venres, xaneiro 12, 2007

O misterio da estrada de Sintra, una novela al director.

ARCHIVOS DE LA O.P.A.
LA PRÁCTICA DE LA IMPOSTURA.

El 23 de julio de 1870 el Diario de noticias de Lisboa publicaba una nota bajo el título Última hora con el siguiente texto:

A punto de cerrar nuestra edición, hemos recibido un escrito singular. Se trata de una carta sin firma enviada por correo a nuestra redacción. En ella se inicia una narración estupenda acerca de un horrible y misterioso suceso. El interés que despierta y su calidad literaria nos determinan a transcribir íntegro tan interesante documento, cosa que haremos mañana domingo*.

Se presentaba así un experimento literario urdido por José María Eça de Queiroz y José Duarte Ramalho Ortigão que tendría en vilo a los lisboetas durante varios meses. Los escritores decidieron hacer pasar por acaecido un crimen de su invención publicándolo en un periódico. El medio de difusión (la forma como en el caso del astrónomo turco de Le petit prince**) aportaba la credibilidad necesaria para que la historia, al más puro estilo folletinesco, adquiriese realidad a pesar de ser totalmente inverosímil. Un médico (que firma doctor X.), que es el primero en mandar la carta al director del Diario, narra como, volviendo con un amigo a Lisboa por la carretera de Sintra, les secuestran unos enmascarados que les llevan a una extraña mansión en la que les enseñan el cadáver de un hombre. Al rato aparece otro individuo –identificado por sus iniciales: A.M.C.- que se confiesa autor del crimen aunque no sabe aclarar determinados datos evidentes para los “descubridores” del cadáver. La narración se va completando con cartas de otros testigos de la misteriosa historia.


Fragmento de la primera entrega de O misterio da estrada... (Fuente de la imagen)


La trama difundida en el periódico cobra rápida fama en Portugal y además de las cartas de Eça y Ramalho, muchos lectores envían sus testimonios respondiendo a las incitaciones de los autores. Así una de las cartas del doctor X concluye diciendo:

P.S. Un detalle que puede dar alguna pista sobre la calle y el emplazamiento de esta casa: alrededor de medianoche oí pasar a dos personas, una iba tocando la guitarra y otra cantando un fado que decía:

“He escrito carta a Cupido
y en ella le preguntaba
si a un corazón ofendido…”

Del final no me acuerdo. Si alguna de esas dos personas llega a leer esta carta y pudiera acordarse de la calle por donde pasaban y de la fachada delante de la cual cantaron esta copla, creo que supondría una colaboración muy valiosa
*.

Y más adelante se incorpora una (apócrifa) Nota del Diario de noticias que dice:

En el original de la carta que publicábamos ayer había unas cuantas palabras escritas a lápiz en la que no nos fijamos hasta después de hecha la tirada del periódico. Dicen así: “La fotografía del enmascarado (NOTA DE SBL: de ella se habla en la trama de la novela al director) está hecha en casa de Enrique Núñez, en la calle de las llagas, Lisboa. Quizá allí puedan dar algún informe del individuo retratado

En el prólogo de la edición de Nostromo en 1974 dice Carmen Martín Gaite que mucha gente tardó en darse cuenta –y algunos no se la llegaron a dar- de que se trataba de una novela, hasta el punto de que, junto a las cartas apócrifas que se iban publicando y que componen la trama de la narración, se recibieron también otras, de personas de carne y hueso obsesionadas por la lectura, como la de un tal João Viegas Ferraz, quien declaraba haber visto parado cerca de Cacém un coche de caballos que bien pudiera ser el de los enmascarados que asaltaron al doctor X, y haber encontrado tirado en el suelo un objeto de oro que describía por si acaso pudiera pertenecer a alguno de los personajes envueltos en aquel misterio. También hubo gente que, recelosa de posibles emboscadas, dejó de ir a Sintra por aquellas fechas; y se corrió la voz de que el gobernador civil de Lisboa había llegado a enviar al Ayuntamiento de Sintra una orden para que se procediera a las averiguaciones policíacas (…)

El increíble poder de la prensa llevado hasta sus últimas consecuencias: al no señalar expresamente que el relato era ficción pasa por real amparado en que los diarios siempre narran verdades (nadie cree esto pero todos lo aceptamos todos los días) y, los autores, quizá sorprendidos por la repercusión de su experimento, introducen un personaje, que firma con la letra Z. y se dice amigo de A. M. C., que adopta la postura del que duda sobre el acaecimiento de los hechos y en sus argumentaciones introduce elementos para descubrir lo ficticio de la trama:

He venido siguiendo, como todo el mundo en Lisboa, las cartas insertas en su periódico y en las que ese doctor anónimo relata ese caso que ustedes han tenido a bien titular El misterio de la carretera de Sintra. Me sentí interesado en sus vicisitudes y seguí el relato con la curiosidad despreocupada que suele prestarse a un canard amañado con ingenio, a una novela (…) con que la vena fantasiosa de los folletinistas franceses y americanos vienen de cuando en cuando a reclamar la atención europea presentándoles un tema sensacional. La narración de su periódico tenía para mí la original ventaja sobre otras del mismo tipo que he leído de que ocurrieran los sucesos simultáneamente con la lectura, de que los personajes fueran anónimos y de mantener el meollo sustancial del enredo tan secretamente encubierto que ningún lector podría ser capaz de aducir pruebas contra la veracidad de este caso portentosamente novelesco que el autor ha tenido a bien lanzar en medio de la rutina y la prosa de esta sociedad sosa y honesta en que vivimos*.

Z. (conviene recordar que es un personaje de los autores) se toma desde un principio todo como una novela pero la aparición en escena de A.M.C. cuyas iniciales, ocupación y descripción coinciden con las de un amigo suyo le llevan a replantearse su postura y ver el caso como asunto acaecido. Eça y Ramalho desvelando, en parte, la técnica y los trucos usados, dotan de mayor credibilidad aún al todo. Luego continúa Z. que se ve asaetado por la triste obligación de prestar crédito –sea total o parcial- al relato de su periódico; el cebo de verosimilitud está perfectamente trabado.

La trama continúa con las cartas de otros implicados y, en otra carta posterior de Z., los autores de nuevo lanzan pistas envenenadas sobre la ficción de todo:

(…) Ya le advertí, señor director, en mi primera carta que (…) estaba decidido a desentrañar la tenebrosa historia que hace más de una semana viene apareciendo en su periódico. (…) Pero no he sido capaz de lograr mi propósito: pesquisas, interrogatorios, visitas a los sitios, todo ha resultado inútil. La historia se desvanece cada día más, perdiéndose entre una niebla que la enmascara (…) Vista la imposibilidad de descubrir mediante datos reales y por esas calles de Dios la última verdad de este caso, se me ocurrió venir a indagarla dentro de las propias cartas del médico.

Y finalmente concluye:


El misterio de la carretera de Sintra es una invención. No una mera invención literaria, como había supuesto en un principio, no; una patraña criminal que alberga designios concretos.

Z. piensa que todo son ardides, maquinaciones y pistas falsas lanzadas por el doctor X. y los demás asesinos para ocultar su crimen desviando la atención hacia otros. Z. descubre que se puede emplear un periódico para difundir una ficción y hacerla pasar por algo acaecido, es decir lo que hacen Eça y Ramalho con su novela. Como manda la tradición falsaria los autores no dejaron de afirmar la falsedad de la trama, más o menos directamente.

Es una novela al director pues a el del Diario de noticias se dirigen los diferentes capítulos y aprovecha el valor que damos a lo impreso en los periódicos para jugar con lo real (lo acaecido y lo ficticio) de una manera que no se puede hacer en una novela ordinaria. Los propios lectores viven en el “mundo ficticio” que los autores van creando carta a carta en El misterio de la carretera... Se podrían buscar ejemplos semejantes en determinadas “tramas” con las que ocupan nuestra atención los medios de comunicación pero la técnica, en su esencia, es la misma que la ensayada por los dos escritores portugueses en 1870.

NOTAS:


*Traducción de Carmen Martín Gaite. El misterio de la carretera de Sintra. (Editorial Nostromo, 1974)

**Ver aquí, en C-18, la anotación titulada La credibilidad de lo inverosímil (II).


Hay una edición reciente de la misma traducción de la novela de Editorial Acantilado.

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