Puede que me esté volviendo un cascarrabias pero un público así me hace plantearme el volver al teatro, al menos en Ponferrada, a pesar de ser una de mis aficiones favoritas. La obra ─lo que pude seguir y entender─ me gustó. Si tienen ocasión vayan a verla y que Dios les de suerte con los compañeros de butaca.
martes, outubro 04, 2005
PONTIFICANDO: La urbanidad en el teatro. (y IV)
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Sergio B. Landrove
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4.10.05
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PONTIFICANDO:La urbanidad en el teatro. (III)
Durante la obra, que representa la relación epistolar que una escritora estadounidense (Helene Hanff) y un librero de viejo inglés (Frank Doel) mantuvieron durante veinte años, los espectadores parecían conjurados para el boicot: un continuo abrir y cerrar de abanicos, desenvolver de caramelos y removerse en las butacas hasta hacerlas crujir acompañó el trabajo de los intérpretes. Hasta un divino teléfono portátil que reprodujo uno de los últimos éxitos pop en las butacas pares fue coordinadamente respondido, desde las impares, con lamentos a media voz para prolongar la molestia. No faltaron las imponderables toses y las necesarias risas forzadas con las que los más eruditos espectadores reconocen los aciertos de dramaturgo y actores para que su criterio excelso no pueda confundirse con el de la plebe en el masificado aplauso final.
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Sergio B. Landrove
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PONTIFICANDO: La urbanidad en el teatro. (II)
Otra cosa que me molesta mucho (aunque en este caso estoy dispuesto a discutir si se trata de una manía) es que la gente, mientras espera a que empiece la representación, hable a voces. El jueves también pasó. Parece que no nos damos cuenta del escándalo que montan doscientas personas sólo susurrando. A mí me apetece en esos momentos previos a la ceremonia un cierto silencio o, al menos, un ambiente no crispado a gritos. Esa calma me sirve de preparación para vivir lo que se nos ofrece en escena, personalmente soy incapaz de pasar de los gritos a la concentración en la obra. No quiero ni pensar (el jueves lo pensé y aún me enfadaba más) lo que debe ser para los actores intentar concentrarse en un ambiente de feria como el que se montó aquel día en el teatro. Parece que cada vez somos menos capaces de permanecer en silencio y lo ahogamos en cláxones, músicas estridentes y, cuando no nos quedan más medios, a voces. Ni siquiera antes de Misa hay un ambiente para la oración, se habla en el templo como en el mercado.
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luns, outubro 03, 2005
PONTIFICANDO: La urbanidad en el teatro.( I )
El jueves pasado fui al teatro con Rodrigo. La obra, 84 Charing Cross Road basada en un libro del que los dos habíamos leído buenas críticas, empezaba a las nueve de la noche. Llegamos a menos veinte a la puerta del teatro y decidimos no entretenernos tomando algo “para no entrar tarde.” (R. es muy quisquilloso en puntualidades y siempre quiere estar en la estación quince minutos antes de que salgan los trenes él lo llama “puntualidad berciana”, yo, después de lo que les voy a contar, lo dejaría en “puntualidad osoriana”.)
A las nueve menos cuarto estábamos sentados en nuestras butacas pero el resto de la platea aún estaba vacío. A menos diez llegaron algunos espectadores más, habas contadas. Entre menos cinco y las nueve en punto llegó el grueso del público pero el teatro no estuvo lleno, al entrar vimos el cartel de “NO HAY BILLETES”, hasta las nueve y cinco. La obra, claro, empezó con veinte minutos de retraso.
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Sergio B. Landrove
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3.10.05
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