martes, febreiro 21, 2006

Una espía en el dormitorio del comandante Castro, de Rodrigo Osorio.

Bierzo 7, número 1112 semana del 16 al 22 de febrero de 2006



Se celebró en la capital cubana, que todavía sigue siendo la ciudad de La Habana, un juicio contra los espías ingleses que lograron introducirse en las dependencias privadas del Presidente Castro. El proceso que se desarrolló dentro del más escrupuloso respeto a los principios de independencia e imparcialidad judicial y a los derechos fundamentales revolucionarios se inició con la lectura de la sentencia en la que se condenaba a la espía (A.L. de diez años) y a sus colaboradores a muerte por quedar probada la comisión, entre otros, de los siguientes delitos: espionaje, actividad contrarrevolucionaria, empleo indiscriminado de la lógica, conspiración para atentar contra el Presidente de la República de Cuba y fomento de la duda metódica. La jovencita fue sorprendida por el propio dictador cuando, antes de acostarse y como es su costumbre, contenía la respiración y metía barriga ante el enorme espejo que preside su dormitorio y se encontraba joven previendo, una noche más, una larga vida al comunismo caribeño encarnado en su humilde cuerpo mortal. “Al darme la vuelta para descalzarme –declaró Castro Ruz ante el tribunal- y poder descabezar un sueñecito vi el reflejo de alguien que se movía en la cabecera de mi cama, rápidamente miré hacia la mesita de noche y no vi a nadie, giré de nuevo la cabeza y allí dentro del espejo estaba esa infame niñita –el Comandante señala a la jovencita de enormes ojos marrones y pelo moreno y corto que sonríe desde el banquillo- Dudé unos instantes pues sin duda era un fenómeno paranormal que esa niña tuviera reflejo pero no existiera” Fuentes fidedignas muy próximas al dictador nos aseguran que durante aquellos primeros segundos en que reinó la sorpresa Castro creyó que se trataba de un caso de vampirismo inverso, esta explicación esotérica la relacionan varios biógrafos de don Fidel a los que hemos consultado con su formación jesuita.
“Antes de que supusiese un auténtico problema –prosiguió la víctima su declaración- decidí resolver la intromisión de la jovencita, saqué mi revolver de la cartuchera y disparé consciente ya de que no podía ser otra cosa que una conspiración del capitalismo internacional capitaneada por la CIA. La niña tras mis disparos huyó rápida hacia el fondo del espejo”. Al oír los tiros la guardia personal del Comandante acudió en su auxilio y tras una rápida persecución sobre un tablero de ajedrez dieron caza a la niña y sus colaboradores que conformaban, como demostró indudablemente el Fiscal Revolucionario Osvaldo Sergei Pérez, el comando especial “Ultreia” integrado por la mencionada señorita Alice Liddell (hija de un Catedrático de Oxford vinculado a su vez a una secretísima organización sin nombre encargada de la vaga tarea de averiguar cuáles van a ser nuestros rostros mañana), un gato de Cheshire, una morsa y un conejo blanco. Durante la persecución falleció, al caer desde lo alto de un muro al que se había subido para intentar despistar a la policía militar cubana, un huevo que, al parecer, era cabecilla de la célula terrorista que según los papeles incautados se encontraba preparando su bipartición con el fin de atentar, también, contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
Los magistrados condenaron a muerte por decapitación a la niña y sus colaboradores. Durante el interrogatorio Alice en ningún momento dejó de hacer juegos de palabras y responder con preguntas intentando desquiciar al Fiscal, señor Pérez, que fiel a su formación soviética resistió hasta el final, momento en el que confesó cierta querencia hacia la libertad de empresa por lo que fue ejecutado y luego condenado junto a los rebeldes.

2 comentarios:

R.Chao dixo...

Me ha prestado mucho. Muy irónico. Todo esto podía ser impreso en un boletín o algo así.

Sergio B. Landrove dixo...

Me alegro de que te guste.

Como escribí alguna nota más abajo este relato, antes de ser publicado en la edición de la semana pasada de Bierzo 7, había sido publicado en la hoja volandera mensual Le Rosaire de l´Aurore que algún sector de la crítica atribuye a Rodrigo Osorio y varios de sus amigos. si pinchas en algunos de los enlaces al nombre "Le Rosaire" ( http://constelacion18.blogspot.com/2005/09/le-rosaire-de-laurore.html ) descubrirás un modo de recibir en tu buzón electrónico el pasquín presuntamente humorístico.

Un abrazo.