luns, xuño 30, 2008

El cantar tiene sentido en El coloquio de los perros.


El numero de verano de la ciberrevista El coloquio de los perros acoge un articulo mío sobre el cantautor Chicho Sánchez Ferlosio. Si quieren pueden leerlo pulsando sobre su titulo:


CHICHO SÁNCHEZ FERLOSIO. (EL CANTAR TIENE SENTIDO.)




Este fin de semana estuve en Valladolid y me traje este recuerdo:






Placa en la esquina de la plaza de José Zorrilla con la calle Conde Iscar.
[Foto: Abril. Valladolid, 28 de junio de 2008.]

venres, xuño 20, 2008

El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.

¿Publicidad?

Afortunadamente hay muchos (y muy interesantes) escritores (Ramón Buenaventura, los Wu Ming o José Antonio Millán, por citar algunos) que comparten su obra sin fines comerciales a través de la internet. Y sus razones, digan lo que digan los mercaderes, son poderosas:


Todos tienen el derecho de poder hacer del arte y la narración su propio oficio, y tienen el derecho de obtener su sustento en un modo no perjudicial para su propia dignidad. Por supuesto, esto en el campo de las condiciones a anhelar.Pensar en estas dos exigencias como los extremos de un dilema insoluble es una postura conservadora. "La manta es corta", dicen los defensores del copyright tal como lo hemos conocido. La libertad de copia, para ellos, sólo puede significar "piratería", "robo" o "plagio", y de la remuneración del autor, si te he visto no me acuerdo. Cuanto más circula la obra en forma gratuita, menos copias vende, más dinero pierde el autor. Viéndolo de cerca, es un silogismo extraño.La secuencia más razonable sería: la obra circula gratis, la complacencia se transforma en boca a boca, se benefician la celebridad y la reputación del autor, y por lo tanto aumenta su espacio de maniobra dentro de la industria cultural y demás. Es un círculo virtuoso.A un autor reconocido se lo llama más frecuentemente para presentaciones (con reembolso de gastos) y conferencias (pagas); es entrevistado por los medios (gratis, pero ayuda); le proponen dictar clases (pagas), consultas (pagas), cursos de escritura creativa (pagos); tiene la posibilidad de imponer a los editores condiciones más ventajosas. ¿Cómo es que todo esto... puede perjudicar la venta de sus libros? ,

dicen los Wu Ming.

*Pueden leer la cita en su contexto pulsando aquí: Apuntes inéditos sobre el copyright y el copyleft (2005).

Acabo de recibir una muy buena noticia: Belén Gopegui, uno de mis escritores favoritos, comparte su última novela (El padre de Blancanieves, Anagrama, 2007) a través de Rebelión. Yo aún no la he leído pero se la recomiendo vivamente (al igual que cualquiera de sus anteriores novelas, especialmente La escala de los mapas; La conquista del aire y El lado frío de la almohada) aunque, si les engancha, tendrán que comprársela o ir a su biblioteca más cercana porque el ordenador no es el sitio más indicado para leer textos largos.

Puede acceder a la novela pulsando en su título:

xoves, xuño 19, 2008

La gris verdad.


«No», dijo él y era «Sí.» La pregunta es lo de menos. ¿Qué más da que ella le preguntara si tenía hora o si quiso saber si aún continuaba queriéndole como el primer día? Lo esencial era la mentira: el hecho de haber abandonado los principios que tan férreamente se había propuesto defender desde la última caída hacía... ¿sólo dos semanas? Ni siquiera. Había vuelto a fallarle. Se había vuelto a fallar. Dijo «No» y mintió, aunque no lo hizo queriendo ni para defender, como había hecho otras veces, un plan preconcebido. Fue algo instintivo, inconsciente y precisamente eso le preocupaba más: «¿habré dejado de mentir para ser la mentira?» Había dicho «No» queriendo decir «Sí» que, a la postre, era la verdad. Aunque, ¿era «Sí» la Verdad? «Habría mucho que matizar», pensó, «casi tan cierta es, en este caso concreto, la negación como su opuesta. Todo es cuestión de perspectiva. Nada es absolutamente blanco o negro: todo es gris. Hay miles, quizá millones, de matices.» Una breve sonrisa borró la seriedad que se había apoderado de su rostro. «Ahora me miento a mí mismo, ¡Lo que me faltaba! He mentido y ya está, buscar justificaciones no hace sino empeorarlo todo He mentido, no sé por qué lo he hecho pero le he fallado una vez más. He de decírselo y cuanto antes, mejor. Todo retraso supone, lo sé bien, la necesidad de seguir alimentando la mentira. No le puedo volver a fallar. Pero, ¿le he fallado? ¿Qué es fallar? ¿Ejercer la infidelidad? ¿Eso soy? ¿Un hombre infiel? Decir eso sería mentir porque “infiel” significa lo que significa...» Siguió con sus pensamientos y deducciones hasta que logró tejer una maraña de justificaciones irrefutables.
Días más tarde, pálido, incapaz de pensar en otra cosa que no fueran los pequeños detalles que daban verosimilitud a las especulaciones y con el estómago al borde de la nausea se dio cuenta: «¡Pero cómo he podido caer otra vez! Me he encastillado en mi error y eso no hace más que engordar cada vez más la bola de nieve...» Seguía pensando cómo solucionarlo todo, como introducir en su respuesta el «pero» que enlaza el «No» con el «Sí» y no se dio cuenta de que el semáforo estaba en rojo.
El conductor salió asustado y él agonizando sobre el asfalto le dijo: «No se preocupe. Apenas estaba vivo»

sábado, xuño 14, 2008

Tentaciones de Alice.


Como cada mañana, tras la rápida ducha,
bajo las escaleras hacia la realidad.
Y allí, en el descansillo, me cruzo con mi imagen
que desde el otro lado me invita a renegar
de este mundo que habito, reino del sinsentido
poblado de criaturas siervas de la maldad.
Me lo pienso (no crean) y extiendo los dos brazos
dispuesto a zambullirme there, trough the looking-glass.
Pero mi yo invertido me guiña siempre un ojo
señalando una falla del reino de cristal.

«Hay truco, no te creas», entiendo que me dice,
«no es gratis el lograr tanta felicidad.
Aquí estamos seguros, todo está planeado
no quedan jabberwockies contra los que luchar.
Tampoco las sonrisas aparecen sin gato
ni los huevos te encuestan buscando la Verdad.
Pero si entras recuerda: lasciate ogni speranza
ya jamás en tu vida volverás a silbar.»

Yo me devuelvo el guiño, desextiendo los brazos
y, claro, me conformo con lo que el día me da:
una homérica aurora, las tostadas quemadas,
mentiras en la radio, tu beso nunca igual,
el café calentito, dos o tres guerras nuevas,
la lluvia en la ventana, ¡todo por estrenar!




(Ilustraciones de John Tenniel para Trough the looking-glass, and what Alice found there, de Lewis Carroll)

sábado, xuño 07, 2008

Que ya puso el obispo... (Una canción del Rucho)

El Rucho me envió está canción en su momento pero no he podido publicarla hasta hoy. Es una suerte no ser reo de actualidades y por eso la comparto ahora. Se une a La torre de La rosaleda para formar una «lírica contraurbanística» que, según algún crítico, debería incluir un romance sobre el centro comercial. El Rucho da la callada por respuesta pero sonríe.



Que ya puso el obispo,
vecina,
los sus cimientos.
Ya regó con hisopo
de plata
el vil cemento.
Ya firmó en sucursal
de banca
el documento
por el cual se hipoteca,
ay, amiga,
para hacer templo.
Ya vendió al diablo
su alma,
al diablo Dinero,
por tener una iglesia
flamante
en barrio nuevo.






Colocación de la primera piedra de la iglesia del Buen Pastor en el barrio de La rosaleda.

Foto: Diócesis de Astorga
Ponferrada, 23 de mayo de 2008.