mércores, abril 09, 2008

La responsabilidad del lector.



Siempre he creído que la ignorancia sobre los antecedentes del autor y lo que nos quiere decir es la mejor posición para acercarnos a una obra de arte y poder valorarla. Sólo de esa manera podemos disfrutar de las novelas, por ejemplo, tal cual son: libres de condicionamientos absurdos como la fama o el criterio de autoridad. En el caso de las obras «clásicas» es prácticamente imposible acceder a ellas sin prejuicios pero, paradójicamente, son las que suelen sorprendernos más, porque la idea popularizada suele alejarse mucho de la realidad que nos muestran.
A mí, el otro día, Luis Buñuel me enseñó a leer a Max Aub. Les cuento:

I. Los crímenes ejemplares de Max Aub.




Uno de mis libros favoritos es Crímenes ejemplares, de Max Aub. Una compilación de microcuentos que David Hidalgo ha descrito de manera inmejorable:

[…] Desde los años 40, deudor quizás del carácter fragmentario de sus novelas, aparece en Max Aub el uso del microcuento en el que se conjugan la efectividad inmediata con la autonomía narrativa. Una de sus obras más populares está formada por microrrelatos en torno al homicidio. Se trata de Crímenes ejemplares (1957), libro esencial en la configuración de la nueva narrativa en el que se funden la brevedad y el realismo maravilloso en una serie de relatos en los que los supuestos autores de diferentes crímenes dan cuenta de las razones que los motivaron a ello. La contribución de estos textos va más allá de la simple concepción del microcuento y del humorismo del que están dotados, ya que en el fondo de los relatos se observa un profundo alegato a favor de la tolerancia y el respeto y contra el egoísmo. […]

[La realidad del deseo. Max Aub en el laberinto del exilio. David Hidalgo Vernalte. Trabajo de investigación. Inédito.]



Portada de la primera edición (1957)




II. La revelación buñuelesca.

Leyendo las memorias de Buñuel que transcribió Carrière (el cineasta se lo agradece en la nota preliminar* pero los editores españoles, hasta donde yo sé, no le reconocen autoría alguna en la portada) un pasaje me llamó poderosamente la atención:

[…] El mismo año […] rodé El río y la muerte […] Inspirada en la facilidad con que puede uno asesinar a su prójimo, la película contenía un gran número de asesinatos aparentemente fáciles e, incluso, gratuitos. […] Sin embargo la mayoría de los sucesos que cuenta esa película son auténticos y pueden, de paso, permitir echar un vistazo a este aspecto de las costumbres mexicanas. […] Hay países de ese continente [América Latina] en los que la vida humana -la propia y la ajena- tienen menos importancia que en otras partes. Se puede matar por un sí, por un no, por una mala mirada, o, simplemente, «porque tenía ganas.» Los periódicos mexicanos ofrecen todas las mañanas el relato de algunos sucesos que asombran siempre a los europeos.


Aquí paré de leer, me acordé de Aub, amigo de Buñuel en México, e imaginé que juntos habrían hablado mil veces de este tema. Además, dado su humor negro, los soñé recopilando recortes de periódico en los que se narraban las excusas más inverosímiles y jocosas. Proseguí con el libro:

Por ejemplo, entre los casos más curiosos: un hombre espera tranquilamente el autobús. « ¿Llega a Chapultepec?» «Sí», responde el primero [sic] . « ¿Y para ir a tal sitio?» «Sí», responde el otro. « ¿Y para ir a San Ángel?» «Ah, no», responde el hombre interrogado. «Bueno –le dice el otro- pues ahí tienes por los tres.» Y le mete tres balazos en el cuerpo […]
O también (es uno de los primeros casos que leí en la Prensa a mi llegada): un hombre entra en el número 39 de una calle y pregunta por el señor Sánchez. El portero le responde que no conoce a ningún señor Sánchez, que seguramente vive en el 41. El hombre va al 41 y pregunta por el señor Sánchez. El portero le responde que, sin duda alguna, Sánchez vive en el 39 y que el portero del primer inmueble se ha equivocado.
El hombre vuelve al 39, llama al primer portero y le explica lo que pasa. El portero le ruega que espere un momento, pasa a otra habitación, regresa con un revólver y abate al visitante. Lo que más me asombró de esta historia fue el tono con que la contaba el periodista, como si le diese razón al portero. El titular decía: Lo mata por preguntón.

[México (1946-1961) en Mi último suspiro, de Luis Buñuel. DeBolsillo Traducción: Ana María de la Fuente]

La verdad es que poca diferencia hay entre los casos que cuenta Buñuel y los que recoge Aub, basten para demostrarlo 3 ejemplos:

Me salpicó de arriba abajo. Eso, todavía, pase. Pero me mojó toditos los calcetines. Y eso no lo puedo consentir. Es algo que no resisto. Y, por una vez que un peatón mata a un desgraciado chófer, no vamos a poner el grito en el cielo.

*

¡Y aquel jijo cerró a seises, cuando estaba tan claro como el día que yo tenía la última blanca! No lo volverá a hacer. Y se decía campeón de Tulancingo. ¿Para qué hablamos?


*



¿Ustedes no han tenido nunca ganas de asesinar a un vendedor de lotería, cuando se ponen pesados, pegajosos, suplicantes? Yo lo hice en nombre de todos.

La duda estaba sembrada ¿Y si en realidad Crímenes ejemplares no es una recopilación de relatos, como creemos, sino de noticias, tal y como dice Aub en la nota previa? ¿Y si hemos jodido Crímenes ejemplares por leerlo mal, confiando en el espíritu juguetón y falsario de Aub por encima de lo que nos dice en la nota? Quizá en este caso el libro se ha estropeado al haber sido leído por intelectuales y no por lectores desprejuiciados.

III. CODA: Una cita de (mala) memoria.


AGRICULTOR (A): ¿Me vas a dejar leer a mí la novela?

ESCRITOR ARGENTINO (E): No, no te voy a dejar, ¿Vos sos intelectual?

A: No, pero…

E: Y entonces, ¿para que te voy a dejar? ¿Para que me la leas mal y me la jodas?

A: A la novela no le va a pasar nada porque…

E: ¡Ah! ¿Qué no? Va a ser la primera novela que se joda por leerla mal.

A: Hombre nunca había oído…

E: ¡Porque no sos intelectual!

[Amanece que no es poco (1989) Dirección y guión de José Luis Cuerda.]





*Yo no soy hombre de pluma. Tras largas conversaciones Jean-Claude Carrière, fiel a cuanto yo le conté, me ayudó a escribir este libro.

12 comentarios:

Taliesin dixo...

Me gustó.

Ana Lorenzo dixo...

Buenísimo. Oye, ¿de verdad son notas de prensa, entonces? ¿Tú crees? ¿O Buñuel también cuenta las cosas un poco exageradas, como le gustan? Lo mató por preguntón. A mí siempre me ha parecido muy bien justificado el que asesina al vendedor de lotería pegajoso (cómo se alegra uno de que Max Aub lo escribiera cuando se te acerca uno de ellos y no entiende el no).
(El escritor de Amanece, que no es poco, ¿terminaba escribiendo El Quijote?; yo también con mala memoria. Qué buena película).
Un beso.

Landrove dixo...

Taliesin, te gustarán más los libros ( El de Aub y el de Buñuel) y la película... ¡Te recomiendo las tres vivamente!

Ana, Tendremos que dejar la última palabra a los intelectuales... Sean recortes o cuentos, mienta Aub, mienta Buñuel o, lo que es más probable, los dos. el libro de Aub es una pasada. Mata r a un vendedor de lotería pegajoso y a los dependientes del Corte Inglés y a... (¡Mejor paro!)es un atenuante como la copa de un pino.

Cuando un intelectual leía la novela del escritor argentino descubría que había plagiado a Faulkner... ¿y la que se montaba! "¡con la devoción que tenemos en este pueblo por Faulkner! ¿No podía haber elegido a otro?", le reprochaba el
cura cuando le mandaban ir a confesarse...

A los dos muchas gracias por leerlo y comentarlo.

Ana Lorenzo dixo...

¡Es verdad, era una novela de Faulkner lo que había escrito! Ja, ja, ja, claro, tanta influencia tuvo en los escritores hispanoamericanos. Y eso de que en el pueblo tuviesen devoción por Faulkner, era ya genial, sí, lo de «¿no podía haber plagiado a otro?» «No, me salió eso, ¿vio?» o algo así.
Tengo que volver a verla.

Landrove dixo...

Para no tener que citarla de memoria la anduve buscando por "deuvedéclubes" y me dijeron que estaba descatalogada. (¿Esperar nueva edición, reposición televisiva, piratear?)

Un beso.

P.S. Empezar a citar frases y escenas de esa peli es un no parar, como el magnífico grito del pueblo:

«¡Alcalde, todos somos contigentes; tú necesario»

el de la rua dixo...

ACABO DE ENLAZARTE A MI RUA PRETA, ESTIMADO AMIGO COLOQUIAL.

Anónimo dixo...

Queremos que la muchacha sea comunal!!!!!!
Dijeron los habitantes de aquel pueblo cuando lleg� el alcalde con su pareja.
Y yo digo: Viva el esp�ritu del tocata!!!!
Un saludo Sr. Landrove y a seguir en la lucha.
-Paul Sicks-

Anónimo dixo...

Por cierto, dejad de buscar la película en sitios raros. Todo lo que existe, está en el emule. ¿O quizás sólo lo que nunca ha existido? ¿Somos nosotros acaso archivos inútiles carentes de significado? Nuestro destino es intercambiarnos una y otra vez hasta corrompernos y caer en el olvido. Abramos, ¡¡¡¡Pronto!!!!, una ventana en el paraíso.
-Paul Sicks-

ARP dixo...

No he podido evitarlo, me he ido de la lengua en mi blog. Lo siento, pero alguien le tiene que dar su merecido a ese Rodrigo.

Sergio B. Landrove. dixo...

Al de la Rúa, gracias por el atajo que nos une y por acogerme en El Colquio.

A Paul, ¡Cuánto honor tenerte por aquí, Padre y mestro mágico! Yo. lo sabes, prefiero las gateras de ignoito destino que las ventanas al paraíso.

Un par de abrazos.

David Hidalgo dixo...

“Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes miré mi reloj seis veces, descaradamente: no hizo caso. Creo que es un atenuante muy de tenerse en cuenta.”
(Max Aub)

Uno de mis relatos favoritos. Me recuerda a uno de mis amigos. Gracias, Rodrigo, por reivindicar tres figuras como Buñuel, Aub y Cuerda.
Un abrazo.

Sergio Landrove dixo...

David, es bien difícil quedarse con uno (y con 20) cuentos de Crímenes ejemplares. El que citas a mi también me encanta, aunque más que el matador sería la víctima de esa escena...


Gracias a ti por leer la reivindicación y comentarla.

PS: Mi apócrifo Rodrigo colabora ocasionalmente en esta Constelación. Esta nota, al margen de los textos ajenos (como el tuyo), siempre en rojo en la bitácora, es de mi autoría.

Un abrazo.