Woolf (aún soltera y apellidada Stephen) y Guy Ridley que eran unos nobles abisinios que acompañaban al príncipe en su visita al Reino Unido; un intérprete alemán, Herr George Kauffmann (en realidad, Adrian Stephen, hermano de Virginia) y Mr Herbert Cholomondeley del Departamento de Asuntos Exteriores (representado por William Horace de Vere Cole, un adinerado irlandés experto en estas bromas que era el cabecilla de la farsa).
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Sergio B. Landrove
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